Y a ti qué te mueve… ¿El amor o el miedo?

miedo amor

Hace unos años descubrí que detrás de mi manera de vivir estaba siempre bien instalado el miedo. La epifanía me agarró caminando en una de las veredas de mi cerro preferido dos días después de la partida de Lola, la perra bóxer que me había acompañado 13 años. Esa mañana yo subía la montaña literalmente para estar más cerca del cielo, para estar más cerca de Lola.

A medio camino, de la nada y de pronto, entendí con claridad que la mayoría de mis decisiones respondían al miedo y no al amor. Evitaba cualquier cosa que me hiciera sentir incómoda, ansiosa, que me sacara de mi zona cómoda y de seguridad. Entre decir lo que pensaba e incomodar a alguien, prefería quedarme callada; entre publicar mi trabajo y arriesgarme a que me criticaran, mejor me lo guardaba; entre decir que no y decepcionar a alguien, mejor decía que sí. ¿Te suena?

Lo más irónico es que vivir de esa manera nunca me dio tranquilidad. Bien dicen que todo aquello a lo que le ponemos atención crece. Yo le ponía atención a lo que podía salir mal y la consecuencia de vivir evitando lo que me daba miedo era vivir con más miedo.

El momento “¡ajá!” me llegó cuando visualicé la gigantesca contradicción que existía entre mi más grande anhelo y mi conducta.

Yo quiero ser abuela y vivir hasta los 100 años para acompañar a mis hijas y nietos lo más posible. Al mismo tiempo, evitaba someterme a cualquier tipo de consulta o análisis médico –me aventé unos 7 años sin hacerme estudios de laboratorio, por ejemplo-. No es que me dieran miedo las agujas o los piquetes, no era por ahí. Más bien me aterraba que pudieran encontrarme alguna enfermedad terrible. Entonces… “si no busco, no encuentro” era mi filosofía y la decisión congruente con el miedo.

Pero esa conducta estaba totalmente en guerra con mi deseo de vivir mucho tiempo. Durante la caminata de esa mañana entendí que una decisión motivada por el amor más bien me impulsaría a monitorear y atender mi salud. Esa conducta, alimentada por el amor, era mucho más congruente con mi anhelo de quedarme por aquí largo rato.

Somos las historias que nos contamos. Pasamos nuestros días recopilando información coherente con las historias que nos fabricamos. Filtramos datos, aceptamos algunos y rechazamos otros. Al hacer esto, elegimos activamente el mundo que percibimos.

Dice Gabrielle Bernstein, autora del libro “The Universe Has Your Back: Transform Fear into Faith”, que lo que percibimos está en función de lo que interpretamos. Podemos interpretar una discusión con nuestros hijos como una razón más para pensar que no servimos como padres o podemos verla como una oportunidad de aprendizaje, crecimiento y fortalecimiento de nuestra relación. Podemos interpretar el diagnóstico de una enfermedad como el fin del mundo o como una oportunidad para bajar el ritmo y enfocarnos en lo importante. Podemos interpretar nuestro trabajo como una obligación a la que tenemos que sobrevivir o podemos verlo como un espacio donde podemos realizarnos y conectar con los demás.

¿Respondes al miedo o respondes al amor?

¿Haces el amor con la luz apagada porque no tienes un cuerpo perfecto y temes ser rechazada o te amas a ti misma y te permites disfrutar el momento?, ¿Evitas levantar la mano para expresar tus opiniones por miedo a equivocarte o te avientas pensando que los errores son una oportunidad para aprender? ¿Te guardas un “te quiero”, un “te admiro” o un “te ofrezco disculpas” por miedo a mostrarte débil y vulnerable o te atreves a ponerlos en voz alta para conectarte con los demás?

¿Dejas de viajar porque te aterra el avión o te subes –aunque sea temblando- por el amor a conocer lugares nuevos?, ¿ Rechazas invitaciones a paseos porque te da miedo que te pique algo y pones mil excusas o empacas el repelente contra insectos porque amas pasar tiempo con tus amigos?, ¿No escribes ese cuento que tienes en la cabeza hace mucho por temor a la crítica o te das la oportunidad de ser valiente haciendo algo que te inspira?

Nuestras historias de miedo viven en nuestro subconsciente, debajo de la piel o en el rincón más oscuro donde pretendemos esconderlos. Pero siempre encuentran cómo salir.

La cosa es simple. Si no atendemos la lección, si no resolvemos el problema, si no le damos la cara al miedo… la vida se encargará de fabricarnos oportunidades hasta que aprendamos. Cada nuevo dolor físico o examen médico es una oportunidad para mi de superar ese miedo, de acortar el tiempo de angustia, de ser valiente.

Podemos restablecer nuestra felicidad cuando decidimos hacerle frente al miedo.

Cuando nos sentimos atrapados por una historia de miedo es necesario hacer una pausa e intentar contarnos la misma historia desde un lugar de amor. Es importante preguntarnos… ¿Cómo me bloquea esta historia que me cuento y cómo puedo verla diferente?

Tenemos la posibilidad de ver el mundo a través del lente del miedo o a través del lente del amor. Y el lente que elegimos tiene un impacto muy poderoso en cómo nos sentimos y en qué hacemos.

¿Qué opinas?

Nelson Mandela lo dijo muy bien… “Que tus decisiones reflejen tus sueños, no tus miedos”.

http://www.bienestarconciencia.com

 

 

Lista de vida

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Me gustan los aviones sí y sólo sí tengo ambos pies sobre la tierra. El modo vuelo no es lo mío. Y a las personas que desconfiamos de las máquinas voladoras, no nos ayuda nada un cielo cargado de nubes negras y un piloto que amablemente nos anticipa por el altavoz “turbulencia de ligera a moderada durante la ruta de esta noche”.

Cuando abordo una aeronave, mi cerebro activa la alarma del sistema nervioso central. Aparece un pensamiento angustiante que llega asegurándome que su intención es noble, que lo único que quiere es protegerme del peligro inminente y hacerme escapar antes de que cierren la puerta. Estoy consciente de sus exageraciones, me queda claro que siempre se equivoca –aquí sigo-, pero igual viaja conmigo fielmente. En respuesta a lo anterior he desarrollado la costumbre de enviarle mensajes de cariños a mis personas favoritas antes de despejar, ya sabes, por si las dudas.

Hoy este pensamiento se juntó con otro a 10,000 metros sobre el nivel medio del mar y se me ocurrió el tema para el artículo de esta semana: “Lista de vida” –en inglés “Bucket list”-.

Una lista de vida es una colección escrita de todo lo que nos gustaría hacer antes de morir.

Muchas personas tienen una idea de lo que quisieran hacer o les gustaría hacer a lo largo de sus vidas; pero muy pocas la tienen en papel y pluma o en computadora.

Tener una lista de vida escrita es importante por varias razones.

La primera porque nos obliga a pensar en la pregunta: ¿qué queremos de la vida?

La segunda es que cuando escribimos ideas les quitamos lo abstracto; dejan de pasearse amorfas por nuestra mente y bajan al mundo de la realidad. Esto da sentido a nuestras vidas y nos da una razón para hacer cambios substanciales. Cuando sabemos a dónde queremos ir podemos comenzar a trazar un plan.

La tercera es que ya que las ideas están claras empezamos a detectar oportunidades para llevarlas a cabo. Es como si el universo las hiciera visibles. Quizá te ha pasado que sientes ganas de comprarte cierto tipo de pantalones y comienzas a notar a todas las personas que los llevan puestos; o deseas tener un bebé y de pronto todas las mujeres a tu alrededor están embarazadas.

Escribir lo que queremos hacer antes de “colgar los tenis” es el primer paso para conseguirlo. Escribir nuestras intenciones es poderoso.

¿Cómo se hace una lista de vida o qué puedes poner en tu lista?

En realidad puedes hacerla como tú quieras y puedes poner lo que te plazca.

Te comparto algunas ideas sobre lo que puedes incluir…

Cosas que sirven en tu propósito superior de ser feliz –escribir una novela, dar una conferencia en TED, crear una fundación para sacar a perros de las calles, construir casas con material reciclado-.

Puedes incluir cosas que ya lograste o hiciste –correr un maratón, hacer el recorrido de Matacanes, escribir un libro de estrategias para vivir más feliz, graduarte de la escuela de arte, tener hijos, tener un perro Golden Retriever-.

Piensa en diferentes aspectos o categorías en tu vida –cosas que quieras hacer con tu pareja, familia, amigos, metas profesionales-.

Lugares que te gustaría visitar, libros que leer, clases de algo que te guste y llame tu atención –batería, canto, buceo-. Experiencias que te gustaría tener –ver la aurora boreal, hacer el camino de Santiago de Compostela en bicicleta, nadar con tiburones ballena, bailar bajo la lluvia, ir a un concierto de Maroon 5, ver jugar a Roger Federer, tomarte una foto con Shakira-.

Las locuras valen también –tirarte de paracaídas, comer gusanos, nadar en un río, pintarte el pelo de azul-.

Es tu lista. Nadie tiene que estar de acuerdo con ella. Escribe lo que tú quieras, siempre y cuando esté alineado con lo que para ti es importante y te acerque a tu versión más auténtica.

Y una vez que tengas tu lista –a la que siempre podrás ir agregándole nuevas ideas- lo que sigue es palomear cada ítem o la mayoría.

Pd. Aterrizamos. La tan anunciada turbulencia nunca llegó. Fue un vuelo perfectamente tranquilo y ahora toca seguir cumpliendo con mi lista de vida.