Corregir sin avergonzar: Separa el error de la persona

Imagina dos reuniones de retroalimentación distintas sobre el mismo problema. En la primera, una líder le dice a su colaborador: «Eres muy desordenado». En la segunda, otra líder le comenta a la suya: «Esta entrega llegó sin los archivos adjuntos». Ambas señalan el mismo error, pero solo una le ofrece a la persona un camino claro para actuar.

Brené Brown dedica buena parte de Daring Greatly a esa diferencia. El libro aborda la vulnerabilidad, pero también profundiza en cómo nos comunicamos cuando algo sale mal. Para cualquier persona en un rol de liderazgo, esa distinción tiene un peso enorme.

Culpa vs Vergüenza

Vale la pena detenernos un momento en la palabra «vergüenza». En español la usamos para nombrar dos cosas muy distintas. Por un lado, describe la incomodidad pasajera de tropezar en la calle o de derramar el café en plena junta frente al equipo. Por el otro, nombra una herida más profunda: la sensación de no ser suficiente o de no valer lo suficiente. El inglés distingue entre ambas experiencias: embarrassment y shame. Para efectos de esta reflexión, cuando me refiera a «shame», usaré «vergüenza profunda».

Brown traza una línea clara entre dos vivencias que solemos confundir. La culpa dice: «Hice algo mal». La vergüenza profunda dice: «Hay algo malo en mí».

La culpa se centra en la conducta. Un comportamiento se puede corregir, reparar o cambiar para la próxima vez. La vergüenza profunda, en cambio, ataca la identidad, y sobre quién eres no hay mucho margen de maniobra un martes por la tarde en la oficina.

Llevar esa diferencia a las conversaciones de trabajo transforma el liderazgo. Decir «eres muy desordenado» descalifica a la persona. Señalar «esta entrega llegó sin los archivos adjuntos» describe lo que ocurrió. La segunda opción muestra con precisión qué requiere ajuste y le permite al colaborador ponerse manos a la obra.

El costo de la vergüenza profunda en los equipos

Según Brown, la principal amenaza para la creatividad, la innovación y el aprendizaje en escuelas y organizaciones es la desconexión. La explica como un mecanismo de autoprotección: toda persona tiene un límite de vergüenza antes de replegarse.

En el día a día de un equipo, la desconexión se manifiesta con claridad: disminuyen las preguntas, se dejan de compartir ideas preliminares o borradores a tiempo y las juntas se llenan de silencios. Rara vez surge una queja formal. Sencillamente, la gente deja de hacerse presente.

Cuatro frases para poner en práctica

  1. Enfócate en la acción: «Este entregable necesita ajustes. Te comparto cuáles.» Describe el cambio con claridad y sin emitir juicios sobre la persona.
  2. Indaga antes de asumir: «Quiero entender qué pasó antes de sacar conclusiones.» Casi siempre hay contexto valioso que solo la otra persona conoce.
  3. Pide la perspectiva de la otra persona: «Esa es mi lectura. ¿Tú cómo lo ves?» Tu punto de vista no es la única versión de los hechos; el diálogo constructivo empieza por escuchar a la otra parte.
  4. Repara sobre la marcha: «No lo expresé bien. Déjame decirlo de otra manera.» A cualquiera se le va una frase desafortunada; corregirte en el momento también modela madurez y liderazgo.

Filtro previo a la conversación

Antes de iniciar una charla difícil, pon a prueba tus palabras. Si tu mensaje describe lo que la persona hizo, hay una oportunidad de mejora sobre la mesa. Si cuestiona quién es la persona, tómate un minuto para reescribirlo. Y si a mitad de la plática se te escapa una expresión poco afortunada, recuerda que siempre puedes recurrir a la cuarta frase.

Referencias: Brown, B. (2012). Daring greatly: How the courage to be vulnerable transforms the way we live, love, parent, and lead. Gotham Books.

Las Cinco Disfunciones de un Equipo

¿Por qué se estanca un equipo con talento?

Hay equipos que, en el papel, lo tienen todo. Personas capaces, objetivos claros, buenas herramientas. Y aun así, las reuniones de trabajo terminan sin decisiones sólidas, los acuerdos se diluyen y cada quien regresa a su escritorio a cuidar lo suyo.

En su libro The Five Dysfunctions of a Team, Patrick Lencioni, propone una explicación utilizando una fábula de liderazgo. Cuenta la historia de un equipo directivo en problemas. De esa historia se desprende un modelo sencillo. Cinco disfunciones que se apilan como una pirámide, donde cada una alimenta la siguiente.

Falta de confianza

Para Lencioni, la base de todo es la confianza. Se trata de animarse a mostrarse vulnerable ante el equipo. Decir «me equivoqué», «no sé» o «necesito ayuda» sin temor a que se use en contra o se perciba como una debilidad.

Cuando este tipo de confianza no existe en un equipo, sus integrantes invierten energía en protegerse, cuidar su imagen, ocultar errores y evitar pedir apoyo. El equipo funciona, pero a la defensiva.

Miedo al conflicto

Sin confianza, debatir puntos de vista resulta arriesgado. El equipo prefiere lo que Lencioni llama armonía artificial: reuniones tranquilas, pocas preguntas difíciles, nadie dice «no estoy de acuerdo».

El conflicto se refiere al debate de ideas, sin ataques personales. Cuando este intercambio no ocurre en la reunión, igual sucede en el pasillo, en un mensaje privado o en la reunión después de la reunión.

Falta de compromiso

Una decisión que nadie discutió es una decisión que pocos sienten propia. El equipo acuerda algo, pero no se compromete con ello.

El síntoma es conocido. Se aprueba en la reunión, se cuestiona afuera y el mismo tema vuelve a abrirse semanas después.

Evitar rendir cuentas

Si no hubo un verdadero compromiso, pedir cuentas resulta incómodo. Es difícil señalarle a un compañero que algo no está terminado o bien hecho, cuando el equipo nunca terminó de acordar.

Lencioni pone el foco en la rendición de cuentas entre pares. Cuando únicamente el líder la ejerce, los estándares del equipo dependen de una sola persona.

Falta de atención a los resultados

En la última capa de la pirámide se hacen visibles las consecuencias. Cuando nadie pide cuentas, cada quien cuida su meta, su área o su estatus. El resultado del equipo queda en segundo plano.

Es la disfunción que se refleja en los indicadores, y por eso resulta tentador empezar a resolver el problema por ahí. La pirámide sugiere que la causa casi siempre está más abajo.

El trabajo del líder

De acuerdo con este modelo, el trabajo empieza en la base. Y la base se construye cuando la persona con más poder en la sala pone el ejemplo.

«Me equivoqué. Voy a cambiar esto.»

«No sé. ¿Alguien tiene un punto de vista distinto?»

«Antes de decidir, quiero escuchar argumentos en contra.»

«¿Qué no estamos diciendo?»

Esta conducta genera un espacio seguro y valiente en el que los integrantes del equipo se atreven a decir lo que piensan.

La investigación lo respalda: Amy Edmondson estudió 51 equipos de una empresa manufacturera. Encontró que la seguridad psicológica, la creencia compartida de que el equipo es un lugar seguro para asumir riesgos interpersonales, se relaciona con el aprendizaje del equipo y su desempeño.

La próxima vez que una de tus reuniones termine sin una sola objeción, vale la pena preguntarte si realmente hubo acuerdo o si fue solo silencio.

Referencias

Edmondson, A. (1999). Psychological safety and learning behavior in work teams. Administrative Science Quarterly, 44(2), 350–383.

Lencioni, P. (2002). The five dysfunctions of a team: A leadership fable. Jossey-Bass.

Y aun así, y aun así.

Hay una fecha en el calendario que miro de reojo. Verla de frente sería como clavarle la mirada al sol de agosto en su punto más alto.

Me ciega.

Me intimida.

Me quita el sueño.

Hay noches en que aparece sin que la llame, y ahí está, brillando en la oscuridad.

La fecha marca un comienzo y viene acompañada de un sentimiento de gratitud y posibilidades.

Y aun así.

La vida sigue aunque me siente de brazos cruzados. Me desplaza como la banda automática en el aeropuerto, aunque no de un solo paso. Me acerca al nido vacío.

He leído sobre el tema. He participado en conversaciones con otras mamás que llegaron antes que yo. “Me siento como una gallina sin cabeza”, me dijeron una vez. Conozco la investigación sobre la transición de identidad a la mitad de la vida, sobre el duelo anticipatorio, sobre cómo el cerebro procesa la pérdida o la modificación de un rol que ha sido central durante décadas.

Lo sé.

Ahora lo siento.

Y saber y sentir no son lo mismo.

Ya no imagino cómo se va a sentir. Ya lo siento en el cuerpo. En el pecho cuando paso frente a su recámara y escucho la música. En la garganta, cuando me dice: “Necesito empezar a ver qué necesito para mi cuarto en la universidad”. La cabeza me explota cuando pensamos en quiénes serán las “roomies”.

Ir a la universidad lejos de casa es una oportunidad increíble. Una que yo hubiera querido tener. Me emociona imaginar a la menor de mis hijas construyendo su vida, descubriendo nuevas versiones de sí misma y haciendo amistades. No podría sentirme más orgullosa de sus logros.

Y aun así. Y aun así.

Algunos logros vienen con sentimientos agridulces.

En la graduación de la preparatoria, aplaudimos felices. Las cámaras capturan las sonrisas más grandes. Orgullo puro que te infla el pecho al escuchar su nombre. Y luego gira el cordel del birrete, ese pequeñísimo movimiento de un lado al otro, y en ese segundo algo cambia. Los ojos se inundan de agua. El orgullo sigue ahí, la felicidad agarrada de la mano de la tristeza. Porque la graduación es un logro alcanzado y también el inicio de la cuenta regresiva. La preparatoria terminó; viene la universidad. Y con la universidad, viene esto.

El nido vacío no llega de golpe. Llega anunciado, logro por logro, celebración por celebración.

Cada meta que alcanza es motivo de alegría. Es exactamente lo que quería para ella.

Y aun así. Y aun así.

Sí.

“Es algo bueno. Deberías estar feliz”

Estoy feliz.

Me siento orgullosa de ella. La quiero independiente, fuerte. Quiero que vuele lejos, que vuele bien, que se coma el mundo.

“Este pajarito está listo para volar”, me dijo, jugando, hace unos días. “Este pajarito ya tiene las alas abiertas.” “Quiero cortártelas”, le contesté con una sonrisa triste.

No lo haría.

A lo mejor sí.

No es una contradicción que resolver. Tenemos la capacidad de albergar sentimientos opuestos. El orgullo y la tristeza no se pelean. La emoción y el duelo no se cancelan. No hay nada que explicar.

Hay días en que recibo los sentimientos que llegan con un bate de béisbol o meto de lleno la cabeza en el trabajo para no sentirlos.

A veces me agarran de todos modos. El “¿y si?” es un monstruo de mil cabezas.

Hay momentos en que pareciera que la única forma de seguir funcionando es no abrir la puerta a lo que espera del otro lado.

Esconder los sentimientos no los hace desaparecer. Lo sé.

Lo que sí ayuda es nombrarlos para que no nos gobiernen en silencio.

Ya pasé por una ruta similar. Ya me tocó dejar a dos en la universidad. Y sí pude.

Caminé un tiempo sintiendo un boquete en el centro, como una dona humana. Al final me reorganicé. Encontré mi ritmo. Y en ese proceso descubrí cosas de mí que no sabía que estaban ahí.

No fue fácil. Pero fue posible.

Hoy veo a mis dos, ya a un año de terminar la universidad, y pienso en todo lo que han construido y en quiénes se están convirtiendo. Me llena. Me alegra. Me enorgullece profundamente.

Y aun así. Y aun así.

Si estás en esta antesala conmigo o ya estás en el nido vacío… No tenemos que fingir que estamos bien. No tenemos que fingir que estamos mal. No tenemos que resolverlo. Solo tenemos que sostenernos, mientras volvemos a florecer. Saber que del otro lado hay ritmo. Hay vida. Hay planes nuevos, mañanas distintas y una versión de nosotros que también merece un espacio.

Eso es emocionante. De verdad lo es.

Para reflexionar

¿Qué sentimientos estás guardando en el cajón del fondo?

¿Cuáles de tus emociones se contradicen en este momento? ¿Puedes dejar que las dos existan sin tener que elegir una?

¿A qué has sobrevivido antes que pueda recordarte que también puedes con esto?

Visión verdadera, Retrospectiva, Previsión e Introspección

Empecé a leer “The Four Pivots: Reimagining Justice, Reimagining Ourselves” del autor Shawn A. Ginwright, PhD. Es el texto asignado en una clase que estoy tomando. Confieso que arranqué la lectura con desgana y por obligación, pero me atrapó desde las primeras páginas y me devoré el primer capítulo.


Este libro es una guía para crear cambios sociales positivos y personales. Anticipo que terminaremos comprendiendo que para transformar a la sociedad en la que vivimos, es prerequisito evolucionar a mejores versiones de nosotros mismos.


El autor propone pivotear nuestra mentalidad y acciones en cuatro niveles para promover un mundo más justo y equitativo. Ginwright usa el concepto de pivote como una analogía de los cambios de dirección que hace un jugador de basquetbol para acercarse a la canasta y encestar o hacer una asistencia. Estos pivotes son: (1) Visión -crear posibilidades en lugar de arreglar problemas-; (2) Presencia -pasar del ajetreo a fluir-; (3) Conexión -priorizar las relaciones interpersonales y a la comunidad por encima del individualismo-; (4) Sanación -abrazar el autocuidado y la sanación colectiva.

Dado que únicamente he leído el primer capítulo, por el momento solo puedo contarte sobre este. El título es “Reflexión” y arranca hablando sobre un espejo que observa la realidad y nos ofrece un acceso para indagar en el interior y conocer a quien vive detrás del reflejo. Resalta la importancia del autoconocimiento y describe cómo nuestros filtros y sistemas de creencias determinan nuestras percepciones y nuestra manera de vivir.

Un poco más adelante, Shawn Wainwright’s explica cuatro diferentes perspectivas que nos ayudan a dar forma y comprender el mundo: visión verdadera, retrospectiva, previsión e introspección. Estos puntos de vista son esenciales para la toma de decisiones y un liderazgo efectivo. Estos conceptos me parecieron interesantes, útiles y trasladables a cualquier aspecto de nuestras vidas.

Te cuento un poco sobre cada uno y cómo podemos aplicarlos en dos escenarios diferentes: un líder en el trabajo y una mamá que recién dejó a dos de sus tres hijas en la universidad (cualquier parecido con la realidad no es coincidencia)

Visión Verdadera. Capacidad para percibir el mundo con precisión, sin distorsiones ni prejuicios. Consiste en observar la realidad más allá de su apariencia en la superficie, reconocer los patrones subyacentes, las conexiones y significados profundos que con frecuencia nos pasan desapercibidos. Significa ver por encima de las circunstancias inmediatas, hacer un esfuerzo para comprender el contexto y las posibles implicaciones de nuestras decisiones.

Ejemplos:
-Un líder nota que la motivación de sus colaboradores va en picada. Aplicar la visión verdadera implica profundizar en la dinámica del equipo para descifrar las causas raíz -quizá existe un desequilibrio en la carga de trabajo o falta de confianza entre los integrantes-, en lugar de solo atender los síntomas con remedios inmediatos como agregar un día de trabajo remoto.
-Una mamá con el nido semi vacío atraviesa por una sensación de pérdida. Viendo más allá de la tristeza, podría reconocer en el tiempo libre oportunidades para reconectar con hobbies o amistades.

Retrospectiva. Habilidad para reflexionar sobre el pasado y aprender de él. Identificar las lecciones aprendidas y aplicar el conocimiento en situaciones futuras. Desarrollar la retrospectiva nos permite evitar repetir errores y tomar decisiones más informadas.

Ejemplos:
-Un líder analiza con detalle un proyecto fallido para identificar los factores que contribuyeron al fracaso y hacer los cambios necesarios para garantizar que no vuelvan a ocurrir en el futuro.
-La mamá con el nido semi vacío puede mirar hacia atrás y reflexionar sobre el impacto positivo que tuvo en sus hijas que ahora son independientes. Esto puede activar una sensación de logro, orgullo y confianza para transicionar a la siguiente etapa.

Previsión. Capacidad de pronosticar y prepararse para eventos futuros. Implica considerar posibles escenarios, evaluar riesgos y desarrollar estrategias para navegar la incertidumbre. Los líderes efectivos utilizan la previsión para tomar decisiones proactivas y minimizar sorpresas.

Ejemplos:
-Una directora anticipa un cambio importante en la industria y adapta el modelo de negocio actual de su empresa. Invierte en investigación, desarrollo e innovación para crear nuevas oportunidades y responder al mercado cambiante.
-Ahora con más tiempo disponible, la mamá con el nido semi vacío puede planear siguientes pasos: cuidar su salud, construir nuevas amistades, cultivar talentos, planear el retiro.


Introspección. Es la habilidad para comprender el significado o importancia subyacente de algo. Tiene que ver con conectar puntos, reconocer patrones y desarrollar una comprensión profunda de situaciones complejas. Los líderes introspectivos son capaces de tomar decisiones estratégicas y navegar los retos con más claridad.
Ejemplos:
-Un líder observa un patrón recurrente de rotación de colaboradores en un departamento específico. Explorando los factores subyacentes identifica la presencia de un jefe déspota, un integrante tóxico o falta de oportunidades de crecimiento personal. Esto le permite diseñar soluciones a la medida para resolver el problema.
-La mamá de la que venimos hablando puede definir su propósito personal más allá del cuidado de la familia, reconectar con su carrera profesional, lanzar un proyecto de emprendimiento. Echar a andar esa versión suya que por un tiempo largo quedó en pausa.

Cultivar estas cuatro perspectivas hace posible una comprensión más completa de nuestro mundo, tomar decisiones más informadas y navegar los desafíos con mayor eficacia. Permite a los líderes posicionarse para el éxito y crear un impacto positivo en sus organizaciones y a las personas construir vidas plenas llenas de significado.

Hasta aquí mis reflexiones.

Seguiré leyendo.

El modelo W.I.S.E.R y la temporada navideña

Navidad está a la vuelta de la esquina y aunque técnicamente es la época más feliz del año, llega de la mano de reuniones familiares que en ocasiones nos ponen los pelos de punta.

El estrés anticipatorio comienza imaginando a los invitados alrededor del pino. Estará la tía metiche, el cuñado con mala copa, tu mamá corriendo como gallina sin cabeza disparando órdenes y la sobrina que rola los ojos cada vez que alguien le dirige la palabra. Cualquier cosa puede pasar.

Quiero compartir contigo el modelo W.I.S.E.R., una herramienta para responder de manera estructurada a situaciones emocionales e interacciones sociales retadoras. Me topé con ella en el libro “Una Buena Vida” de los autores Robert Waldinger, MD y Marc Shulz, PhD.

Cada una de las letras en el acrónimo W.I.S.E.R. representa una etapa del modelo. En inglés, la palabra WISER quiere decir “más sabio”. Más sabiduría es el ingrediente perfecto para la época. No olvides llevar esta herramienta contigo al intercambio de regalos y tenerla a la mano durante la cena. En realidad, es atemporal y puedes utilizarla en cualquier ocasión.

Aquí los pasos.

W – WATCH

Observa y reflexiona con curiosidad.

Haz una pausa antes de brincar a la acción. Genera un espacio para procesar tus emociones y pensamientos. Los autores explican que nuestras primeras impresiones son poderosas, pero casi nunca están completas. Tendemos a dejar fuera información importante y a quedarnos con lo que nos resulta familiar.

La curiosidad es clave en esta etapa. Observa la situación en su totalidad. El lugar, el contexto, personas involucradas, sensaciones físicas, posibles consecuencias de tus acciones. Hazte preguntas: ¿Esta situación es común?, ¿Es la misma discusión de siempre?, ¿Qué es lo que típicamente pasa después?, ¿Es un evento nuevo o poco común?

I – INTERPRET

Identifica e interpreta emociones.

Ponle nombre a lo que estás sintiendo. Identifica las emociones que están presentes e interpreta el mensaje que tienen para ti. Además, intenta reconocer los detonadores. ¿Qué activo la respuesta emocional que estás teniendo?  

S – SELECT

Selecciona una opción.

Después de observar e interpretar, el paso siguiente es evaluar qué hacer. Explora varias alternativas antes de moverte a la acción. No olvides utilizar la empatía para entender la perspectiva de los demás y escuchar activamente.

La clave está en la pausa. Evitar una respuesta impulsiva, automática y más bien generar una evaluada, intencional y alineada con tu objetivo. Algunas preguntas poderosas en esta etapa son: Dado lo que está en juego y los recursos que tengo disponibles, ¿Qué puedo hacer en esta situación?, ¿Cuál sería un buen resultado aquí?

E – Engage

Accionar con gentileza la estrategia elegida.

Si evaluaste bien las opciones, las probabilidades de éxito son mayores. ¿Cuál es la mejor manera de ejecutar la estrategia?, ¿Sentido del humor?, ¿Enfoque directo? Elige con cuidado tus palabras, gestiona tus emociones, enfócate en encontrar soluciones, más que en asignar culpas y mantén la calma en tus conversaciones.

R- REFLECT

Reflexiona cómo te fue.

El último paso en el modelo consiste en dedicar unos minutos para reflexionar sobre el proceso y la experiencia para mejorar en el futuro. Justo como hacen los equipos profesionales de futbol una vez que concluyó el partido. ¿Qué funcionó?, ¿Qué aprendí?, ¿Qué puedo mejorar?, ¿Qué no repetir?

Aplicar el modelo W.I.S.E.R. requiere de un enfoque deliberado y enfocado a las soluciones de retos emocionales e interacciones personales estresantes. Además, promueve el autoconocimiento, la empatía y la comunicación efectiva. Es una guía para responder a las situaciones difíciles con sabiduría y consideración para todas las partes involucradas.

Aprovecho para desearte una ¡Feliz Navidad!

Positivismo Tóxico

Hace un par de semanas estuve en una reunión social flotando de un grupo a otro para conocer gente nueva. Me quedé estacionada en una conversación entre dos amigas que se ponían al día sobre el deseo de una de ellas de emprender el proyecto de sus sueños.

Todo iba bien hasta que la amiga que indagaba sobre el estatus del proyecto hizo una pausa, volteó a verme de frente y me preguntó: Y tú, ¿A qué te dedicas?. Soy consultor y coach en Psicología Positiva. ¡Ah!, ¡Qué bien!, ¡Entonces vamos a mandarle puros pensamientos positivos al proyecto! Dijo mientras le salpicaba polvos mágicos a la futura emprendedora. 

Chin.

Pausa incómoda de mi parte.

Cambio de pie de apoyo.

“Bueno. Sí. Pero pensar positivo no es suficiente, también tiene que definir una estrategia, objetivos y meterle muchas horas de trabajo.”

Comentario no muy bien recibido.

Cambio de grupo.

Me quedé pensando en esta asociación peligrosa que existe entre la Psicología Positiva y el positivismo tóxico. 

En la cultura occidental y en nuestra sociedad, ronda la idea generalizada de que para hacerla en la vida basta con manifestar el éxito y fabricar pensamientos positivos. Si fracasamos es porque nosotros mismos invocamos ese resultado con malas vibras. La expectativa es que seamos capaces de aniquilar las emociones incómodas, sonreír ante la adversidad y ahuyentar cualquier señal de preocupación o negatividad. 

El positivismo tóxico ha permeado tanto en nuestra manera de vivir que ser felices, optimistas, agradecidos y encontrarle el lado bueno a todo es obligatorio. Sugiere que cualquier obstáculo puede ser superado si somos positivos.

¿Te quedaste sin trabajo? ¡Que gran oportunidad para reinventarte!, ¿Te diagnosticaron con cáncer? ¡Sonríe, la actitud es todo!, ¿Perdiste un bebé? ¡Al menos sabes que puedes embarazarte!, ¿Quedaste paralítico? ¡Todo pasa por algo!, ¿Se incendió tu casa, murió la mascota, tienes Covid, te pidieron el divorcio, tu mamá se fracturó la cadera y tu hijo es adicto a las drogas? ¡El universo no te manda más de lo que puedes manejar! 

En un mundo donde sólo cabe lo bueno, no hay permiso para sentir miedo, tristeza, enojo, desilución. A estas emociones las hemos bautizado con el nombre de “negativas” y están tan satanizadas como la grasa en un buen trozo de carne.

El positivismo tóxico es peligroso. 

Los eventos trágicos, las malas noticias y las desiluciones requieren que atravesemos y procesemos emociones difíciles. Negar la existencia del dolor y pretender que estamos bien, porque es lo socialmente aceptable, intensifica los problemas y termina dejándonos sumergidos en una sensación de soledad.

Eso está claro en Psicología Positiva. 

No hay cantidad de pensamientos rosas ni frases motivacionales que alcancen para desviar las dificultades que vienen incluidas en el paquete de vivir.

La Psicología Positiva es mucho más que pensamientos bonitos.

El universo es aleatorio, amoral e imparcial. No anda metido en nuestras cabezas detectando a los pesimistas para recetarles catástrofes, ni a los optimistas para enviarles viento a favor. Las tragedias llegan sin importar si podemos manejarlas o no y a la gente buena le pasan cosas malas. 

Pensar positivo no sirve de nada si no hacemos el trabajo. El tiempo no cura todo, sino lo que hacemos con el tiempo. Para que funcionen, las intenciones, afirmaciones y pensamientos TIENEN que estar seguidas de acciones concretas.

La Psicología Positiva no niega el lado oscuro de la vida. Reconoce su presencia y parte de la realidad por horrorosa que ésta sea. 

Frases como “todo pasa por algo” o “el universo no te manda más de lo que puedes manejar” pueden sentirse como patada al hígado con bota vaquera picuda, aunque sean ofrecidas para mostrar solidaridad y dar consuelo. 

¿Cuál es la razón del universo detrás de la leucemia de un hijo?, ¿Detrás de los huérfanos que deja una guerra?, ¿Detrás de un abuso sexual?

Me queda claro que nuestra intención y deseo de apoyar a quienes queremos cuando atraviesan por momentos difíciles es genuina y buena.

Si queremos hacerlo efectivamente tenemos que aprender a usar mejores frases. Por ejemplo: “Estoy contigo”, “¿Quieres hablar al respecto?”, “Esto es muy doloroso”, “No sé qué decirte, pero estoy aquí para ti”, “Te quiero”, “¿Cómo estás hoy?”. Y si no sabemos que decir, basta con sentarnos en silencio junto a la persona, hacer la comida, quitarle un pendiente de encima.

Una vida plena y feliz incluye dificultades y problemas. Esto nos obliga a sentir y gestionar emociones agradables y desagradables. A involucrarnos en los procesos por dolorosos que sean, confiando en que podremos utilizar nuestras fortalezas, recursos personales y contar el apoyo de las personas que nos quieren. 

Capitalismo Consciente

Hace unos 25 años participé en una acalorada discusión de sobremesa alrededor del objetivo de las empresas. Mis contrapartes argumentaban que el fin último de las organizaciones era generar utilidades. Mi punto de vista era diferente. Para mí, generar utilidades era importante -de lo contrario el negocio no existiría- pero no debía ser el propósito superior. Éste más bien tendría que ser generar bienestar y contribuir positivamente en la vida de sus colaboradores, de la comunidad y del medio ambiente.

Aún recuerdo las miradas burlonas que intercambiaban y los tonos condescendientes que lanzaban en mi dirección.

De regreso al presente.

En marzo de 2022 tuve la oportunidad de escuchar una charla de Raj Sisodia , creador del movimiento capitalismo consciente, en el marco del World Happiness Summit celebrado en Miami. Me gustó el contenido de su presentación, pero sobre todo su calidez y vulnerabilidad. Terminando su conferencia compré dos de sus libros. Quería conocer más de él y de su trabajo.

Empecé a leer “Capitalismo Consciente” que escribió junto con John Mackey, fundador de la cadena de supermercados Whole Foods.

No pude evitar sonreír cuando descubrí que yo no andaba perdida aquel domingo hace un cuarto de siglo. El argumento central del libro gira en torno a esa idea que me rondaba y defendí con absoluta convicción: el propósito superior de las organizaciones va mucho más allá de hacer dinero.

Sigo sonriendo.

Hoy podemos ver los efectos secundarios negativos que han dejado en el mundo las empresas que operan desde un bajo nivel de consciencia y con el único objetivo de generar utilidades. La mentalidad “el fin justifica los medios” deteriora el medio ambiente, provoca maltratado a los colaboradores, a los proveedores y promueve incentivos perversos en el sistema.

Las empresas son fuentes increíbles creadoras de valor y, sin duda, es importante que sean rentables. El punto clave aquí es CÓMO lo logran.    

Raj Sisodia y John Mackey argumentan que el heroísmo del capitalismo y de la libre empresa radica en emprendedores que usan su pasión y sus sueños como combustible para crear valor a sus clientes, colaboradores, proveedores, inversionistas y miembros de la comunidad. 

El capitalismo consciente es una manera de concebir negocios conectados con un propósito superior y su impacto en el mundo. Refleja una consciencia profunda sobre por qué existen las organizaciones y cómo pueden crear más valor para todas las partes involucradas.

Tiene cuatro principios fundamentales: (1) Propósito superior, (2) Integración de stakeholders – partes interesadas-, (3) Liderazgo consciente, (4) Cultura y gestión consciente.

Propósito superior. Una empresa impulsada por un propósito tiene un impacto más amplio y positivo en el mundo. Va mucho más allá de sólo generar utilidades y crear valor para los accionistas. El propósito es la razón de existir de una organización, da dirección, es el paraguas bajo el cual se conectan las voluntades y los esfuerzos de todos los colaboradores. El Para Qué resuelve una necesidad del mundo, es catalizador de la creatividad, de la innovación y del compromiso organizacional. Las empresas con propósito saben cómo responder a las preguntas: ¿Por qué existe nuestro negocio?, ¿Por qué necesitamos existir?, ¿Cuáles son los valores fundamentales que unen a todas las partes interesadas e involucradas?

Integración de stakeholders. Los stakeholders son todas las partes que impactan o son impactadas por un negocio -colaboradores, clientes, proveedores, comunidad-. Las organizaciones conscientes reconocen que cada una es importante, están conectadas y son interdependientes. Por esta razón, el negocio debe tener como objetivo optimizar la creación de valor para todas.

Liderazgo consciente. Una organización consciente necesita un líder consciente. La motivación principal para este tipo de líderes es servir al propósito superior de la empresa, darle vida y crear valor para todos los stakeholders. Rechazan los juegos suma cero -aquellos en los que para que haya un ganador tiene que haber un perdedor-. Provocan la creatividad, promueven la creación de sinergias y los negocios basados en intercambios. Están en constante búsqueda de condiciones ganar-ganar para entregar diferentes tipos de valor de manera simultánea.

Cultura y gestión consciente. La cultura de un negocio consciente es una fuente de fortaleza y estabilidad para la empresa. Asegura que su propósito y sus valores centrales perduren en el tiempo y sobrevivan a transiciones de liderazgo. Con frecuencia, están basadas en confianza, responsabilidad, transparencia, integridad, lealtad, equidad, justicia, crecimiento personal, amor y cuidado.

En este libro, los autores nos presentan empresas que operan bajo estos principios y logran resultados increíbles. Además de generar utilidades, generan bienestar en el mundo.

Las empresas son el mejor mecanismo para elevar el estado de consciencia en el mundo. Entre más grande es la organización, mayor es su responsabilidad y la huella que deja en el mundo.

Me gustó mucho una frase de KIP Tindell, Co-fundador y CEO de The Container Store, que compartieron los autores del libro sobre el poder de la ola: “Así como un barco deja un gran cuerpo turbulento de agua, así mismo los individuos y las empresas dejan una ola detrás de ellos. Sin embargo, la mayoría de nosotros estamos tan enfocados en nuestro destino, que olvidamos voltear para apreciar el impacto que dejamos en el mundo”.

Interactuamos con las empresas más que con cualquier otra organización. Juegan un rol central en nuestra existencia. Mantenemos nuestro estilo de vida y proveemos para nuestras familias trabajando en ellas, compramos los bienes y servicios que producen. Si nos ponemos a pensar, detrás de nuestra calidad de vida, salud, educación, diversión, entretenimiento y nuestro bienestar en general, están las empresas.

Me entusiasma encontrar cada vez más organizaciones conscientes. Las iniciativas encaminadas a motivar a las empresas a operar bajo el esquema del capitalismo consciente me provocan optimismo. Las nuevas generaciones que buscan no sólo trabajar para ganar dinero, sino trabajar con propósito me dibujan sonrisas en la cara. Serán quienes obliguen al cambio.

El mundo necesita empresas conscientes, con el bienestar en el centro e impulsadas por el propósito.

PD. Si estás al frente de una empresa, este libro es obligado.

Pesa el Mundo

Esta mañana tomé mi teléfono para ver la hora. Deslicé el dedo en la dirección equivocada y me llevó a la pantalla de búsqueda. Ahí estaba un resumen de encabezados de las noticias. 

  • Tiroteo en Uvalde, Texas. Joven de 18 años en escuela primaria mata a 19 estudiantes, a 2 maestras y a su abuela.  
  • Homicidios en México: segundo día más violento del gobierno de AMLO. 
  • Matan en México a mil 167 mujeres en primeros cuatro meses del año. 

…

El martes 24 de mayo fue terrible.

¿Cuántos años tienen los estudiantes en cuarto de primaria? Unos diez. Todavía tienen dientes de leche. Muchos están chimuelos. Imaginan qué quieren ser de grandes al mismo tiempo que abrazan a su peluche por las noches. Intento ponerme en el pellejo de los padres de los niños que perdieron la vida en su salón de clases y no puedo. Se me cierran los pulmones. 

¿De dónde se saca esperanza después de una noticia como esta?

¿Quién me dice dónde puedo comprar, aunque sea medio kilo?

Hay muchas cosas en esta historia que me revuelven las entrañas.

Quitando lo astronómicamente increíble que es que cualquiera pueda comprar armas, me pregunto: ¿No le pareció raro al vendedor de la tienda que un joven de 18 años comprara un rifle de uso militar? Quizá pensó que eso no era su problema. 

Esta película ya la vimos. Es una repetición. Enciendo la televisión y veo a los reporteros -a los mismos- haciendo las mismas preguntas de siempre. Mismos argumentos, mismas declaraciones, mismos discursos. Otra vez imágenes de policías corriendo en todas direcciones, padres desgarrados, tiras de plástico amarillo acordonando espacios, flores en la entrada del colegio, políticos ofreciendo oraciones. Lo mismo. No creo que la falta de memoria sea el problema. Mientras las personas sigan aferrándose a su derecho de portar armas en la guantera y la industria a sus ganancias, esta historia está destinada a repetirse. 

No soporto que adolescentes y niños sientan miedo cuando van a la escuela. No soporto mi propio miedo. 

Escuché decir a Steve Kerr, entrenador de basquetbol de los Golden State Warriors, que está cansado de los minutos de silencio. Yo también.

Y es que los minutos de silencio en el colectivo mundial ya gritan con altavoz.

Dos años de pandemia con todo lo que eso supone, guerra en Ucrania, feminicidios y ejecuciones rompiendo récords en México, tiroteos, sequía en Nuevo León, contaminación rampante. 

¿Cómo se hace para respirar cuando el aire es sólido?

Nuestra salud mental está bajo ataque.

Y a lo que sucede en el panorama macro hace falta sumarle lo que ocurre en nuestro entorno inmediato. 

Mi microambiente ha tenido lo suyo.

El COVID llegó a mi familia y cuando recién me digería la noticia, me dijeron: “esto no termina… ahora viene el Monkeypox”, ¿el qué?, “la viruela del simio” … 

¿Dónde hago caber una preocupación más? 

Siento que todos los elefantes del planeta están parados sobre mis hombros.

Amigos y conocidos recibiendo diagnósticos inesperados y escalofriantes; otros, viajando al cielo sin mucho aviso. Me pregunto en voz alta: ¿Siempre ha sido así y yo no sabía? o ¿Ser joven ya no es garantía de nada? 

Quiero esconderme en un rincón y que el mundo pase frente a mí sin verme. 

¿Cómo no volvernos locos con tanto al mismo tiempo?

Sé que mi nivel de ansiedad está tres rayitas más arriba cuando empiezo a crear escenas mentales catastrofistas y despierto en las madrugadas. Sé que la carga está acumulándose cuando me siento agotada -como si hubiera corrido medio maratón- pero no he andado más de 2,000 pasos por día. Sé que necesito hacer algo cuando no puedo concentrarme para leer mi libro “Stop Overthinking” justo porque estoy “overthinking”. Cuando mi sensibilidad a los sonidos aumenta significa que estoy parada en zona de alerta.

Hoy fue así.

Te comparto esto con la idea de decirte que podemos aprender a leer las señales y recurrir a estrategias para recuperar la calma. 

Pensé en los jóvenes y en los niños. Pensé en mis hijas. Pensé en todos los papás y mamás. Recordé un artículo que leí la semana pasada sobre por qué los adolescentes en Estados Unidos están tan tristes. Aquí te dejo el link. Vale mucho la pena. 

Una de las razones que señalan ahí es que el mundo se ha convertido en un lugar estresante. Pareciera que por todos lados se resquebraja y no hay muchas razones para sentirse optimista. 

¿Qué hacemos?

Te comparto mi estrategia de emergencia. 

Movimiento + Naturaleza + Silencio + Habitar el presente. 

En días como hoy, sólo caminar no es suficiente. Tengo que caminar al mismo tiempo que mantengo mi mente amarrada al presente. Algo así como sacar a pasear a mi cabeza con correa. Una correa que me mantiene aquí y ahorita.

Caminé una hora haciendo este ejercicio:

  • 5 cosas que puedo ver (el sol, un buzón de correo, una ardilla cruzando la calle, una casa amarilla, una rama)
  • 4 cosas que puedo sentir (el aire en mi cuerpo, el reloj en mi muñeca, el suelo bajo mis pies en cada paso, mis brazos rozando con mi playera)
  • 3 cosas que puedo escuchar (el viento -habla fuerte hoy-, las voces de dos vecinas que vienen platicando y pasan junto a mí, pájaros)
  • 2 cosas que puedo oler (el pasto recién cortado, la piel de mi brazo)
  • 1 cosa que puedo saborear (el sabor a café en mi boca)

Y volver a empezar. Modo “repeate” porque en días como hoy, que son los que le siguen a días como ayer, una vuelta al ejercicio no es suficiente.

El efecto positivo es doble si camino al aire libre y envuelta en silencio. Sin redes sociales, sin noticias, rodeada de verde, escuchando animales, viendo el cielo. En la naturaleza está mi contrapeso. 

¿Y con los hijos?

Yo no recuerdo que el mundo fuera tan rudo cuando yo tenia la edad de mis hijas. A lo mejor sí lo era, pero lo cargaban mis padres y no existía el internet. No crecí pegada a un celular para enterarme de todo, sobretodo de lo malo. 

¿Qué hago yo? 

Yo le digo muy seguido a mis tres que la historia completa del mundo también incluye noticias buenas, descubrimientos científicos increíbles, tecnologías médicas para cuidar y reparar la salud, jóvenes como ellas comprometidas con el medio ambiente, voluntarios en todos los rincones haciendo la diferencia.

También les lleno su bandeja de Instagram con imágenes de paisajes que inyectan luz al corazón, de cachorros de todas las especies que despiertan la ternura, de obras de arte que encienden la creatividad, de historias inspiradoras en el deporte, de artistas haciendo su magia. Quiero contrarrestar la avalancha de malas noticias. Me gusta creer que cuando ellas hacen “clic”, el algoritmo interpreta que eso les gusta y les manda más de lo bueno.

Y las abrazo mucho.

Y les digo que las quiero.

Varias veces el día.

Todos los días.

En días como hoy, no tengo una conclusión. 

De un Hilo

Cada vez me cuesta mas trabajo entender este mundo y explicárselo a mis hijas. Encontrar un “por qué” que haga sentido para hilvanar una respuesta a lo que está sucediendo es como querer atrapar una nube.

La historia se repite y lo único que asimilo de la historia es que no aprendemos un carajo de ella.

Estoy en mi cuarto, sentada en la cama con las piernas cruzadas viendo las noticias sobre la invasión rusa a Ucrania.

Las imágenes me llevan de regreso a 1990. Tenía 15 años. Recuerdo estar sentada en la cama de mis padres frente a la televisión -igual con las piernas cruzadas- viendo el inicio de la Guerra del Golfo. Recuerdo el nudo en la garganta, la pata de elefante oprimiendo el corazón, los silencios, las preguntas que hacía y que quedaban sin respuesta.

Es 2022. De nuevo el nudo en la garganta, la pata del elefante, el remolino de emociones. Están conmigo mis hijas. Tienen más o menos la misma edad que tenía yo en 1990, están sentadas en la cama frente a la televisión -con las piernas cruzadas- y hacen cientos de preguntas. Ahora soy yo la mamá que no tiene respuestas.

Es la misma película otra vez, sólo que en alta definición. Reporteros transmitiendo con explosiones iluminando el cielo en el fondo, humo por todos lados, edificios destruidos, fierros torcidos, tanques de guerra, fuego, ceniza, vidrios rotos, cuerpos sin vida, calles vacías.

Otra vez imágenes que provocan charcos en los ojos. Miles de personas abandonando sus casas, sus vidas, atiborrando trenes y camiones para salir de la zona de conflicto. Familias separándose, abrazos desesperados, caras atemorizadas, llantos, labios apretados intentando ser valientes. Y ese último beso en la frente antes de partir.


Lo nuestro es vivir entre opuestos.

La humanidad peleando junta contra el COVID y al mismo tiempo matándose por voluntad propia. Muestras de heroísmo por un lado y de lo más ruin por el otro.

Pensé que habíamos aprendido algo en la pandemia.

¿Qué toca?

Colgarnos de la esperanza.

Otra vez.

Descubre tu propósito: A ti, ¿Qué te mueve?

El pasado jueves 2 de diciembre fue el lanzamiento de mi segundo libro “Descubre tu propósito: A ti, ¿Qué te mueve?, en el marco de la Feria Internacional del libro de Guadalajara. La patada de salida la dio mi querida Paulina Vieitez, Coordinadora de Círculo Sanborns, con su entrevista para Charlas con Café.

Este lanzamiento tuvo un toque súper personal y especial para mi. Quizá no lo sabes, pero yo nací en Guadalajara. En esa ciudad vivieron, hace muchos años mis abuelos maternos. Pasé varias semanas de mi infancia de visita en su casa. A la fecha todavía viven ahí tías, primas y sobrinos del lado de mi papá. Así que sentí que eché a volar el libro con la ayuda de mi tribu, los que están en tierra y lo que están en el cielo.

Pienso que los libros comienzan a escribirse dentro de mi, sin hacer mucho ruido ni levantar sospechas, mucho tiempo antes de que yo lo sepa e inicie el proceso activo de juntar palabras. El tema empieza a circularme por la mente, se me aparece en sueños, me sale al paso y la curiosidad me empuja a salir en búsqueda de información, datos e investigaciones. A conocer más. Comienzo a jalar de la hebra que llama mi atención en primer lugar hasta que me topo con la idea central que me está esperando. Esa que luego voy trabajando hasta convertirla en una obra que tiene forma, peso, color, páginas y que puedo compartir con los demás.

Tener un ejemplar en mis manos, luego de un proceso intenso de investigación, planeación y horas de escritura, de noche, de día, entre ratos. Largas sesiones de revisión, edición, lectura y más lectura; me provoca una sensación efervescente, como si de pronto circularan por mis venas millones de burbujas.

El proceso creativo es a ratos lindo y a ratos una tortura, pero cuando abro la caja y me encuentro con el trabajo de tantos meses en forma de mi libro se genera una explosión de emociones coloridas -alegría, gratitud, alivio, al mismo tiempo ganas de saltar que de desplomarme en una silla.  Al mismo tiempo ganas de gritar a todo pulmón, que de dejarme absorber unos minutos por el silencio. Los ojos se mojan, el corazón crece y late con estruendo hasta que las manos le acercan el libro para abrazarlo justo encima de él.

Este libro es el resultado de la combinación de una epifanía y una pregunta que no supe cómo responder. Te cuento un poco sobre las dos.

La epifanía me llegó una mañana de lunes caminando en mi montaña favorita. De pronto, entendí con claridad que la mayoría de mis decisiones de vida respondían al miedo y no al amor. Que vivía evitando lo que me sacaba de mi zona de seguridad, en lugar de ir tras mis sueños. Este descubrimiento me hizo cuestionar mi manera de vivir y me llevó a la siguiente conclusión: tenía que elegir la valentía por encima de la comodidad. Me gusta pensar que en aquel momento desperté.

La pregunta para la cual no tuve respuesta la hizo uno de mis investigadores favoritos, Dan Buettner explorador de National Geographic y autor de varios libros, en una de sus conferencias: ¿Puedes articular en una frase corta la razón por la que te levantas cada mañana? Me invadió el silencio. En realidad, no. No podía poner en palabras mi “Para qué”. Y no me gustó.

Dicen que enseñamos lo que necesitamos aprender. Quiero decirte que tanto este, como mi primer libro “Felicidad en el Trayecto: 8 Rutas”, en cierta manera los escribí primero para mí. Algo me hacia falta entender, comprender o adoptar en mi vida y salí en búsqueda de herramientas, de conocimiento, de respuestas.

Mi viaje para definir mi propósito me llevó a leer mucho sobre estos temas. Lo que te comparto en este libro es mi recorrido. Lo que me ha funcionado, lo que uso y practico.

Somos más felices y tenemos vidas más plenas cuando podemos articular en una frase corta la razón por la que nos levantamos cada mañana, cuando sabemos cuál es nuestro propósito de vida y los llevamos a la acción.

Cuando descubrimos, diseñamos y damos vida a nuestro propósito contribuimos positivamente al mundo haciendo lo que nos gusta y apasiona utilizando nuestros mejores recursos personales.

La autenticidad, el propósito de vida y el miedo son un trío inseparable. Dicho de otra manera, logramos vivir en la zona de nuestro “para qué” en la medida en que somos auténticos, nos mantenemos fieles a aquello que nos hace vibrar y logramos atravesar las barreras del miedo.

El miedo es el principal obstáculo para convertirnos en la persona que queremos ser y cumplir nuestros sueños. El temor paraliza y devora nuestros más importantes anhelos.

Si no encontramos cómo ser valientes, corremos el riesgo de morir con nuestra música dentro.

Para darle vida a nuestro propósito de vida es necesario desarrollar el autoconocimiento y ser auténticos. Quitarnos las máscaras, hacer lo que queremos, lo que nos gusta y sabemos hacer muy bien para convertirnos en nuestra mejor versión. Es condición atrevernos a vivir en congruencia con quien somos y no sólo para cumplir con las expectativas de los demás.

Este nuevo libro va dirigido a personas que:

  • Despiertan a medianoche pensando “tiene que haber algo más para mi en la vida”.
  • Creen que para descubrir su propósito de vida tienen que ir un mes a los Himalaya a meditar en silencio.
  • Quieren deshacerse de su colección de “hubieras”.
  • No saben que esa irritabilidad, mal humor, cansancio crónico o sensación de apatía pudiera ser el resultado de vivir de manera poco auténtica y sin propósito.
  • Tienen sueños por cumplir, pero les paraliza el miedo.

Descubre tu propósito: A ti, ¿Qué te mueve? es guía práctica para descubrir y construir tu Para Qué con herramientas y estrategias basadas en ciencia. Encontrarás ejercicios prácticos, invitaciones a dar un vistazo al interior, así como una gran cantidad de ideas para identificar miedos, desarrollar la habilidad del autoconocimiento, y conectar con tu versión más autentica.

Incluye un modelo de ocho componentes para sacar a la luz la información valiosa que llevas dentro para definir tu propósito. A lo largo del libro te acompaño recorriendo cada uno de ellos para que, al terminar, puedas plasmarlo en una frase corta y logres responder a la pregunta: ¿Cuál es la razón por la que te levantas cada mañana?

Mi intención al escribir este libro es compartir contigo lo que he aprendido y aportar ideas que vienen de la ciencia y que se ha comprobado que funcionan. Mi deseo es que ahí encuentres algo que te mueva y, sobre todo, que te inspire a salir en búsqueda de ti mismo, de ti misma, y vivas la vida que siempre quisiste para ti, aunque estés muriéndote de miedo.

PD 1. La versión impresa del libro está disponible en Amazon, librerías en México y en tiendas Sanborns.

PD 2. Si prefieres escuchar este texto, puedes hacerlo aquí: