Los Cuatro Acuerdos

4-agreements-big

Quizá te suena conocido el título, has escuchado la frase o te has topado con los cuatro acuerdos resumidos en una foto en redes sociales.

Los Cuatro Acuerdos es un libro de sabiduría Tolteca escrito por Don Miguel Ruiz, un médico cirujano criado en el México rural por una madre curandera y un abuelo nagual.

Perdí la cuenta de cuántas veces me topé con este libro antes de leerlo. En varias ocasiones lo tomé en una librería, leí la contraportada y lo devolví a su lugar poco convencida. Me decidí a leerlo hace unos meses, luego de escuchar una entrevista que Oprah Winfrey le hizo a Don Miguel y darme cuenta que los cuatros acuerdos que propone empatan bien con algunos conceptos de la Psicología Positiva.

Don Miguel arranca el libro explicando que vivimos gobernados por el miedo. Vamos por la vida regidos por las creencias que nos han transmitido nuestros padres, la sociedad, el sistema educativo o la religión y utilizando el método de castigo/recompensa. El miedo al rechazo y a no ser suficientes nos orilla a convertirnos en alguien que no somos, vamos perdiendo contacto con nuestro yo esencial y alejándonos de la felicidad.

Si quieres leer más sobre el “yo esencial” y el “yo social” sigue este vínculo.

De ahí continúa explicando que para tener una vida más alegre y feliz tenemos que ser valientes, atrevernos a romper los acuerdos basados en el miedo –que suponen un gasto de energía muy grande- y construir acuerdos basados en el amor –que no sólo conservan nuestra energía, sino que pueden aumentarla-.

¿Cuáles son los cuatro acuerdos que sugiere Don Miguel Ruiz para tener una vida plena y feliz?

El primero: Sé impecable con tus palabras.

Este acuerdo tiene que ver con ser auténticos, coherentes con lo que pensamos y hacemos. Está relacionado también con el poder de las palabras.

Nuestras palabras dan forma a la realidad en la que vivimos; con ellas establecemos nuestras intenciones y nos expresamos.

Podemos utilizar nuestras palabras para construir o destruir. Es posible hacer crecer a una persona cuando resaltamos sus fortalezas, mostramos afecto, expresamos gratitud, decimos “te quiero”. También podemos destruir a alguien con una crítica, un chisme, una maldición o con algún comentario del tipo “no sirves para nada”, “qué ridícula te ves”, “deja que opinen los que sí saben” o “los hombres no lloran”.

Impecable –viene del Latín y significa sin pecado– con nuestras palabras, sobretodo con nosotros mismos. Significa no usar las palabras en contra nuestra, como cuando nos juzgamos, lastimamos y culpamos.

A mi lo anterior me hace pensar en la autocompasión, que nos ayuda a reemplazar la voz del crítico interior con una voz comprensiva, generosa, alentadora.

Ser impecable con nuestras palabras significa utilizar nuestra energía correctamente, en la dirección de la verdad y el amor –por nosotros mismos y por los demás-.

El segundo: No te tomes nada personalmente

Cuando pensamos que el mundo está pendiente de nosotros y nos creemos el centro del universo, tomarnos las cosas personalmente puede ser desastroso. Es mucha presión, ¿no?

Nos tomamos las cosas personalmente cuando, por ejemplo, vemos un grupo de personas hablando mientras miran en nuestra dirección y concluimos que están criticándonos; o cuando alguien nos grita y recibimos su veneno emocional, en lugar de considerar la posibilidad de que ese enojo tiene más que ver con esa persona que con nosotros.

¿Cuántas veces has sufrido pensando en qué van a pensar o decir de ti los demás?, ¿Cuántas veces te has quedado sentada en la mesa en lugar de bailar?, ¿Cuántos proyectos tienes en el tintero por miedo a ser criticado?

En realidad, cada quien andamos en nuestro mundo, preocupados por nosotros mismos. Las opiniones que cada uno emitimos responden a las creencias que tenemos, nuestros puntos de vista son personales y la verdad no es la misma para todos.

En este sentido, podemos contar con que siempre habrá alguien que nos juzgue, critique, rechace, no nos quiera o nos visualice ardiendo en el infierno.

Para evitar caer presas de vivir queriendo complacer a todo mundo podríamos recurrir al dicho: “lo que los demás piensen de mi, no es mi problema”. Esto no lo dijo Don Miguel, pero tampoco sé quién sí lo dijo.

El tercero: No hagas suposiciones

Esta es la pata de la que yo cojeo.

Tendemos a hacer suposiciones de todo y el problema es que al hacerlo, terminamos creyendo que todo lo que suponemos es cierto.

Esta es una trampa de pensamiento muy común. Con frecuencia utilizamos únicamente los datos que sirven para apoyar nuestras suposiciones y dejamos fuera todo lo demás.

No nos atrevemos a preguntar y entonces rellenamos los espacios en blanco con la imaginación. Y esto es tierra fértil para el sufrimiento.

Alguien te mira de cierta manera y arrancas en estampida a fabricar una historia con todas las razones por las que esa persona ya no te quiere o te desea cosas malas.

Asumimos que nuestra pareja sabe lo que pensamos y sentimos porque nos conoce muy bien. Damos por sentado que no tenemos que comunicar nada a nuestros amigos cercanos pues ya deberían saberlo. Esto es receta para problemas y malos entendidos.

Preguntar es siempre mucho mejor que suponer.

El cuarto: Haz siempre el máximo que puedas

Me gusta este.

Dar siempre nuestro máximo esfuerzo aceptando que nuestro máximo esfuerzo puede cambiar. En días en que nos sentimos enfermos nuestro nivel máximo será menor que en un día que nos sentimos sanos.

Este concepto lo relaciono con la idea de “permiso para ser humano” de la Psicología Positiva. Permiso para no ser súper héroes, todólogos y sentir las emociones difíciles.

Si damos nuestro máximo, entonces no hay cabida para los reclamos, las culpas, los arrepentimientos. Hay lugar para la tranquilidad y la paz.

Dice Don Miguel… “Ser, arriesgarnos a vivir y a disfrutar de nuestra vida, es lo único que importa. Di que no cuando quieras decir que no, y di que sí cuando quieras decir que sí. Tienes derecho a ser tú mismo. Si eres impecable con tus palabras, no te tomas nada personalmente y no haces suposiciones puedes transformar un infierno en un cielo… Y sólo puedes hacerlo cuando haces lo máximo que puedes”.

Me parece que, en lo más puro, todas las sabidurías, corrientes filosóficas y ciencias duras están de acuerdo con respecto a eso que se traduce en felicidad y bienestar. No importa si viene de los Toltecas, los Budistas o los académicos, en su esencia, la felicidad parece estar hecha con los mismos ingredientes.

 

http://www.bienestarconciencia.com

El anti GRIT

Quitting

Hoy me voy a correr el riesgo de opinar poniéndome a tono con la clásica frase… “las cosas ya no son como antes” y que entre líneas invariablemente sugiere que las cosas antes eran mejor.

Hace unos años, cuando mis hijas empezaron a jugar basquetbol en el equipo del colegio, descubrí un cambio en las reglas del juego que me inquieta hasta el día de hoy. Ni el paso del tiempo, ni la repetición me han permitido asimilarla o encontrarle las bondades que dicen que tiene. Me hace corto circuito cada vez.

La regla dice que si un equipo le va ganando al otro por 20 puntos, el marcador se apaga o se esconde.

La primera vez que desenchufaron el tablero electrónico pensé que se había descompuesto. Le dije a la mamá sentada junto a mi: “mira, algo le pasó al marcador” y ella me respondió: “no le pasó nada, lo apagaron porque nos están patizando”. ¿Qué?

Se supone que con esta regla protegemos los sentimientos y la motivación de los deportistas.

¿Será?

A mi algo me dice que la cosa no va por ahí y que el antiguo método -él que nos tocó a las generaciones pasadas- es mucho mejor para desarrollar la resiliencia y formar el carácter de nuestros hijos.

Desde mi punto de vista, desaparecer el marcador cuando el equipo rival gana por cierta cantidad de puntos, manda los siguientes mensajes: “game over”, “no hay más que hacer”, “hemos perdido la esperanza en ustedes”, “ya da lo mismo”, “tiren la toalla”.

Me parece más honroso abandonar la cancha con un marcador espantoso en contra que con un marcador fantasma.

La resiliencia o capacidad para superar adversidades forzosamente arranca de la realidad sin camuflajes. ¿Cómo nos levantamos de una derrota y aprendemos de ella si no es dándole la cara?

¿Por qué tenemos tanto miedo los padres a dejar que nuestros hijos se revuelquen con la vida tal y como es? ¿Por qué hacemos hasta lo imposible para evitar que prueben el sabor de la desilusión, el fracaso o la frustración?

Estamos dejando sobre la mesa oportunidades para que nuestros hijos aprendan cómo trabajar duro para alcanzar objetivos difíciles, cómo dar su mejor esfuerzo, cómo ganar y perder decorosamente.

Una de las quejas más frecuentes ahora en las empresas es que los jóvenes no toleran ni las dificultades, ni las incomodidades, renuncian a la primera de cambios, andan por los pasillos necesitando reconocimientos por llegar a tiempo y creyéndose merecedores del mundo sólo por que sí.

La evidencia comienza a mostrarnos que con las mejores intenciones estamos criando niños sin recursos o habilidades para la vida, “sin calle”. Queremos hacerlos sentir especiales y felices a cualquier costo en el corto plazo, sin darnos cuenta que con esto podríamos estar comprometiendo su felicidad de largo plazo.

Levanta la mano, por ejemplo, si en las fiestas te avientas a recoger los dulces que caen de la piñata para dárselos a tus hijos, si controlas sus grupos de amigos, si les resuelves todos y cada uno de sus problemas, si te le has lanzando a la yugular a un maestro por haberle llamado la atención a alguno de tus niños.

Las cosas han venido cambiando de unos años para acá. Ahora los diplomas y medallas son para todos. Quien no saca un premio por calificaciones notables, lo saca por ser buen ciudadano o por ser muy simpático.

Hace unas semanas dediqué un artículo al tema de GRIT. Sigue este vínculo si quieres conocer más sobre este concepto.

Con GRIT asociamos frases del tipo “no rendirse”, “resistir frente a la adversidad”, “continuar a pesar del fracaso” y la ciencia ha descubierto que está detrás de la mayoría de las historias de éxito.

Caroline Adams Miller define GRIT como el tipo de comportamiento obediente y disciplinado necesario para el cumplimento de metas de largo plazo, eso que nos hace continuar a pesar del fracaso.

Me pregunto… ¿Y cómo van a aprender a desarrollar el GRIT nuestros hijos si no los dejamos practicar ni siquiera en la cancha? ¿Si atravesamos la ciudad para llevarles el uniforme que olvidaron –porque no lo empacamos nosotros en la mochila- en lugar de dejar que los pongan a correr 10 vueltas?

A mi me gustaría dejar encendido el marcador, me gustaría más enviar el mensaje de que el juego no se acaba hasta que se acaba y mientras tanto hay que luchar. Apagar el tablero o esconderlo debajo de la mesa me parece muy anti GRIT.

¿Tu que opinas?

http://www.bienestarconciencia.com

Y a ti qué te mueve… ¿El amor o el miedo?

miedo amor

Hace unos años descubrí que detrás de mi manera de vivir estaba siempre bien instalado el miedo. La epifanía me agarró caminando en una de las veredas de mi cerro preferido dos días después de la partida de Lola, la perra bóxer que me había acompañado 13 años. Esa mañana yo subía la montaña literalmente para estar más cerca del cielo, para estar más cerca de Lola.

A medio camino, de la nada y de pronto, entendí con claridad que la mayoría de mis decisiones respondían al miedo y no al amor. Evitaba cualquier cosa que me hiciera sentir incómoda, ansiosa, que me sacara de mi zona cómoda y de seguridad. Entre decir lo que pensaba e incomodar a alguien, prefería quedarme callada; entre publicar mi trabajo y arriesgarme a que me criticaran, mejor me lo guardaba; entre decir que no y decepcionar a alguien, mejor decía que sí. ¿Te suena?

Lo más irónico es que vivir de esa manera nunca me dio tranquilidad. Bien dicen que todo aquello a lo que le ponemos atención crece. Yo le ponía atención a lo que podía salir mal y la consecuencia de vivir evitando lo que me daba miedo era vivir con más miedo.

El momento “¡ajá!” me llegó cuando visualicé la gigantesca contradicción que existía entre mi más grande anhelo y mi conducta.

Yo quiero ser abuela y vivir hasta los 100 años para acompañar a mis hijas y nietos lo más posible. Al mismo tiempo, evitaba someterme a cualquier tipo de consulta o análisis médico –me aventé unos 7 años sin hacerme estudios de laboratorio, por ejemplo-. No es que me dieran miedo las agujas o los piquetes, no era por ahí. Más bien me aterraba que pudieran encontrarme alguna enfermedad terrible. Entonces… “si no busco, no encuentro” era mi filosofía y la decisión congruente con el miedo.

Pero esa conducta estaba totalmente en guerra con mi deseo de vivir mucho tiempo. Durante la caminata de esa mañana entendí que una decisión motivada por el amor más bien me impulsaría a monitorear y atender mi salud. Esa conducta, alimentada por el amor, era mucho más congruente con mi anhelo de quedarme por aquí largo rato.

Somos las historias que nos contamos. Pasamos nuestros días recopilando información coherente con las historias que nos fabricamos. Filtramos datos, aceptamos algunos y rechazamos otros. Al hacer esto, elegimos activamente el mundo que percibimos.

Dice Gabrielle Bernstein, autora del libro “The Universe Has Your Back: Transform Fear into Faith”, que lo que percibimos está en función de lo que interpretamos. Podemos interpretar una discusión con nuestros hijos como una razón más para pensar que no servimos como padres o podemos verla como una oportunidad de aprendizaje, crecimiento y fortalecimiento de nuestra relación. Podemos interpretar el diagnóstico de una enfermedad como el fin del mundo o como una oportunidad para bajar el ritmo y enfocarnos en lo importante. Podemos interpretar nuestro trabajo como una obligación a la que tenemos que sobrevivir o podemos verlo como un espacio donde podemos realizarnos y conectar con los demás.

¿Respondes al miedo o respondes al amor?

¿Haces el amor con la luz apagada porque no tienes un cuerpo perfecto y temes ser rechazada o te amas a ti misma y te permites disfrutar el momento?, ¿Evitas levantar la mano para expresar tus opiniones por miedo a equivocarte o te avientas pensando que los errores son una oportunidad para aprender? ¿Te guardas un “te quiero”, un “te admiro” o un “te ofrezco disculpas” por miedo a mostrarte débil y vulnerable o te atreves a ponerlos en voz alta para conectarte con los demás?

¿Dejas de viajar porque te aterra el avión o te subes –aunque sea temblando- por el amor a conocer lugares nuevos?, ¿ Rechazas invitaciones a paseos porque te da miedo que te pique algo y pones mil excusas o empacas el repelente contra insectos porque amas pasar tiempo con tus amigos?, ¿No escribes ese cuento que tienes en la cabeza hace mucho por temor a la crítica o te das la oportunidad de ser valiente haciendo algo que te inspira?

Nuestras historias de miedo viven en nuestro subconsciente, debajo de la piel o en el rincón más oscuro donde pretendemos esconderlos. Pero siempre encuentran cómo salir.

La cosa es simple. Si no atendemos la lección, si no resolvemos el problema, si no le damos la cara al miedo… la vida se encargará de fabricarnos oportunidades hasta que aprendamos. Cada nuevo dolor físico o examen médico es una oportunidad para mi de superar ese miedo, de acortar el tiempo de angustia, de ser valiente.

Podemos restablecer nuestra felicidad cuando decidimos hacerle frente al miedo.

Cuando nos sentimos atrapados por una historia de miedo es necesario hacer una pausa e intentar contarnos la misma historia desde un lugar de amor. Es importante preguntarnos… ¿Cómo me bloquea esta historia que me cuento y cómo puedo verla diferente?

Tenemos la posibilidad de ver el mundo a través del lente del miedo o a través del lente del amor. Y el lente que elegimos tiene un impacto muy poderoso en cómo nos sentimos y en qué hacemos.

¿Qué opinas?

Nelson Mandela lo dijo muy bien… “Que tus decisiones reflejen tus sueños, no tus miedos”.

http://www.bienestarconciencia.com

 

 

Lista de vida

bucket list 1.jpg

Me gustan los aviones sí y sólo sí tengo ambos pies sobre la tierra. El modo vuelo no es lo mío. Y a las personas que desconfiamos de las máquinas voladoras, no nos ayuda nada un cielo cargado de nubes negras y un piloto que amablemente nos anticipa por el altavoz “turbulencia de ligera a moderada durante la ruta de esta noche”.

Cuando abordo una aeronave, mi cerebro activa la alarma del sistema nervioso central. Aparece un pensamiento angustiante que llega asegurándome que su intención es noble, que lo único que quiere es protegerme del peligro inminente y hacerme escapar antes de que cierren la puerta. Estoy consciente de sus exageraciones, me queda claro que siempre se equivoca –aquí sigo-, pero igual viaja conmigo fielmente. En respuesta a lo anterior he desarrollado la costumbre de enviarle mensajes de cariños a mis personas favoritas antes de despejar, ya sabes, por si las dudas.

Hoy este pensamiento se juntó con otro a 10,000 metros sobre el nivel medio del mar y se me ocurrió el tema para el artículo de esta semana: “Lista de vida” –en inglés “Bucket list”-.

Una lista de vida es una colección escrita de todo lo que nos gustaría hacer antes de morir.

Muchas personas tienen una idea de lo que quisieran hacer o les gustaría hacer a lo largo de sus vidas; pero muy pocas la tienen en papel y pluma o en computadora.

Tener una lista de vida escrita es importante por varias razones.

La primera porque nos obliga a pensar en la pregunta: ¿qué queremos de la vida?

La segunda es que cuando escribimos ideas les quitamos lo abstracto; dejan de pasearse amorfas por nuestra mente y bajan al mundo de la realidad. Esto da sentido a nuestras vidas y nos da una razón para hacer cambios substanciales. Cuando sabemos a dónde queremos ir podemos comenzar a trazar un plan.

La tercera es que ya que las ideas están claras empezamos a detectar oportunidades para llevarlas a cabo. Es como si el universo las hiciera visibles. Quizá te ha pasado que sientes ganas de comprarte cierto tipo de pantalones y comienzas a notar a todas las personas que los llevan puestos; o deseas tener un bebé y de pronto todas las mujeres a tu alrededor están embarazadas.

Escribir lo que queremos hacer antes de “colgar los tenis” es el primer paso para conseguirlo. Escribir nuestras intenciones es poderoso.

¿Cómo se hace una lista de vida o qué puedes poner en tu lista?

En realidad puedes hacerla como tú quieras y puedes poner lo que te plazca.

Te comparto algunas ideas sobre lo que puedes incluir…

Cosas que sirven en tu propósito superior de ser feliz –escribir una novela, dar una conferencia en TED, crear una fundación para sacar a perros de las calles, construir casas con material reciclado-.

Puedes incluir cosas que ya lograste o hiciste –correr un maratón, hacer el recorrido de Matacanes, escribir un libro de estrategias para vivir más feliz, graduarte de la escuela de arte, tener hijos, tener un perro Golden Retriever-.

Piensa en diferentes aspectos o categorías en tu vida –cosas que quieras hacer con tu pareja, familia, amigos, metas profesionales-.

Lugares que te gustaría visitar, libros que leer, clases de algo que te guste y llame tu atención –batería, canto, buceo-. Experiencias que te gustaría tener –ver la aurora boreal, hacer el camino de Santiago de Compostela en bicicleta, nadar con tiburones ballena, bailar bajo la lluvia, ir a un concierto de Maroon 5, ver jugar a Roger Federer, tomarte una foto con Shakira-.

Las locuras valen también –tirarte de paracaídas, comer gusanos, nadar en un río, pintarte el pelo de azul-.

Es tu lista. Nadie tiene que estar de acuerdo con ella. Escribe lo que tú quieras, siempre y cuando esté alineado con lo que para ti es importante y te acerque a tu versión más auténtica.

Y una vez que tengas tu lista –a la que siempre podrás ir agregándole nuevas ideas- lo que sigue es palomear cada ítem o la mayoría.

Pd. Aterrizamos. La tan anunciada turbulencia nunca llegó. Fue un vuelo perfectamente tranquilo y ahora toca seguir cumpliendo con mi lista de vida.