Una buena parte de nuestra felicidad depende de lo que hacemos y pensamos todos los días

La felicidad parece estar de moda. Por todos lados aparecen las palabras “felicidad” y “bienestar”. El tema es citado por comunicadores o presentado por expertos en programas de televisión, radio, conferencias, artículos de revistas y redes sociales.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) publica desde el 2012 el Reporte Mundial de la Felicidad, un resumen donde podemos conocer la felicidad promedio de 157 países, entre otras cosas.

Sin embargo, el estudio científico de la felicidad no es nuevo. Comenzó hace unos 75 años cuando grupos de investigadores en diferentes partes del mundo se dieron a la tarea de entender qué explica la felicidad de las personas y cuáles son los rasgos o características que distinguen a las personas más felices.

Sonja Lyubomirsky, académica de la Universidad de California, explica en su libro “La Ciencia de la Felicidad” la receta del Pay de la Felicidad: 50% genes, 10% condiciones de vida y 40% comportamiento.

Aproximadamente el 50% de las diferencias en la felicidad de las personas está determinado por la genética, en otras palabras, la programación que viene de fábrica. Esto quiere decir que si tuviéramos un grupo de individuos geneticamente idénticos –por ejemplo los gemelos- aún así tendrían diferentes niveles de felicidad y el 50% de estas diferencias quedaría sin explicación.

El 10% de las variaciones en la felicidad es explicado por las condiciones o circunstancias de vida –si somos ricos o pobres, si estamos casados, divorciados o solteros, si tenemos muchos estudios o no tantos, si vivimos en una ciudad grande o en una pequeña, en un mansión o en una casita, si nuestra salud es buena o regular, etc.- ¿Qué quiere decir esto? Pregunta Lyubomirsky, quiere decir que si sacáramos una varita mágica e igualáramos las condiciones de vida de las personas -misma casa, misma pareja, mismo lugar de nacimiento y mismos dolores- podríamos explicar únicamente un 10% de la diferencia en sus niveles de felicidad y un 90% quedaría en la dimensión desconocida.

Aquí empieza a ponerse interesante. Si la genética y las condiciones de vida explican sólo el 60% de las diferencias en la felicidad de las personas, ¿Qué pasa con el 40% restante? ¿Qué más determina la felicidad?

Nuestro comportamiento. Una buena parte de nuestra felicidad depende de lo que hacemos y pensamos todos los días.

Lo anterior ha llevado a la ciencia a concluir que la clave de la felicidad no está en cambiar nuestra información genética –aunque quizá en un futuro podamos hacerlo- ni en cambiar nuestras circunstancias de vida, sino en modificar nuestros hábitos y conductas diarias.

Detente un momento a pensar cómo vivimos nuestros días. Dedicamos gran parte de nuestro tiempo, energía y recursos a mejorar nuestras condiciones de vida, al 10%. Trabajamos más horas para ganar más dinero, comprar más cosas, estudiar en colegios de lujo, mejorar nuestra apariencia física y vivir en casas más grandes. En el proceso, los papás pasan mucho tiempo en la oficina y poco tiempo en casa, las mamás trabajan –en la oficina, en la casa o en los dos lugares- y manejan horas en las tardes para llevar niños a clases que no les gustan. Y a todo esto hay que sumarle el millón de eventos sociales a lo que asistimos más por cumplir que por gusto.

Somos extremadamente ineficientes en la manera en que buscamos ser felices. La fórmula de la felicidad no es universal ni unitalla. Sin embargo, la ciencia ha mostrado que las personas más felices practican la gratitud, son generosas, tienen lazos sociales sólidos, aprecian lo que tienen en lugar de fijarse en lo que les falta, son activas, optimistas y viven en el presente. En otras palabras, atienden más ese pedazo que explica el 40% de las diferencias en la felicidad y dedican menos tiempo y energía a preocuparse por ese 10%.

Aquí es necesario hacer una nota. Cuando una persona no tiene los recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas y su entorno es complicado, el peso asociado a las condiciones de vida podría ser mayor que 10%. Para generar mayor felicidad es necesario dedicar tiempo y energía a generar más ingreso, por ejemplo, para cubrir estas necesidades y aliviar la carga.

Pero si este NO es tu caso, tus necesidades básicas están cubiertas y tus condiciones de vida son cómodas, la sugerencia que te hace la ciencia para vivir más feliz es distinta. Dedica tu tiempo, energía y recursos a practicar la gratidud y la generosidad o a aprender algo nuevo, en lugar de comprarte otra bolsa, otros zapatos o algo más de ropa. El iphone 7 también puede esperar.

 

18 thoughts on “Una buena parte de nuestra felicidad depende de lo que hacemos y pensamos todos los días

  1. Qué interesante, apoyo a caritas de Mty, así que leyendo el articulo y sobre todo la conclusión, pondré está frase ” si quieres ser feliz práctica la generosifad”

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  2. Pienso que nuestra herencia genética, nos determina los primeros años de nuestra vida, sin embargo en la medida que nuestra conciencia despierta, esta herencia, deja de ser determinante y se puede modificar. Ese 50% debe de poder ser maleable. Y concuerdo, que tus pensamientos y acciones son determinantes para ello. Lo externo tiene peso; y aún así hay pobres y enfermos, que son felices, así como, prósperos y sanos, que son miserables.
    Quiero pensar que entonces, ni la herencia, ni el externo, son determinantes… No quiero ir por la vida culpando al 50% y 10% que me tocó… Y quedarme con posibilidades de ser medio feliz. Si la materia, no muere, solo se transforma… Creo que todo lo demás también debe de poder transformarse… Me declaro 100% responsable de mi felicidad, así como un ser capaz de transformar tanto mis aspectos internos, como externos.
    En metafísica hay una Ley, que la llamo “El Espejo” y habla de la correspondencia de lo que hay afuera, con lo que hay adentro. Si hay miseria externa, es porque hay miseria interna. Si mi entorno es feliz, seguramente es porque yo contribuyo.
    En la medida que yo tomo la responsabilidad de mi felicidad, puedo entonces, romper mis cadenas internas y externas. Y si mi herencia estuvo muy limitada, tal vez, lo que herede a mis hijos y al mundo sea mucho mejor. Y espero que sea un 100% completamente transformado!
    Después de todo, lo malo, no es más que la ausencia de lo bueno. Es cuestión de llenar el hueco.

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    1. Susi,

      Efectivamente ese 50% asociado a la genética podría ser modificado. Por un lado, nuestro cerebro tiene una característica que se llama neuroplasticidad que le permite desarrollar nuevas conexiones neuronales y aprender cosas diferentes. Con esto podemos alterar la programación que viene de fábrica. Por otro lado, tener cierta predisposición genética, por ejemplo, a desarrollar ciertas enfermedades, no necesariamente quiere decir que vamos a desarrollarlas. Y lo mismo sucede con la felicidad.

      Al igual que tú, a mi me gusta la idea de hacerme responsable de mi felicidad y trabajar con las cosas que puedo controlar!

      Gracias por tu comentario tan rico y detallado.

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    1. A eso yo le llamo “ser dueño de un alma triste” y es algo con lo que toda mi vida he tenido que luchar en una parte de mi familia. Me cansé de ver a gente muy cercana desperdiciando su vida mientras decía que era así porque había heredado esos genes, lo peor es que esas personas nunca se dieron cuenta del impacto que generaban en otras que eran material y emocionalmente dependientes de ellas, nunca asumieron la responsabilidad de estar influyendo negativamente en personas que en ese momento de sus vidas necesitaban de mensajes positivos para entender la vida como una oportunidad y no una amenaza.

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  3. Hay que sacarle el mayor provecho al tiempo, en lugar de quejarnos o sentirnos mal de nosotros mimsmo debemos tomar acciones, salir a hacer lo que nos gusta y practicar la generosidad y la gratitud.

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  4. Uno debería ocuparse sólo de lo que se puede ocupar y dejar que el resto fluya como tiene que fluir.

    En el reconocimiento de lo que nos hace felices, rápidamente entendemos que nuestra felicidad puede estar en nuestras manos y que, de los factores que la determinan, muchos de ellos ya los practicamos y en gran medida los tenemos bajo control. No entender lo que nos hace felices y cómo nos hace felices, impide que podamos incorporar el efecto de placer y bienestar momentáneo que estos factores nos producen en el largo plazo, es decir, reconocer conscientemente que lo que hacemos aporta a nuestra felicidad nos permite beneficiarnos de sus efectos de manera permanente.

    Revisemos nuestros actos de gratitud y veremos que hemos sido mucho más agradecidos de lo que creíamos, revisemos nuestras actividades sociales y seguro veremos que tenemos mucho más amigos y personas que nos agradan que las que creíamos, actividades de interés colectivo existen muchas y están mucho más a la mano de lo que creemos, la actividad física tiene muchas variantes y seguramente más de una se adapta perfectamente a nosotros.

    Dicho esto me atrevo a afirmar que el ser felices depende menos de lo que debemos empezar a hacer hoy y más de re reconocer lo que ya hacemos, en otras palabras, hacernos conscientes de nuestra propia felicidad es probable el mayor paso hacia el ser felices.

    Te felicito Nicole por estos aportes, gracias por compartir tu conocimiento e ideas.

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  5. Gracias por tu comentario Felipe.

    Tenemos que pasar por el ejercicio de reflexionar qué cosas, lugares, personas, actividades, nos hacen felices en lo personal para integrarlas deliberadamente a nuestra rutina y generar felicidad de corto plazo, que la final construye la de largo plazo. La siguiente publicación será justo sobre este tema.

    Me parece muy valioso esto que dices de reconocer las cosas que ya tenemos y que ya hacemos bien. Casi siempre ponemos la atención en lo que nos falta, no hacemos, etc. y esto genera insatisfacción y sensación de escasez. Estoy de acuerdo que una manera eficiente de sentirnos felices es reconociendo que ya somos y que ya tenemos avanzada una parte del camino.

    Gracias a ti por tus comentarios a estos artículos.

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  6. Muy interesante , confirma mi pensamiento.El dar gracias , dar tu tiempo, hacer lo que te gusta o conocer algo que te interesa , hace que tu mente , espíritu y cuerpo se pongan en marcha, hacia un espiral ascendente que te conecta contigo mismo y a la vez crea lazos con tu entorno y se crea un círculo virtuoso que te lleva a apreciar y experimentar felicidad!

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