Cómo regalar felicidad esta navidad y no morir en el intento

Con el “Buen Fin” en México y el Black Friday en Estados Unidos arranca oficialmente la época del año en que literalmente salimos a comprar la felicidad, o en otras palabras, los regalos de navidad. Y aunque la mayoría de nosotros creemos o afirmamos que la felicidad no puede comprarse, la realidad es que nos comportamos como si efectivamente pudiéramos conseguirla en las tiendas. Para nosotros y para los demás. ¡Ah! Se me olvidaba el Cyber Monday.

Antes de atender las compras navideñas revisemos un poco lo que la ciencia ha descubierto acerca del dinero, el consumo y la felicidad. ¿Puede el dinero comprar la felicidad? En muy resumidas cuentas la respuesta es depende. Cuando el dinero no alcanza para hacer frente a las necesidades básicas –alimentos, casa, educación, vestido, salud- entonces éste es un elemento importante para vivir feliz. Pero una vez que los básicos están cubiertos, el dinero extra no necesariamente genera más felicidad.

¿Cómo explicar la incapacidad del ingreso adicional para generar más felicidad? Las comparaciones sociales, la trampa del estatus y la costumbre son sospechosos comunes.

Las comparaciones sociales son tóxicas. Cuando nuestros amigos manejan un carro promedio, podemos sentirnos a gusto con el nuestro… hasta que lo cambian por uno más lujoso. Nuestros deseos están altamente influenciados por los miembros de nuestro círculo social (familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos) Vivimos en contextos sociales determinados y constantemente nos comparamos. Y en esta comparación no es importante la cantidad absoluta de dinero, sino la cantidad relativa. Tendemos a ser más felices cuando sentimos que nuestra posición es relativamente mejor que la de los demás. Pero ojo aquí. No importa qué tan buena seas, qué tan bonita tengas tu casa, qué tan importante seas en el trabajo, que tan guapo estés o qué tan a la moda te vistas… siempre habrá alguien un puntito mejor. No hay como ganar esta. Haz un esfuerzo por no caer en el juego de las comparaciones sociales y practica la gratitud con respecto a lo que tienes. Recuerda esto sobretodo en enero que es cuando veremos todo lo que Santa le trajo a los demás.

Con frecuencia gastamos dinero en bienes que indican a los demás nuestra posición en la sociedad (botas UGG, carros de lujo, iPhone 7, etc.). Una bolsa Louis Vuitton guarda artículos personales tan bien como una bolsa común y corriente, pero la primera además confiere estatus a quien la usa. Cuando muchas personas empiezan a tener la misma bolsa, ésta pierde su función como bien de posicionamiento y ahora es simplemente una bolsa que sirve para guardar cosas, pero que costó una fortuna –que pagamos a 24 meses sin interés-. Cuando gastamos en estos bienes y nuestro estatus mejora, nuestra felicidad aumenta. Sin embargo, cuando el resto de la gente se empareja el resultado inevitable es que nuestra posición social relativa permanece, pero en el camino gastamos el dinero adicional. Caemos en esta trampa de buscar nuestra felicidad a través de mejorar nuestro estatus social y posición relativa adquiriendo más bienes materiales.

La costumbre también explica por qué más dinero no siempre se traduce en más felicidad. Gastamos dinero en objetos a los que nos habituamos rápidamente (zapatos, ropa de marca, joyas, casas, etc.). Éstos nos dan satisfacción cuando recién los adquirimos, pero a medida que los usamos su efecto en la felicidad se diluye. Nos acostumbramos. El auto nuevo huele a nuevo solamente los primeros meses.

Entonces, ¿Cómo podemos gastar nuestro dinero esta navidad y siempre de manera que produzca una mayor y más duradera felicidad?

Gasta tu dinero en experiencias. El dinero tiene un efecto más permanente en la felicidad cuando lo gastamos en experiencias, por ejemplo, un viaje, salir a cenar, aprender algo nuevo, ir al estadio, un concierto, libros que leer. Regala o gasta en una experiencia que involucre hacer más que tener. Cuando la gente evalúa sus compras valora más las experiencias. Las risas, anécdotas y emociones se vuelven a vivir cuando las recordamos, platicamos o vemos las fotos.

Gasta tu dinero en experiencias que además puedas compartir con alguien más. Recuerda que los lazos sociales son el ingrediente fundamental de nuestra felicidad. Aquí tienes la oportunidad de matar dos pájaros de un tiro. Tomar una una clase sola es menos gratificante que tomarla con una amiga, por ejemplo. Ir a un concierto es más divertido si vas acompañada. Regala un paseo, una comida, una clase.

Regala tiempo. Hace un par de semanas mi hermano, que tiene un bebé de pocos meses, nos dijo cuando estábamos organizando el intercambio familiar: “a mi regálenme una noche de 8 horas de dormir sin interrupciones, una comida donde pueda estar sentado de principio a fin o una ida al cine con mi esposa”. ¿A quién puedes regalarle tiempo para que haga algo divertido con él?

Existe una manera para comprar más felicidad y es gastando el dinero adicional en otros. De acuerdo con los investigadores Elizabeth Dunn y Michael Norton, una de las maneras más gratificantes de usar el dinero es invirtiéndolo en los demás, por ejemplo, donando dinero a fundaciones que apoyan a personas en situaciones difíciles.

Finalmente, si tienes dinero extra paga deudas. La ciencia y, el sentido común, dicen que nos sentimos más tranquilos cuando no tenemos compromisos económicos pendientes.

Recuerda evitar las comparaciones sociales y caer en la trampa del estatus, deja de gastar dinero en cosas materiales a las que te acostumbras rápidamente y más bien gástalo en experiencias o inviértelo en los demás. Siguiendo estas recomendaciones podrás regalar a los demás y a ti mismo una felicidad de efecto más prologando esta navidad y no morir en el intento.

 

Lazos sociales: La mejor inversión para una vida sana y feliz

Para ser feliz no hay nada más esencial que nuestros lazos sociales. Si tuvieras que elegir solamente un elemento sobre el cual apalancar tu felicidad tendría que tener forma de persona. Las relaciones interpersonales son el pilar de nuestro bienestar.

La fortaleza de tus conexiones sociales –con amigos, familiares, vecinos, compañeros de trabajo, etc.- está estrechamente ligada a tu felicidad de largo plazo. La gente que tiene lazos personales sólidos es menos propensa a experimentar tristeza, soledad, depresión, baja autoestima, duerme mejor, tiene mejor salud y vive más tiempo.

Hace unos 75 años arrancó en la Universidad de Harvard el estudio más largo que se ha hecho para entender qué nos mantiene sanos y felices a lo largo del tiempo. Desde 1938 han seguido y explorado con detalle la vida de alrededor de 700 hombres. Éstos fueron divididos en dos grupos. En el primero estaban jóvenes estudiantes de Harvard provenientes de familias privilegiadas y con futuros prometedores. Mientras que el segundo grupo estaba formado por chavos de los barrios más pobres y marginados de Boston con situaciones de vida complicadas y expectativas inciertas. Todos ellos fueron y siguen siendo sometidos a entrevistas, encuestas de bienestar y todo tipo de exámenes médicos. Además se han registrado los eventos más destacados o trascendentes en sus vidas.

Como se imaginarán, a lo largo de 75 años pasaron muchas historias. Algunos jóvenes se convirtieron en abogados, otros en médicos, algunos se hicieron muy ricos o muy pobres. Uno de ellos, John F. Kennedy, se convirtió en Presidente de Estados Unidos. Algunos tuvieron problemas con el alcohol o sufrieron a causa de enfermedades mentales. Algunos se casaron, tuvieron hijos, otros se divorciaron, unos murieron. Los que aún viven andan ya por los 90 años.

¿Qué nos mantiene sanos y felices a lo largo de la vida? No es la fama, ni el dinero, ni el poder. Según los hallazgos del estudio, la decisión más importante que podemos tomar en términos de nuestra salud y felicidad es invertir en nuestros lazos sociales. Hacer un esfuerzo deliberado por estrechar y nutrir nuestras conexiones personales es la inversión con el mayor retorno en felicidad. Robert Waldinger, actual director del estudio, hace un resumen de los resultados más impactantes en su conferencia de TED. Vale mucho la pena verla.

Tener tanta ciencia aportando evidencia contundente sobre la importancia de nuestros lazos sociales para ser felices está súper. Pero este es uno de esos temas que en realidad no necesita de pruebas científicas para convencernos de su importancia. La vida nos enseña cada día que nuestros momentos más plenos, felices, emocionantes, gratificantes, inspiradores, tristes, dolorosos, miserables o escalofriantes tienen que ver con otras personas.

Cuando alguien importante no está presente, cuando un ser querido se va para siempre o cuando ese alguien especial decide seguir su camino sin nosotros, sentimos que nos ahogamos en dolor, tristeza y ansiedad. Nuestra felicidad recibe un knockout. Casi nada puede rellenar el agujero que produce la ausencia de un ser querido. En cambio, cuando tenemos cerca a nuestras personas favoritas lo demás… es lo de menos. Todo tiene remedio cuando nos sentimos completos y acompañados. Disfrutamos más lo bueno que nos pasa cuando podemos compartirlo con alguien más. ¿O no?

Este tema da para mucho y seguiremos hablando de relaciones interpersonales en siguientes publicaciones. Pero entre ésta y la siguiente te invito a hacer un ejercicio muy sencillo para fortalecer tus conexiones sociales.

Revisa la lista de contactos en tu celular y elige una persona. Escríbele un mensaje breve -como un Tweet de no más de 140 caracteres- donde le expreses agradecimiento, admiración o simplemente cariño. Manda el mensaje y regresa a contarnos cómo te fue. En especial si, inmediatamente después de recibir tu mensaje, esa persona te llama para preguntarte: ¿Todo bien? ¿Te pasó algo? ¿Qué tienes? Aquí te dejo un video para que te inspires.

Si quieres hacer de este ejercicio un hábito, programa una alarma semanal en el calendario de tu teléfono que te recuerde escribir y mandar un mensaje lindo a alguien más. Se siente bien. Ya verás.

 

 

 

“La generosidad es el único egoísmo legítimo”

Una persona muy generosa y querida para mi, con frecuencia citaba la frase de Mario Benedetti que está en el título y luego agregaba “es imposible no sentirte bien y feliz luego de ayudar a alguien”. Siempre tuvo razón.

La generosidad y la felicidad van de la mano. Cuando practicamos la generosidad y contribuimos positivamente en la vida de alguien más nuestra sensación de bienestar aumenta.

Practicar la generosidad tiene un montón de beneficios y nos induce a un estado emocional positivo. Ser generoso literalmente se siente bien. Cuando ayudamos a otra persona se activa en nuestro cerebro la misma zona que cuando hacemos algo para nosotros mismos, por ejemplo comprar ese algo que hace tiempo queríamos, comer nuestro chocolate favorito o recibir un beso de alguien importante. Nuestro cerebro asocia los actos de generosidad con placer, conexión y confianza.

Practicar la generosidad mejora la percepción que tenemos de nosotros mismos. Ayudando a otros nos sentimos útiles y crece nuestra confianza con respecto a lo que sabemos y podemos hacer. Pero también nos distraemos de nuestros problemas; al ser generosos quitamos el énfasis en nosotros mismos y cambiamos “yo” por “nosotros”. En otras palabras contribuir positivamente en la vida de los demás da sentido a nuestras propias vidas.

La generosidad debería empezar en casa. Promoverla entre nuestros seres queridos se traduce en cosas buenas para nuestros hijos. Según estudios, niños y adolescentes que crecen en ambientes donde se practica la generosidad tienen menos embarazos no deseados, son menos propensos a abusar de sustancias como drogas o alcohol y tienen menos índices de suicidio.

¿Cómo podemos practicar la generosidad?

Da a las personas con quienes coincides un micro momento de amor, compasión o calidéz. Extraños, vecinos, el cartero, la niña que empaca las bolsas en el súper, el personal de limpieza en cualquier lugar, el guardia de la puerta, tus hijos, tus papás. Conecta con un saludo, con una sonrisa, con un gesto que trasmita que sabes que están ahí. Dice Maya Angelou que “Las personas olvidarán lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca olvidarán cómo las hiciste sentir”.

Atiende las cosas simples. Detecta oportunidades para hacer una pequeña diferencia. Lava los platos el domingo en la mañana, acompaña a un amigo al doctor, cede el paso cuando manejas, acércate a preguntarle a alguien ¿cómo estas?, dale de comer a un animal callejero, recoge el papel de basura tirado en el parque, saluda. Cuando realizas una acto de generosidad inicias una cadena de cosas buenas ya que promueves que la persona que lo recibe a su vez ayude a alguien más. Hay un dicho anónimo que dice “Es difícil regalar la generosidad porque siempre regresa”. Aquí te dejo el vínculo a un video lindo e inspirador.

Una parte importante de las cosas buenas que me han pasado en lo profesional tienen su origen en la generosidad de una persona. Un pequeño detalle de su parte hizo toda la diferencia para mi, pues gracias a él pude estudiar la maestria. Su gesto de generosidad consistió en atenderme durante su hora de comida, aunque él no tuviera nada que ver con los procesos de asignaciones de becas. Se me hizo tarde por tráfico en la carretera y cuando llegué a las oficinas de Conacyt justo habían cerrado. Desde su escritorio en el fondo me hizo señas para que entrara –yo creo que se compadeció de mi cara de angustia-, escuchó mi historia mientras mordía su sandwich y me dijo: “yo no tengo nada que ver con esto, pero explica en este papel lo que me estás contando y yo se lo doy a la persona que venías a ver”. Me dió una hoja blanca y una pluma Bic azul. Ahí sin mucha esperanza escribí lo que necesitaba y me fui pensando que se me había escapado la oportunidad de estudiar fuera de México. Un par de semanas después recibí una llamada donde me avisaban que me daban la beca. Una cadena de pequeños actos de generosidad.

Para ser generoso no necesariamente tienes que regalar o donar dinero. Puedes ser generoso con tu tiempo, con tu presencia y atención, con tus palabras, con tus conocimientos, con tu mirada, con tu sonrisa. No tienes que ir hasta África para arreglar el tema del ébola. Recuerda que estás rodeada de oportunidades para contribuir en pequeño. Ayuda desde donde estás, en el momento que estás, con los recursos que tienes y con la gente a tu alrededor.

Recuerda… “es imposible no sentirte bien y feliz luego de ayudar a alguien”.

 

¿Qué hacer cuando sentir gratitud es difícil?

Me preguntó una lectora la semana pasada luego de publicar el artículo La gratitud es la actitud de la felicidad.

“Me gustaría saber cómo practicar la gratitud cuando tienes un evento negativo en primer plano –en mi caso dolor- , que predomina sobre todo lo demás y no te deja ver lo positivo”

Sentir gratitud y felicidad es fácil cuando todo va bien. Es algo así como ser mamá. Lindo y gratificante si tu creatura se despide de ti con un beso tronado, un abrazo apretado y un “te quiero mucho” cuando la dejas en el colegio, pero no tanto cuando se baja del carro aventando la puerta y gritando a todo pulmón que “eres la peor mamá del mundo” por decirle que no puede tener un caballo en su recámara, aunque técnicamente si quepa.

¿Cómo sentir gratitud si una de tus personas favoritas tiene una enfermedad crónica o terminal? ¿Cómo sentir gratitud después de un accidente, un secuestro o luego de perder el trabajo? ¿Cómo sentir felicidad si tu hijo adolescente tiene un problema de adicción? ¿O cuándo alguien querido muere? ¿Qué hacer con los conflictos y las rupturas familiares? ¿Qué si el dinero no alcanza? ¿Cómo ver el lado positivo si tienes depresión y ansiedad? ¿Y qué cuando es todo al mismo tiempo?

Hay un diferencia importante entre sentir y practicar gratitud. En los días pesados y en las épocas más espinosas es difícil sentir gratitud pero es justo cuando más útil es practicarla. En tiempos de desastre una actitud de gratitud no sólo ayuda, sino que es esencial. Robert Emmons explica que la gratitud es una decisión, una actitud que resiste el flujo de las altas y bajas en la vida. Es una perspectiva desde la cual podemos ver la vida en su totalidad y no sentirnos abrumados por circunstancias temporales -puedes leer su artículo aquí-.

La gratitud tiene muchos beneficios. Entre otras cosas, funciona como antídoto contra las emociones difíciles, mejora la salud y estrecha nuestros lazos sociales.

¿Qué hacer entonces para practicar la gratitud ante eventos o temporadas difíciles? Existen muchos ejercicios sencillos y efectivos. Aquí vamos describir brevemente algunas ideas. Pero si quieres leer con más detalle o explorar más opciones sigue este vínculo.

Acuérdate de lo malo. Piensa en los peores momentos de tu vida, eventos traumáticos, pérdidas, enfermedades, etc. Ahora date cuenta que ya NO estás ahí. Quiere decir que lo superaste. Lograste recuperarte de la muerte de tu madre o de tu hija, saliste adelante después de tu divorcio, abandonaste una relación abusiva, encontraste otro trabajo y pagaste tus deudas. Hoy estás aquí.

Piensa en muy pequeño. Si estás de mal humor, triste o tienes dolor físico crónico y te cuesta trabajo sentir gratitud tómate un momento para mirar a tu alrededor. Encuentra una o dos cosas que te hagan sentir bien con respecto a la vida que tienes. Un colibrí afuera de la ventana, un mensaje de texto, una comida rica, una foto de un viaje o las papas que están creciendo en tu jardinera. Notar los pequeños detalles fomenta la sensación de gratitud.

Recurre a la básica. Mis estudiantes y yo empezamos cada clase escribiendo tres cosas buenas que nos hayan pasado en los últimos días y compartimos una con el resto del grupo. A veces sucede que alguien se queda pensativo mirando el papel y lo deja en blanco. Cuando llega su turno dice algo parecido a “todo me ha salido mal, no puedo pensar en nada bueno”. Esto se vale. Hay días o cadenas de días que preferiríamos brincarnos. Cuando esto pasa recurrimos a la básica. Todos jalamos aire. Inhalamos y exhalamos profundamente una vez. ¿Qué significa esto? Quiere decir que estamos vimos y que estamos juntos.

La básica –respirar- te ayuda a recordar que estas aquí, que tienes este momento. Y ya esto es un motivo para sentirte agradecido.

Incluso si hoy te despertaste con la noticia de un nuevo vecino indeseable en el barrio.

La gratitud es la actitud de la felicidad

La gratitud es una de las herramientas más poderosas y efectivas para aumentar nuestra sensación de bienestar. Según estudios científicos cultivar consistentemente la gratitud hace posible elevar nuestras emociones positivas hasta en un 25 por ciento.

Practicar la gratitud va más allá de decir gracias y consiste más bien en desarrollar un sentimiento profundo de agradecimiento con la vida. Tiene que ver con notar lo bueno que te pasa, lo que sí tienes, lo que sí puedes hacer y las personas que sí están contigo queriéndote, apoyándote y contribuyendo positivamente en tu vida. La gratitud permite ver la vida a través de un lente de abundancia, en lugar de un lente de escases.

En ocasiones, la gratitud también está en darte cuenta de lo que no sucedió, de lo que te salvaste, de lo que casi pasó pero no pasó.

Robert Emmons, Profesor de Psicología de UC Davis en California, explica que la definición de gratitud tiene dos elementos. El primer elemento es una afirmación de lo bueno y el segundo es una atribución.

Hacemos una afirmación de lo bueno cuando reflexionamos sobre nuestra vida en general o los momentos cotidianos y reconocemos las cosas lindas que tenemos y que nos pasan. Esto no quiere decir que la vida es perfecta o que no hay problemas y dificultades. Quiere decir que somos capaces de resaltar lo bueno. El secreto está en hacer pausas, observar y agradecer antes de seguir, como dice David Steindl-Rast en su conferencia de TED “Si quieres ser feliz, sé agradecido”. No te la pierdas.

Viajamos en este tren de vida en que todo tiene que ser grande, glamoroso, brilloso, monumental y espectacular si no, no importa. Nos han entrenado para pensar que una vida ordinaria no tiene chiste. Sin embargo, son los pequeños detalles ordinarios, como señala Brené Brown los que hacen una vida extraordinaria.

¿Pequeños detalles? Reírte hasta que te duela, enamorarte, agua caliente para bañarte, un café al despertar, un mensaje, un sueño bonito, las risas de tus hijos, nadie delante de ti en la fila del súper, una sorpresa, el olor de la tierra mojada. Pequeños detalles son también esos que más hacen falta cuando ya no los tienes. La imagen de tu papá leyendo el periódico, las llamadas de teléfono de tu mamá, los abrazos apretados y los besos pegajosos de tus hijos cuando eran chiquitos.

El segundo elemento en la definición de gratitud es una atribución y consiste en descubrir el origen de las cosas buenas que tienes y te pasan. Si te preguntas ¿De dónde vienen? en la gran mayoría de los casos encontrarás que detrás de cada una de tus bendiciones están las acciones de otras personas. Practicar la gratitud consiste también en agradecer lo que otros hacen o han hecho por ti. Lo chiquito y lo grande.

¿Cómo hacemos para incorporar la gratitud a nuestra vida? o ¿Cómo activamos la felicidad del día a través de la gratitud? Existen dos ejercicios simples y efectivos para elevar nuestra sensación de bienestar utilizando la gratitud.

Para entrenar a tu cerebro a notar lo positivo de tus días o de tu vida en general haz el ejercicio “Tres Cosas Buenas”. Cada noche antes de dormir piensa en tres cosas que te hayan hecho sentir bien, que hayas disfrutado, que te hayan hecho reír. Por ejemplo, mi hijo adolescente llegó de buen humor, recibí la llamada de una amiga, mi familia está completa, terminé mi trabajo.

Si te gusta escribir puedes comenzar un diario de gratitud. Una vez por semana escribe todo aquello de lo que te sientas agradecido, momentos agradables, experiencias positivas. Cuando escribimos recordamos y volvemos a vivir. Este diario también sirve para esos días en que piensas que nada te sale bien o que el mundo te persigue. Regresas a tu diario y encuentras la evidencia: tu vida no apesta, sólo estás teniendo un mal día.

Decíamos que el otro componente en la definición de gratitud tiene que ver con reconocer que mucho de lo bueno en tu vida es producto de las acciones de alguien más -un consejo, una enseñanza, una conexión con alguien más, un gesto con tu familia, apoyo en un momento difícil-.

Agradecer personalmente tiene un efecto positivo en ti y en la persona que recibe tu gesto de gratitud. Walter Green describe en su libro “This is the Moment” el poderoso efecto de agradecer personalmente. Además nos invita a hacerlo ahora, mientras las personas estén todavía aquí.

Haz una lista de personas que han hecho o hacen una diferencia positiva en tu vida. Escribe un mensaje o carta de agradecimiento describiendo su contribución y entrégalo –personalmente, por teléfono, mensaje de texto o simbólicamente si es que la persona ya no está-. Te sentirás mucho más feliz y en paz. Aquí te dejo el vínculo al video de Soul Pancake para que veas lo increíble que es este ejercicio. Anímate a hacerlo y regresa a contarnos cómo te fue.

Yo de paso aprovecho para agradecerte a ti por leer y compartir esta publicación.