La gratitud es la actitud de la felicidad

La gratitud es una de las herramientas más poderosas y efectivas para aumentar nuestra sensación de bienestar. Según estudios científicos cultivar consistentemente la gratitud hace posible elevar nuestras emociones positivas hasta en un 25 por ciento.

Practicar la gratitud va más allá de decir gracias y consiste más bien en desarrollar un sentimiento profundo de agradecimiento con la vida. Tiene que ver con notar lo bueno que te pasa, lo que sí tienes, lo que sí puedes hacer y las personas que sí están contigo queriéndote, apoyándote y contribuyendo positivamente en tu vida. La gratitud permite ver la vida a través de un lente de abundancia, en lugar de un lente de escases.

En ocasiones, la gratitud también está en darte cuenta de lo que no sucedió, de lo que te salvaste, de lo que casi pasó pero no pasó.

Robert Emmons, Profesor de Psicología de UC Davis en California, explica que la definición de gratitud tiene dos elementos. El primer elemento es una afirmación de lo bueno y el segundo es una atribución.

Hacemos una afirmación de lo bueno cuando reflexionamos sobre nuestra vida en general o los momentos cotidianos y reconocemos las cosas lindas que tenemos y que nos pasan. Esto no quiere decir que la vida es perfecta o que no hay problemas y dificultades. Quiere decir que somos capaces de resaltar lo bueno. El secreto está en hacer pausas, observar y agradecer antes de seguir, como dice David Steindl-Rast en su conferencia de TED “Si quieres ser feliz, sé agradecido”. No te la pierdas.

Viajamos en este tren de vida en que todo tiene que ser grande, glamoroso, brilloso, monumental y espectacular si no, no importa. Nos han entrenado para pensar que una vida ordinaria no tiene chiste. Sin embargo, son los pequeños detalles ordinarios, como señala Brené Brown los que hacen una vida extraordinaria.

¿Pequeños detalles? Reírte hasta que te duela, enamorarte, agua caliente para bañarte, un café al despertar, un mensaje, un sueño bonito, las risas de tus hijos, nadie delante de ti en la fila del súper, una sorpresa, el olor de la tierra mojada. Pequeños detalles son también esos que más hacen falta cuando ya no los tienes. La imagen de tu papá leyendo el periódico, las llamadas de teléfono de tu mamá, los abrazos apretados y los besos pegajosos de tus hijos cuando eran chiquitos.

El segundo elemento en la definición de gratitud es una atribución y consiste en descubrir el origen de las cosas buenas que tienes y te pasan. Si te preguntas ¿De dónde vienen? en la gran mayoría de los casos encontrarás que detrás de cada una de tus bendiciones están las acciones de otras personas. Practicar la gratitud consiste también en agradecer lo que otros hacen o han hecho por ti. Lo chiquito y lo grande.

¿Cómo hacemos para incorporar la gratitud a nuestra vida? o ¿Cómo activamos la felicidad del día a través de la gratitud? Existen dos ejercicios simples y efectivos para elevar nuestra sensación de bienestar utilizando la gratitud.

Para entrenar a tu cerebro a notar lo positivo de tus días o de tu vida en general haz el ejercicio “Tres Cosas Buenas”. Cada noche antes de dormir piensa en tres cosas que te hayan hecho sentir bien, que hayas disfrutado, que te hayan hecho reír. Por ejemplo, mi hijo adolescente llegó de buen humor, recibí la llamada de una amiga, mi familia está completa, terminé mi trabajo.

Si te gusta escribir puedes comenzar un diario de gratitud. Una vez por semana escribe todo aquello de lo que te sientas agradecido, momentos agradables, experiencias positivas. Cuando escribimos recordamos y volvemos a vivir. Este diario también sirve para esos días en que piensas que nada te sale bien o que el mundo te persigue. Regresas a tu diario y encuentras la evidencia: tu vida no apesta, sólo estás teniendo un mal día.

Decíamos que el otro componente en la definición de gratitud tiene que ver con reconocer que mucho de lo bueno en tu vida es producto de las acciones de alguien más -un consejo, una enseñanza, una conexión con alguien más, un gesto con tu familia, apoyo en un momento difícil-.

Agradecer personalmente tiene un efecto positivo en ti y en la persona que recibe tu gesto de gratitud. Walter Green describe en su libro “This is the Moment” el poderoso efecto de agradecer personalmente. Además nos invita a hacerlo ahora, mientras las personas estén todavía aquí.

Haz una lista de personas que han hecho o hacen una diferencia positiva en tu vida. Escribe un mensaje o carta de agradecimiento describiendo su contribución y entrégalo –personalmente, por teléfono, mensaje de texto o simbólicamente si es que la persona ya no está-. Te sentirás mucho más feliz y en paz. Aquí te dejo el vínculo al video de Soul Pancake para que veas lo increíble que es este ejercicio. Anímate a hacerlo y regresa a contarnos cómo te fue.

Yo de paso aprovecho para agradecerte a ti por leer y compartir esta publicación.

 

La felicidad es el placer de los sabios

“El placer es la felicidad de los locos, la felicidad es el placer de los sabios” dijo el escritor novelista francés Jules D’Aurevilly. Y es que placer y felicidad no son la misma cosa. No toda la felicidad es igual y es importante conocer la diferencia. Existen la felicidad momentánea o placer y la que perdura en el tiempo.

La felicidad momentánea está asociada al placer, a sentirse bien en el instante y tiene un efecto efervescente, fugaz o de corta duración. Casi siempre es generada por un estímulo externo y más bien tiene como fin evitar el dolor o el sufrimiento.

La felicidad en el tiempo viene del interior, tiene un efecto de larga duración e incluye los momentos difíciles que nos reparte la vida. La construimos cada día y es el resultado de cultivar nuestros lazos sociales, tener un sentido de vida y propósito definido, cuidar nuestra salud, practicar la gratitud y alcanzar nuestras metas personales, entre otras cosas.

Ciertas acciones que generan placer también contribuyen a la felicidad en el tiempo. Hacer ejercicio, ayudar a otros, pasar tiempo con la gente que queremos, por ejemplo, generan una sensación placentera instantánea y además abonan a nuestro bienestar de largo plazo (mejor salud, sentido de vida, lazos sociales estrechos)

Por otro lado, algunas actividades o conductas tienen el potencial de poner en riesgo nuestra bienestar futuro. Para evadir el dolor o el sufrimiento, por ejemplo, podríamos generar placer abusando del alcohol, apostando o comprando compulsivamente. Estas acciones se sienten bien en el momento pero pueden tener un impacto negativo más adelante.

Es importante alinear lo que nos genera placer temporal con nuestra felicidad en el tiempo. Construimos nuestro bienestar futuro con momentos y experiencias cotidianas.

Vamos a concentrarnos en la felicidad del momento presente. Aunque te parezca extraño, casi siempre dejamos la felicidad para después. Para el lunes, el siguiente mes, el próximo año o cuando cierta condición se cumpla. Si te suenan conocidas frases como “Voy a ser feliz cuando me promuevan en el trabajo”, “Voy a ser feliz cuando me case”, “Voy a ser feliz cuando baje de peso”, “Voy a ser feliz cuando esté de vacaciones” es que has caído victima de la Trampa del Cuando y la felicidad siempre te queda a la vuelta de la esquina.

¿Cómo hacemos para generar o reconocer momento agradables ahorita? Lo primero es identificar las actividades que nos ayudan rápida y efectivamente a mejorar nuestra sensación de felicidad.

Piensa en lugares, personas, actividades, experiencias que te producen emociones positivas. ¿Qué te gusta hacer? ¿Qué disfrutas? Correr, pasar tiempo con tus hijos, tocar el piano, pintar, cantar, ver un atardecer, tejer, andar en bicicleta, jugar futbol, pasear al aire libre, surfear, tomar café con tus amigas, cocinar, leer, aprender algo nuevo, escuchar música, investigar, meditar. ¿Cómo te gusta pasar el tiempo libre? ¿Cómo te gustaría pasar el tiempo? ¿Qué te gustaba hacer antes de que tuvieras hijos o trabajo que saturaran tu tiempo? Escríbelas en una lista.

Ahora piensa ¿Qué tan seguido las haces? Los días se nos resbalan como arena entre los dedos mientras recorremos la lista repetitiva e infinita de lo que tenemos que hacer –trabajo de oficina, súper, tintorería, vueltas al colegio, partidos de soccer, clases de baile, citas con el dentista, revisar tareas, preparar la comida-. Los meses vuelan en automático. ¿No me crees? ¿Ya viste cuánto falta para Navidad?

Revisa la lista que escribiste de las cosas que te hacen sentir bien, saca tu agenda y genera un espacio en tu calendario para hacer una de ellas. Decide deliberadamente meter lo que disfrutas en tu agenda y empieza hoy. Aunque sea miércoles.

 

 

 

 

 

 

 

Una buena parte de nuestra felicidad depende de lo que hacemos y pensamos todos los días

La felicidad parece estar de moda. Por todos lados aparecen las palabras “felicidad” y “bienestar”. El tema es citado por comunicadores o presentado por expertos en programas de televisión, radio, conferencias, artículos de revistas y redes sociales.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) publica desde el 2012 el Reporte Mundial de la Felicidad, un resumen donde podemos conocer la felicidad promedio de 157 países, entre otras cosas.

Sin embargo, el estudio científico de la felicidad no es nuevo. Comenzó hace unos 75 años cuando grupos de investigadores en diferentes partes del mundo se dieron a la tarea de entender qué explica la felicidad de las personas y cuáles son los rasgos o características que distinguen a las personas más felices.

Sonja Lyubomirsky, académica de la Universidad de California, explica en su libro “La Ciencia de la Felicidad” la receta del Pay de la Felicidad: 50% genes, 10% condiciones de vida y 40% comportamiento.

Aproximadamente el 50% de las diferencias en la felicidad de las personas está determinado por la genética, en otras palabras, la programación que viene de fábrica. Esto quiere decir que si tuviéramos un grupo de individuos geneticamente idénticos –por ejemplo los gemelos- aún así tendrían diferentes niveles de felicidad y el 50% de estas diferencias quedaría sin explicación.

El 10% de las variaciones en la felicidad es explicado por las condiciones o circunstancias de vida –si somos ricos o pobres, si estamos casados, divorciados o solteros, si tenemos muchos estudios o no tantos, si vivimos en una ciudad grande o en una pequeña, en un mansión o en una casita, si nuestra salud es buena o regular, etc.- ¿Qué quiere decir esto? Pregunta Lyubomirsky, quiere decir que si sacáramos una varita mágica e igualáramos las condiciones de vida de las personas -misma casa, misma pareja, mismo lugar de nacimiento y mismos dolores- podríamos explicar únicamente un 10% de la diferencia en sus niveles de felicidad y un 90% quedaría en la dimensión desconocida.

Aquí empieza a ponerse interesante. Si la genética y las condiciones de vida explican sólo el 60% de las diferencias en la felicidad de las personas, ¿Qué pasa con el 40% restante? ¿Qué más determina la felicidad?

Nuestro comportamiento. Una buena parte de nuestra felicidad depende de lo que hacemos y pensamos todos los días.

Lo anterior ha llevado a la ciencia a concluir que la clave de la felicidad no está en cambiar nuestra información genética –aunque quizá en un futuro podamos hacerlo- ni en cambiar nuestras circunstancias de vida, sino en modificar nuestros hábitos y conductas diarias.

Detente un momento a pensar cómo vivimos nuestros días. Dedicamos gran parte de nuestro tiempo, energía y recursos a mejorar nuestras condiciones de vida, al 10%. Trabajamos más horas para ganar más dinero, comprar más cosas, estudiar en colegios de lujo, mejorar nuestra apariencia física y vivir en casas más grandes. En el proceso, los papás pasan mucho tiempo en la oficina y poco tiempo en casa, las mamás trabajan –en la oficina, en la casa o en los dos lugares- y manejan horas en las tardes para llevar niños a clases que no les gustan. Y a todo esto hay que sumarle el millón de eventos sociales a lo que asistimos más por cumplir que por gusto.

Somos extremadamente ineficientes en la manera en que buscamos ser felices. La fórmula de la felicidad no es universal ni unitalla. Sin embargo, la ciencia ha mostrado que las personas más felices practican la gratitud, son generosas, tienen lazos sociales sólidos, aprecian lo que tienen en lugar de fijarse en lo que les falta, son activas, optimistas y viven en el presente. En otras palabras, atienden más ese pedazo que explica el 40% de las diferencias en la felicidad y dedican menos tiempo y energía a preocuparse por ese 10%.

Aquí es necesario hacer una nota. Cuando una persona no tiene los recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas y su entorno es complicado, el peso asociado a las condiciones de vida podría ser mayor que 10%. Para generar mayor felicidad es necesario dedicar tiempo y energía a generar más ingreso, por ejemplo, para cubrir estas necesidades y aliviar la carga.

Pero si este NO es tu caso, tus necesidades básicas están cubiertas y tus condiciones de vida son cómodas, la sugerencia que te hace la ciencia para vivir más feliz es distinta. Dedica tu tiempo, energía y recursos a practicar la gratidud y la generosidad o a aprender algo nuevo, en lugar de comprarte otra bolsa, otros zapatos o algo más de ropa. El iphone 7 también puede esperar.

 

¿Conoces tu nivel promedio de felicidad?

Probablemente no.

¿Conoces tu nivel de colesterol, glucosa en la sangre o tu presión arterial? Probablemente sí. Estamos acostumbrados a medir y monitorear distintos aspectos para cuidar nuestra salud física, pero no hacemos lo mismo con la salud emocional. No dedicamos tiempo a reflexionar sobre nuestra felicidad y mucho menos a medirla. Esto no hace ningún sentido, pues si la felicidad es el “por qué” detrás de todo lo que hacemos deberíamos saber qué tan felices somos, de dónde obtenemos nuestra felicidad o por dónde se nos escapa.

Una de las recomendaciones que más escuchamos para cuidar nuestra salud física es realizarnos un chequeo médico una vez el año, que entre otras cosas, incluye análisis clínicos. Vamos en ayunas a poner el brazo y luego de unas horas el laboratorio entrega un reporte con nuestros resultados.

En este reporte identificamos nuestros niveles específicos en diferentes parámetros y vemos si se encuentran dentro del rango que delimita lo “normal”. El doctor revisa nuestros resultados y si algún indicador anda fuera del área permitida nos dice que hacer para regresarlo, sentirnos bien y funcionar como debemos.

Para cuidar nuestra salud emocional también tenemos que checar cómo andan nuestro nivel de felicidad y el grado de satisfacción que sentimos en diferentes aspectos de nuestra vida. Queremos estar en la zona donde nuestro estado emocional es positivo, sentimos alegría, tranquilidad, motivación, buen nivel de energía e interés en lo que hacemos.

Existen pruebas rápidas para medir la felicidad. Una manera muy sencilla de medir la tuya consiste en responder la siguiente pregunta:

Tomando en cuenta todos los aspectos de tu vida en general (Familia, amigos, trabajo, hobbies, salud, etc.) en una escala del 1 al 10, donde 1 es nada feliz y 10 es muy feliz, ¿Qué tan feliz te consideras?

¿Ya tienes un número en la cabeza? Estoy segura que sí. Ahora que ya tienes un indicador de tu felicidad, ¿Qué hacemos con él?. Ubicar tu nivel de felicidad te da un punto de referencia que te permite hacer dos tipos de reflexiones.

Supongamos que tu número es un 6. Ahora piensa ¿Qué tendría que pasar para que tu felicidad fuera un 7 o un 8? ¿Qué estarías haciendo? ¿Qué problema estaría resuelto? ¿Qué recursos tendrías? ¿Qué aspecto de tu vida estaría mejor? ¿Cómo pasarías tu tiempo? Hacer este ejercicio te ayuda a visualizar algunas avenidas de acción para mejorar tu felicidad.

Por otro lado, ¿Qué hacemos si tu número está en la zona baja de la escala de felicidad en un 4, por ejemplo?. La reflexión que debes hacer es la siguiente: ¿Qué estás haciendo bien y evita que seas un 2 o un 3? ¿Qué funciona? ¿Cómo puedes construir sobre lo que sí sale bien? ¿Cuál aspecto de mi vida no está funcionado óptimamente?

Además de conocer tu nivel promedio de felicidad es importante reflexionar sobre el grado de satisfacción que sientes en diferentes aspectos de tu vida o el tipo de emociones que experimentas con más frecuencia pues esto agrega información importante para tu bienestar. Después de todo, tu felicidad promedio aumenta cuando atiendes de manera individual cada uno de los aspectos específicos de tu vida, por ejemplo, tu trabajo, tus relaciones familiares, el uso de tu tiempo.

Te dejo el vínculo a la página del Centro de Psicología Positiva de la Universidad de Pensilvania, uno de los más prestigiados en el mundo, donde podrás encontrar diferentes cuestionarios para medir tu bienestar emocional. Date la vuelta por la página, responde algunas de las escalas relacionadas con la felicidad y regresa a compartirnos algo que hayas aprendido con respecto a tu felicidad.

https://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/es/home

 

 

¿Qué es la felicidad?

¿Te lo has preguntado alguna vez?

Y con esto lo que quiero lograr, en realidad, es hacerte pensar si alguna vez te has detenido a definir formalmente el concepto felicidad, así como si tuvieras que redactar una descripción precisa para un diccionario.

¿Lo has hecho?

Lo más probable es que no y no pasa nada, porque para sentir felicidad no hacen falta definiciones exactas ni escrupulosas. Todos de alguna u otra manera sabemos cómo se siente estar feliz.

Usamos la palabra felicidad para describir emociones positivas –alegría, armonía, tranquilidad, calma, paz, euforia, satisfacción- y usamos las expresiones “me siento feliz” o “soy feliz” en diferentes maneras y situaciones. Por ejemplo, si hacemos una evaluación de nuestra vida en general y concluimos que ésta va bien expresamos “soy feliz”. Algunas veces decimos “soy feliz” porque así soy yo, la felicidad es un rasgo de mi personalidad, así vengo de fábrica. También usamos la palabra felicidad para representar la emoción momentánea que detona un evento particular como “celebré mi cumpleaños con todos mis amigos, ¡qué felicidad!”. O también podemos usar este término para describir a una experiencia sensorial, “el calor del sol en mis brazos me hace sentir feliz”.

Ante la tarea de explicar el significado de felicidad con frecuencia recurrimos a cosas que nos hacen sentir felices, por ejemplo, “unos cuantos libros, unos cuantos viajes y unas cuantas chelas” o describimos estados emocionales que generan esa sensación de felicidad “estar en paz conmigo misma, hacer lo que me gusta, estar en armonía con la gente que quiero, tener salud, disfrutar el momento presente, aceptar la realidad, ponerle buena cara al mal paso”. Todo esto produce felicidad, pero no es una definición del concepto de felicidad.

Las personas no necesitamos una definición de felicidad para sentirla o saber qué nos hace felices. Pero para medirla, estudiarla y descifrarla, los investigadores y académicos sí necesitan una formalísima definición, de lo contrario andarían por el mundo explorando cada quien una cosa distinta.

Es así que la ciencia decidió ponerse de acuerdo bajo la siguiente definición: “La felicidad es el grado en que una persona evalúa la calidad de su vida en general como favorable” o es “el grado de satisfacción que una persona obtiene de sus circunstancias personales”. En la primera definición la palabra clave es “evalúa”. La felicidad desde un punto de vista académico es una percepción y es subjetiva. Incluso, el nombre científico de la felicidad es Bienestar subjetivo.

Dado que la felicidad depende del grado de satisfacción que una persona obtiene de sus circunstancias personales o de la evaluación que hace de su vida en general, la felicidad es entonces algo muy flexible y relativo. Algunas personas pueden ser felices con muy poquito y bajo condiciones de vida objetivas muy complicadas; mientras que otras, son poco felices teniendo en apariencia de bienes y privilegios casi todo lo que se puede desear. En este sentido, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la felicidad depende de la calidad del lente con que observa cada espectador.

¿Y a ti qué te dice tu lente sobre el grado de felicidad en tu vida?

Te dejo pensando en la pregunta anterior y con un ejercicio que te ayudará a explorar qué tan feliz eres:

Tomando en cuenta todos los aspectos de tu vida en general (Familia, amigos, trabajo, hobbies, salud, etc.) en una escala del 1 al 10, donde 1 es nada feliz y 10 es muy feliz, ¿Qué tan feliz te consideras y por qué?

 

 

 

Ser feliz es como tener puesto el traje de Batman

Las personas compartimos el deseo de ser felices y detrás de este deseo está el por qué de todo lo que hacemos. Esta es una razón suficiente para afirmar que la felicidad es importante, pero no es la única. La felicidad es más que una sensación placentera. Es un mecanismo que induce un estado emocional que nos da ventajas para jugar en la vida colocándonos en mejor posición de cancha y con recursos de mayor calidad.

Las hormonas que libera nuestro cerebro cuando estamos en un estado emocional positivo –dopamina, serotonina, oxitocina- abren el acceso a la zona VIP de nuestros recursos y capacidades personales. Éstos forman parte de nuestro repertorio, pero están almacenados y podemos activarlos sólo cuando nos sentimos felices, alegres, motivados o con energía. Estas sustancias químicas funcionan como un combustible de alto desempeño o como el traje de Batman que potencia la inteligencia, agilidad y funcionamiento de Bruce Wayne. Es más, podríamos pensar en Batman como la versión feliz de Bruce Wayne.

Cuando estamos bajo los efectos de estas hormonas aumenta nuestra inteligencia cognitiva. Nuestros centros de aprendizaje retienen, organizan y recuperan mejor la información. Pensamos más rápido, somos más creativos, analizamos y resolvemos problemas más complejos. Incluso, experimentos de seguimiento ocular (eye-tracking) muestran que nuestra visión periférica se expande, entonces detectamos más oportunidades y reducimos el riesgo de accidentarnos.

Nuestra inteligencia emocional también es superior cuando nuestro cuerpo está inundado de hormonas positivas. Nos comunicamos mejor, colaboramos más, sentimos empatía y confianza hacia los demás. La habilidad para conectarnos crece y la calidad de nuestras interacciones sociales también.

¿Cómo se traduce todo lo anterior en beneficios tangibles en nuestra vida diaria? La felicidad es como tener puesto el traje de Batman. Cuando nos vestimos con ella tenemos acceso a nuestros recursos de mayor calidad y funcionamos mejor en todos los ámbitos. La ciencia tiene evidencia sólida al respecto.

Las personas más felices viven en promedio más tiempo y con mejor salud pues sus sistemas inmunológicos son más resistentes. Tienen mejores interacciones sociales y redes de apoyo más sólidas. Sus probabilidades de conseguir pareja son mayores –sonríen más y esto las hace más atractivas- y una vez que la consiguen tienen mejores posibilidades de quedarse con ella. Aquí tienes una idea para tu siguiente cita: sonreír te hace más atractiva.

Los papás y mamás que además son individuos felices son mejores padres. Cuando estamos contentos, motivados y con energía nos involucramos con nuestros hijos, mostramos afecto, tenemos más paciencia, nos interesamos por sus actividades y modelamos comportamientos positivos. Generamos un ambiente de armonía y estabilidad que le viene bien a todos.

En la escuela, los niños y adolescentes más felices tienden a ser mejores estudiantes. Sus calificaciones son buenas, participan en actividades extracurriculares, tienen una buena red de amigos, sus interacciones sociales son positivas, los maestros los quieren –y les toleran más- , son mejores deportistas y se rinden menos fácilmente. Todo esto los pone en una posición de ventaja cuando llega la hora de salir a buscar trabajo pues sus credenciales son atractivas para las empresas.

Las personas felices también son mejores empleados. Llegan más temprano, faltan menos –tienen mejor salud-, trabajan mejor en equipo, atienden bien a los clientes, son más leales a la empresa, se accidentan menos, son más creativos e innovadores y venden más. Estas características son buenas noticias para las empresas pues afectan positivamente las utilidades. Por otro lado, los empleados relativamente más felices reciben mejores evaluaciones en sus reportes de desempeño, tienen mayores sueldos y son promovidos más rápido. Desarrollar la habilidad de ser feliz es una excelente idea si quieres crecer dentro de tu organización pues resalta tus competencias. Te conviene.

La ciencia prueba contundentemente que la felicidad tiene consecuencias positivas en todos los aspectos de nuestra vida. Pero si esta evidencia no es suficiente para convencerte de que ser feliz es importante, entonces recuerda los días en que te levantas cansada, enojada, deprimida y estresada. Piensa cómo funcionas y cómo te relacionas con los demás. ¿Ya? Ahora compáralos con un día en que te sientes motivada, con energía y feliz. Muy diferente. ¿Verdad?

Ser feliz es el por qué detrás de todo lo que hacemos y tiene consecuencias positivas por todos lados. Todos queremos ser felices. Pero hasta ahora no hemos dicho qué es la felicidad. ¿Te has puesto a pensar qué es la felicidad?

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Ser felices es el “por qué” detrás de todo lo que hacemos

No importa en qué momento de la historia o en qué parte del mundo nos tocó vivir, los seres humanos compartimos el deseo de sentirnos bien. En esto estamos todos juntos. Si acaso tú no quieres ser feliz por favor levanta la mano. Hay científicos buscándote.

Ser felices es el por qué detrás de todo lo que hacemos. Existe un ejercicio sencillo diseñado para reflexionar sobre la importancia de la felicidad y su papel como eje rector de nuestra existencia. Consiste en preguntar a la gente: ¿Qué es lo más importante en la vida? La respuesta más común es “ser feliz”. Algunas personas llegan a esta conclusión por la vía directa y no hay más que hacer. En cambio otras hacen escalas y dicen cosas como ser exitoso, tener una casa nueva, empezar una familia, terminar la carrera, viajar o recibir una promoción en el trabajo.

Estas respuestas hacen más divertido el ejercicio porque detonan una nueva pregunta para la persona: ¿por qué quieres alcanzar esta meta? Por ejemplo, ¿por qué quieres casarte? Sí la respuesta es “para ser feliz” el proceso termina. Sí la respuesta es algo así como “para formar una familia y estar acompañada” entonces volvemos a preguntarle ¿por qué?. Eventualmente y –suponiendo que no se harta con tantos porqués- la persona responde “para ser feliz”. Alcanzar la felicidad es la razón -consciente o inconsciente- detrás de cada sueño, misión o meta personal.

Buscar la felicidad pareciera ser una misión que traemos programada de fábrica. Ser feliz literalmente se siente bien. Las emociones como felicidad, alegría, satisfacción, placer, amor y todas las que van en este mismo cajón, producen cambios químicos en nuestro cuerpo pues hacen que el cerebro inyecte dopamina, serotonina y oxitocina. Estas son hormonas y neurotransmisores que comunican un mensaje claro: “esto se siente bien”, crean una sensación positiva que nuestro cerebro quiere repetir una y otra vez.

Entonces no sólo queremos ser felices, sino que tratamos de ser felices. Si haces una búsqueda en el sitio de Amazon con la palabra “Happiness”, en la sección de libros de auto-ayuda aparecen más de 20 mil opciones. Algunos libros revelan los secretos de la felicidad, otros mapean los caminos al ambicionado destino, varios indican los pasos para construirla. Unos libros están basados en ciencia y vale la pena leerlos si queremos encontrar ideas que funcionan para vivir más felices –puedo recomendarte algunos si estás interesado en explorar más este tema-, otros son filosóficos o están inspirados en historias personales. Pero aquí el punto es el 20 mil, este número muestra claramente que andamos buscando la felicidad hasta en las letras.

Si los libros no funcionan y estamos tristes, ansiosos, desmotivados, sin energía o con miedo por mucho tiempo, entonces vamos al médico a investigar si todo está funcionando como debe. Puede pasar que la tiroides ande floja o nos falte algún mineral y necesitemos medicina para recuperar el ánimo. Si lo físico está en orden pero seguimos decaídos, entonces vamos a terapia o consultamos a un “doctor de sentimientos” –como decimos en mi casa- que nos ayude a recuperar el bienestar emocional.

El deseo de ser felices es universal y está detrás de todo lo que hacemos. Esta ya es razón suficiente para concluir que la felicidad es muy importante. Lo increíble, además, es que la felicidad no es solamente algo que se siente bien, sino que tiene muchas y muy importantes ventajas. De estas nos ocuparemos en la siguiente publicación.

Los dejo con la siguiente reflexión. Todos tenemos sueños, aspiraciones y metas. Si hicieras una lista de las cosas que quieres o quisieras hacer, cuál sería la respuesta a la pregunta: ¿Por qué haces lo que haces o por qué quieres las cosas que quieres?

 

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Bienestar con Ciencia

Este es un espacio para explorar los caminos que conducen a la felicidad y conocer los hábitos y pequeñas acciones –científicamente probados- que podemos incorporar a nuestra rutina diaria para vivir más felices.

Me topé con la Ciencia de la Felicidad hace muchos años y desde entonces decidí andar junto a ella. Nuestra historia empezó con un proyecto de tesis y por rebeldía. Yo estudié Economía, pero llegada la hora, me resultó impensable dedicar un año a cualquier tema que sonara a balanza de pagos, tipos de cambio o tasas de interés. Entonces recordé una conversación que había tenido con uno de mis maestros sobre una teoría económica que establece que la felicidad de una persona está directamente relacionada con su ingreso. En otras palabras, más ingreso, más consumo, más necesidades satisfechas, más felicidad.

A mi esta idea nunca me convenció, la felicidad debía tener más de un ingrediente o más de un medio facilitador. Con esta inquietud y mi decisión de sacarle la vuelta a los temas aburridos –punto de vista personal- le propuse a mi asesor explorar la relación entre dinero y felicidad. Creo que él también dudaba de esa teoría pues, además de aceptar el tema, logró que el resto de los profesores del departamento lo autorizaran como proyecto de tesis. Sospecho que en el fondo todos dudaban.

Los resultados mostraron que el dinero explica un porcentaje muy pequeño de la felicidad de una persona. Con esto resolví una inquietud, pero me hice de una nueva pregunta: ¿si el dinero no explica la felicidad de una persona, entonces qué sí? Estudiar la felicidad, entenderla y explorar qué podemos hacer para vivir más felices se convirtió en una pasión.

He dedicado alrededor de 18 años de mi vida a examinar la felicidad desde el punto de vista científico, he leído a los grandes autores, convivido con expertos en el tema, he acumulado experiencia y aprendo algo nuevo constantemente. Por otro lado, me encanta comunicar, enseñar y contribuir. Y en esta intersección encuentro uno de mis propósitos de vida: compartir las herramientas y el conocimiento que nos hace llegar la ciencia para aumentar nuestra felicidad aprendiendo a disfrutar lo positivo y adquiriendo recursos para enfrentar las adversidades.

Muchas personas asumen que con todo este conocimiento debo ser una persona muy feliz. La realidad es que conocer muy bien la teoría no me libera de la práctica. No estoy exenta de situaciones difíciles, ni de incertidumbre, ni de problemas, ni de frustraciones. La vida me pone a prueba todos los días igual que a todos los demás. Pero conocer las estrategias y las herramientas sin duda facilita y agiliza el pase. Tengo recursos para notar y disfrutar lo positivo y también para defenderme de los ratos complicados. Una de las cosas más valiosas que he aprendido es que una buena parte de la felicidad depende de mí, de lo que hago y pienso todos los días a pesar del entorno y de las circunstancias.

Mi intención al escribir este blog es generar conversación alrededor de la felicidad, desbaratando mitos, respondiendo preguntas, intercambiando opiniones y aportando ideas que la ciencia ha probado que funcionan. Mi deseo es que en este espacio encuentres algo que te guste, pero sobretodo, que te inspire a hacer un cambio que te permita ser feliz durante el camino y no esperes hasta llegar al destino para alcanzar la felicidad.

PD. Dicen que el primer“Post” de un blog tiene que estar muy bien pensado y articulado. Por meses busqué inspiración en los blogs más famosos y que más me gustan, investigué técnicas de cómo debía hacerse y qué elementos necesitaba tener. Entonces redacté, taché y propuse versiones de este tan crítico primer “Post”, pero fue imposible darle gusto a todas las reglas. Entonces me acordé de un dicho que dice “mas vale hecho que perfecto” y  con este me quedé.

Y justo en esa frase “más vale hecho que perfecto” está la primera recomendación para vivir más feliz.