Felicidad en movimiento

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“Aquellos que piensan que no tienen tiempo para hacer ejercicio, tarde o temprano tendrán que encontrar tiempo para estar enfermos” -Edward Stanley-

¿Te has puesto a pensar en la importancia que tiene tu estado de salud en tu sensación de felicidad?

Cuidar nuestro cuerpo es clave para ser feliz. Quizá resulte obvio decirlo, pero es el único lugar que tenemos para vivir y cuando nos sentimos mal o no tenemos la energía suficiente para llevar a cabo nuestras actividades… ser feliz es más complicado.

Si tuviera que apostar diría que en algún momento de tu vida has escuchado las tres reglas de oro de la salud: Hacer ejercicio, comer sano y dormir suficiente. En la publicación de la semana pasada hablamos sobre la importancia de descansar. Hoy toca moverse.

El libro “Come, muévete y duerme” de Tom Rath, es uno de los libros que más me han servido para entender el papel protagonista que el ejercicio y el movimiento tienen en nuestro bienestar físico y emocional. Está lleno de datos de esos que impresionan y motivan a hacer cambios pequeños, pero que suman en el tiempo.

Cuando hacemos ejercicio nuestro cerebro produce endorfinas, que son hormonas directamente asociadas a la felicidad. Es por esto que después de hacer ejercicio nuestros niveles de energía y sensación de felicidad aumentan. En largo plazo, el ejercicio alivia el estrés, baja la presión arterial, reduce el colesterol, mejora el estado de ánimo, eleva la creatividad y alarga nuestras vidas.

Con frecuencia relacionamos las palabras “hacer ejercicio” con actividades físicas intensas que nos hacen sudar la gota gorda. Si te gustan, tienes tiempo y eres disciplinado para hacerlas, ¡Súper! Pero si este no es tu caso… encontrar la manera de moverte naturalmente y agregarle acción a tu rutina sería una buena idea.

¿Cuántas horas al día estás sentado?

Hoy en día pasamos, en promedio, más tiempo sentados que durmiendo. Despertamos en la mañana y nos sentamos a tomar café leyendo noticias o revisando el teléfono. Luego nos sentamos en el carro para ir al trabajo y aquí el tiempo de traslado puede estar entre media hora y tres horas. En la oficina estamos sentados entre 8 y 10 horas –la oficina móvil de las mamás también cuenta-. Manejamos sentados de regreso a casa, a donde llegamos a relajarnos –sentados- viendo la televisión. Nuestros hijos también pasan muchas horas en una silla en el colegio, en un sillón viendo Netflix o derretidos en la cama usando aparatos electrónicos.

El cuerpo humano no está diseñado para esto. Nuestros ancestros pasaban la mayor parte del día moviéndose a pie o de manera natural –cazando, buscando agua, cuidando la tierra, pastoreando-. Las labores requerían de más trabajo físico. En cambio hoy podemos resolver muchas cosas haciendo “click” en todo tipo de aparatos electrónicos. Las lavadoras de ropa y los aparatos electrodomésticos han cambiado la manera en que cocinamos y limpiamos. Cada vez podemos hacer más cosas desde nuestro teléfono inteligente: ordenar comida, pagar cuentas, monitorear la seguridad de lugares y hasta enviarle un ecocardiograma al doctor con una aplicación. Todo esto hace nuestra vida más fácil, cómoda y eficiente. Pero estamos eliminando oportunidades de movimiento y el costo es alto en términos de salud.

Dice Tom Rath que estar sentado es la amenaza a la salud más subestimada de nuestros tiempos. Te comparto algunos datos escabrosos que presenta en su libro:

  • Según estudios de la Clínica Mayo estar sentados es igual de peligroso para el corazón que fumar. Actualmente, la inactividad mata a más personas que el cigarro.
  • Estar sentado más de seis horas al día incrementa tu riesgo de morir joven.
  • En cuanto te sientas, la actividad eléctrica de tus piernas se apaga, el número de calorías quemadas baja a 1 por minuto y la producción de enzimas que ayudan a disolver la grasa se reduce en 90% por ciento.
  • Después de dos horas de estar sentado, tu colesterol bueno cae 20%, esto hace que el riesgo de una enfermedad cardiovascular aumente.
  • Cuando estás sentado presionas células que hacen que el cuerpo produzca 50% más grasa. Sentarte por periodos largos de tiempo literalmente hace que te crezcan la panza y las caderas.
  • Datos muestran que las personas que ven televisión más de cuatro horas al día tienen el doble de probabilidades de tener un evento cardiaco que los mate o los mande al hospital.
  • Una persona que ve más de 6 horas al día de TV tiende a vivir en promedio 5 años menos.

Impresionante… ¿No?

Pareciera que tenemos que incomodarnos un poco más para mejorar nuestra salud y felicidad y hacer un esfuerzo deliberado para introducir movimientos naturales en nuestra rutina.

¿Qué podemos hacer? Cambios pequeños acumulados en el tiempo tienen la capacidad de transformar nuestras vidas. Estas son algunas ideas:

  • Si tienes que trabajar muchas horas sentado haz pausas. Toma agua para que al menos tengas que levantarte al baño.
  • Pon una alarma en tu reloj que suene cada 20 minutos y levántate a caminar alrededor de tu oficina.
  • Sé creativa y encuentra tiempo para caminar. Según estudios de la Clínica Mayo una caminata dinámica diaria de 10 minutos puede disminuir el riesgo de un ataque cardiaco a la mitad.
  • Reduce tu consumo de televisión y dedica el tiempo recuperado al ejercicio.
  • Graba tus series o programas favoritos y ponles “play” mientras te mueves.
  • Encuentra oportunidades para estar de pie, por ejemplo, toma las llamadas de teléfono estado parado o caminando en tu sala, cocina u oficina.
  • Sube al cuarto de tus hijos para avisarles que ya está la cena en lugar de enviarles un “WhatsApp”.
  • Usa las escaleras en lugar del elevador y estaciónate lejos.
  • Trabaja en tu jardín.
  • Juega con tus hijos en el parque en vez de saludarlos sentado desde tu banca.

Organiza tu entorno de manera que tengas que moverte, en lugar de organizarlo para tu conveniencia. Incomodándonos un poco podemos mejorar nuestro bienestar físico y emocional.

¿Qué pequeño cambio vas a hacer hoy para moverte más?

La felicidad despierta cuando duermes

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“La risa y el sueño son la mejor cura para cualquier cosa” –Proverbio Irlandés

¿Sabías que dormir suficiente es clave para vivir más sano y más feliz?

Desde que estar muy ocupados y hacer mil cosas al mismo tiempo se ha puesto de moda… dormir se ve mal. El problema es que cuando sacrificamos horas de sueño para completar más actividades ponemos en riesgo nuestro bienestar físico y emocional.

Muchos tomamos las horas de sueño como comodines, elementos flexibles que podemos quitar cuando necesitamos acomodar todo lo demás en nuestra agenda.

Si el día no es suficiente para cumplir con nuestras obligaciones usamos la noche. Nos desvelamos o ponemos el despertador de madrugada para ganar tiempo. Esto es una mala idea.

Cuando estamos cansados disminuye nuestra habilidad para notar los detalles positivos. La falta de sueño reduce la inteligencia emocional, deteriora la autoestima y, como consecuencia, nos hacemos menos asertivos. También disminuye nuestra capacidad para sentir empatía, deteriora las relaciones interpersonales y nos vuelve impulsivos.

Nuestro cerebro interpreta la falta de sueño como una amenaza al sistema nervioso central, se pone en alerta máxima y escanea el entorno para detectar amenazas adicionales. Es como si el mundo se nos viniera encima cuando estamos cansados. Dormir poco provoca mal humor. Si notas que tus hijos o tu pareja están crónicamente irritables explora si están durmiendo suficiente… puede ser que no. Lo mismo aplica para ti.

¿Te enfermas muy seguido o no logras bajar de peso? Es posible que estés durmiendo poco o mal. Nuestro sistema inmunológico es mucho más resistente y nos da menos hambre cuando descansamos suficiente por la noche.

La falta de sueño tiene costos importantes en términos de desempeño. En las empresas es motivo de orgullo anunciar que pasamos toda la noche trabajando, los “all-nighters” son sinónimo de compromiso y capacidad. Desafortunadamente, una hora menos de sueño no equivale a una hora de logros extras. Dentro de las organizaciones, la falta de sueño crónico de los empleados es una de las principales causas de desgaste o “burnout”.

Un estudio encontró que perder 90 minutos de sueño reduce nuestro nivel de alerta durante el día en 33%. Si pensamos en todo lo que demanda nuestra atención, un tercio tiene consecuencias importantes. Todo cuesta más trabajo cuando tenemos sueño. El mismo correo electrónico puede redactarse en 5 minutos o en 1 hora dependiendo del nivel de cansancio.

Hace unos meses leí un dato que me impresionó… Manejar cuando no dormimos o cuando dormimos muy poco es tan peligroso como manejar ebrio. Según investigaciones dormir 4 horas menos en una noche produce el mismo deterioro en nuestras capacidades que tomar un “six-pack” de cerveza. En otras palabras… estar desvelado en el trabajo equivale a estar bajo los efectos del alcohol. ¿Te atreverías a llegar borracho a la oficina? ¿Te parecería bien que tus empleados llegaran a trabajar en este estado? Creo que no. Entonces… ¿por qué sí aceptamos déficits de sueño?

Esto me hace pensar en los jóvenes. Con frecuencia noto a mis estudiantes cansados. Se les cierran los ojos, se derriten en el asiento, recargan la cabeza en sus brazos y uno que otro se queda dormido. La clase es a media mañana, el contenido es interesante y, hasta donde sé, la maestra no es letalmente aburrida. La falta de energía es notoria. Duermen menos de lo que necesitan. Si consideramos el dato anterior… es posible que nuestros hijos adolescentes estén manejando a clases en un estado equivalente al que produce el alcohol.

Los atletas de alto rendimiento además de entrenar duro y comer bien duermen al menos 8 horas por noche. Roger Federer, Lebron James, Usain Bolt y Tom Brady, por ejemplo, duermen entre 8 y 10 horas diarias. Tan importante es la recuperación y el descanso como el entrenamiento.

Las empresas, las instituciones educativas, los papás y mamás debemos poner énfasis en la importancia de dormir suficiente para mejorar nuestra calidad de vida personal. Creo yo que es un desacierto promover o glorificar el dormir pocas horas. Somos más felices cuando descansamos y tenemos energía para hacer lo que tenemos que hacer.

 

 

La felicidad es rentable para las empresas

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¿Cómo es que la felicidad, un concepto tan “soft”, ha logrado meterse al duro mundo corporativo?

La felicidad en el trabajo es un tema que ha venido posicionándose en la agenda de las organizaciones en los últimos años. Varios factores explican la incursión de la felicidad al mundo laboral. Algunos tienen que ver con cambios de paradigmas y otros con la disponibilidad de información nueva que invita a la reflexión.

Han comenzado a quebrarse dos creencias de raíces profundas que por años han fijado nuestro concepto con respecto al trabajo…

La primera tiene que ver con un cambio de enfoque. En la publicación pasada hablamos sobre esta actitud –con frecuencia hostil- que tenemos con respecto al trabajo. Tendemos a verlo como una obligación con la que tenemos que cumplir. El trabajo no es algo que se disfruta, sino algo que se tolera.

La segunda creencia está relacionada con las emociones. Quizá te suene conocida la frase: “los problemas de trabajo se quedan en el trabajo y los problemas de la casa se quedan en casa”. No está permitido hablar de emociones en el trabajo, los sentimientos ahí no tienen lugar.

Con respecto a la primera, investigaciones en todo el mundo señalan que la satisfacción en el trabajo es clave para nuestro bienestar por dos razones: identidad y tiempo. Nuestro trabajo en gran parte nos define. Es parte de lo que somos. Por otro lado, en la oficina o en el lugar de trabajo es donde pasamos la mayor parte del tiempo. Las nuevas generaciones comienzan a buscar en el trabajo algo más que un medio para ganarse la vida y esperan encontrar en este ámbito una oportunidad para desarrollarse, trascender y obtener satisfacción.

La segunda sostiene que la vida personal no debe mezclarse con la profesional y las personas debemos ser capaces de separar ambos universos. La cosa es que los problemas del trabajo y los de la casa tienen algo en común: la persona que los carga. Cada uno de nosotros viajamos con nuestros pensamientos y emociones a todos lados. Y no sé qué tan bueno seas tú para separar tus mundos, pero yo… no puedo. No he logrado construir un muro lo suficientemente alto o impenetrable para evitar que los dos se me revuelvan. No puedo, por ejemplo, dejar de sentirme preocupada en el salón de clases cuando alguna de mis hijas está enferma en casa. Me parece que esto finalmente está cambiando. Estamos comenzando a convivir con esta idea de emociones y sentimientos que atraviesan barreras gracias al conocimiento generado en el área de Psicología Positiva.

¿Qué más? Desde mi punto de vista tres razones explican que las empresas estén volteando a ver a la felicidad como una estrategia alternativa de liderazgo.

La razón uno tiene que ver con las ventajas de la felicidad en el trabajo. Las personas felices generalmente son mejores empleados. Llegan más temprano, faltan menos –tienen mejor salud-, trabajan mejor en equipo, son mejores líderes, atienden bien a los clientes, son más leales a la empresa, se accidentan menos, son más creativos e innovadores, venden más y son menos propensos a sentirse desgastados o a experimentar “burn-out”. Estas características son buenas noticias para las empresas pues afectan positivamente las utilidades: aumentos en los ingresos –mejor servicio al cliente, mayores niveles de ventas, más productividad e innovación- y reducciones en costos -gastos asociados a temas de salud, ausentismo laboral, accidentes, rotación-. Las empresas se benefician cuando sus empleados son más felices dentro y fuera de la oficina pues los recursos personales que ponen a disposición de la empresa son de mejor calidad. El bienestar es un bueno para los negocios. En otras palabras: empleados felices hacen empresas más rentables. La felicidad tiene un impacto positivo el ultimo reglón o “bottom line” de las organizaciones.

La razón dos tiene que ver los malos resultados del modelo de liderazgo basado solamente en mejorar el nivel de compromiso –“engagement”– de los empleados para impulsar la calidad en el desempeño de sus funciones. Existe un vínculo entre el nivel de involucramiento de los empleados con su trabajo/organización y los resultados de la empresa. Por esta razón, las organizaciones invierten una gran cantidad de recursos para mejorar este indicador de “engagement”. ¿Qué tal ha funcionado este modelo? De acuerdo con el último reporte de la Encuesta Global de Compromiso de los Empleados realizada por Gallup alrededor del 80% de los empleados en el mundo NO está comprometido con su trabajo. Según datos de este estudio, solamente el 13% está comprometido –colaboradores que dan la milla extra, están interesados en lo que hacen y contribuyen positivamente en su trabajo-. ¿Qué distingue a los empleados comprometidos de los no comprometidos? Los primeros son personas más felices. Estos resultados sugieren que el modelo actual está incompleto. Antes de pensar en aumentar el “engagement” de los colaboradores es necesario acercarles herramientas para mejorar su bienestar personal. Liderar primero para la felicidad, luego compromiso y desempeño. Las personas que se sienten bien funcionan mejor. Es simple.

Finalmente, las nuevas generaciones nos están haciendo saber que el modelo tradicional de liderazgo parece estar alcanzado su fecha de caducidad. Los jóvenes no están dispuestos a dedicar sus vidas únicamente a trabajar para vivir. Las empresas tienen que renovar sus estilos de liderazgo y poner en el centro a la persona para atraer nuevos talentos. La semana pasada tuve la oportunidad participar en ExpoGestão, un congreso de negocios en Brasil. Compartí el foro con João Paulo Pacifico, un joven emprendedor fundador de Grupo Gaia, que ha hecho de la felicidad parte integral de su modelo de negocios. Tienen en su empresa una cultura de trabajo basada en felicidad y aplican varias de las herramientas de la psicología positiva. En su presentación João Paulo comentó que en meses pasados recibieron más de 10,000 solicitudes de empleo para una sola vacante. Me parece que esta razón de 10,000 a 1 tiene un mensaje poderoso. Las nuevas generaciones están buscando algo más en los lugares de trabajo.

La felicidad ha venido ganando terrero en el mundo empresarial y esto me emociona. Una combinación donde la gente encuentre en el trabajo una fuente de satisfacción ofreciendo sus recursos personales de mejor calidad y las empresas mejoren sus indicadores de desempeño es, sin duda, una combinación ganadora.

 

Aberjdsglaede: Felicidad en el trabajo

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¿Felicidad en el trabajo?… ¿Qué?, ¿De qué estás hablando? Podemos hablar de felicidad por un lado y de trabajo por el otro, pero estas dos palabras en la misma oración hacen corto circuito. Ser feliz en el trabajo es imposible… ¡Es trabajo!. A la felicidad la dejamos en la puerta de entrada a la oficina -junto al reloj checador- y la recogemos al salir.

Existe la idea generalizada de que el trabajo es una obligación con la que tenemos que cumplir para ganarnos la vida y que no tiene que gustarnos. El trabajo es algo que se tolera solamente. Vivimos esperando con ansias los viernes y el domingo en la tarde empieza a recorrernos una especia de desánimo y pesadez que anuncia la próxima llegada del odiado lunes.

A mi me parece que esta manera de pensar es desgastante y un cambio de enfoque nos vendría bien. Hoy me gustaría compartir contigo algunos conceptos interesantes que ha encontrado la ciencia con respecto a la importancia de ser feliz en el trabajo.

El trabajo es fundamental para nuestro bienestar. Gallup, una empresa Estadounidense que realiza encuestas de opinión en todo el mundo, se dio a la tarea de investigar qué explica el bienestar de una persona. Los resultados de encuestas en más de 150 países permitieron identificar 5 elementos del bienestar que son universales: bienestar en el trabajo, bienestar social, bienestar financiero, bienestar físico y bienestar en la comunidad. Y ¿Quieres saber cuál de estos 5 elementos salió como fundamental? El bienestar en el trabajo.

¿Por qué?

Por un tema de identidad y otro de tiempo. Nuestro trabajo en gran parte nos define. Cuando nos preguntan y ¿Qué haces? o ¿A qué te dedicas? respondemos justo lo que hacemos en el trabajo. Es parte de lo que somos y en buena medida determina la calidad de nuestras vidas. Dónde de vivimos, los amigos que tenemos y las oportunidades que se nos presentan están altamente influenciadas por el trabajo que hacemos. Por otro lado, en la oficina o en el lugar de trabajo es donde pasamos la mayor parte del tiempo. Es donde estamos de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde -si bien nos va- cinco días a la semana, cincuenta semanas al año durante unos 40 años.

Cuando nuestro trabajo no está alineado con lo que disfrutamos haciendo se generan problemas en otras áreas de nuestras vidas. ¿Has tenido un mal día o una mala racha en el trabajo?, ¿Cómo llegas a tu casa? o ¿Cómo llega tu pareja a la casa después de un pésimo día en la oficina? Los costos físicos y mentales de la frustración y el estrés profesional pueden ser muy altos.

Estudios sobre satisfacción en el trabajo muestran que los Daneses son la fuerza laboral más feliz del mundo. Incluso tienen una palabra especial para referirse a la felicidad en el trabajo: Aberjdsglaede. Para la mayoría de los Daneses, el trabajo no es únicamente un medio para ganar dinero, sino una fuente de satisfacción personal. En Dinamarca existe una filosofía de trabajo basada en felicidad y la expectativa es pasarla bien. ¿Qué pasaría si cambiáramos nuestra manera de pensar con respecto al trabajo y en lugar de verlo como un mal necesario lo viéramos como un espacio donde podemos aprender, desarrollar nuestras habilidades y pasarla bien? Me parece que los lunes dejarían de ser tan tenebrosos.

Otro concepto interesante detrás de nuestras ideas sobre el trabajo tiene que ver con la relación entre el éxito y la felicidad. Si ponemos atención a las personas que nos rodean y a nuestros estilos de vida es posible observar que la mayoría funcionamos bajo la lógica de la siguiente fórmula: el éxito lleva a la felicidad. En otras palabras… tenemos que ser exitosos para ser felices. Si estudiamos mucho, trabajamos duro y competimos fuerte seremos exitosos y cuando seamos exitosos, entonces seremos felices. Cuando gane más dinero, cuando me suban de puesto, cuando me gradué, cuando me cambie de casa, cuando tenga un mejor carro, cuando me case, cuando adelgace voy a ser feliz. Este patrón de pensamiento explica en buena parte lo que nos motiva en la vida y nuestra manera de vivir. Estos atrapados en la “trampa del cuando”.

El problema es que esta fórmula no funciona muy bien. Shawn Achor, experto en felicidad en el trabajo, argumenta que si el éxito causa felicidad entonces cada persona que recibe una promoción o un aumento de sueldo, cada estudiante que es aceptado en una universidad o cualquier persona que ha alcanzado una meta debería ser feliz.

Pero sucede que cuando alcanzamos una meta inmediatamente ponemos otra más alta y nuestra definición de éxito se vuelve más exigente. Al final parece que la felicidad nos queda siempre un paso adelante. Siempre a la vuelta de la esquina.

La ciencia nos dice que la fórmula está al revés: felicidad primero, éxito después. No es que la fórmula tradicional no sirva. Después de todo es el patrón que hemos venido siguiendo y ahí la llevamos. Pero esta nueva fórmula es mucho más eficiente y genera menos fricción. ¿Por qué? Porque cuando nos sentimos bien tenemos acceso a nuestros recursos de mejor calidad, funcionamos mejor y ser exitosos se vuelve más fácil. Si quieres conocer un poco más sobre las ventajas de la felicidad sigue este vínculo.

Con lo anterior vale la pena reflexionar… ¿Me gusta mi trabajo o lo veo sólo como un medio para ser exitoso y luego ser feliz? ¿Busco el éxito a costa de mi bienestar? Hay muchas personas allá afuera con carreras muy exitosas que no disfrutan lo que hacen y sufren las consecuencias personales del desgaste. Trabajar en nuestra felicidad primero es una buena idea pues alcanzar el éxito se hace más probable.

Por último… Ser feliz tiene ventajas en el trabajo. Los empleados relativamente más felices reciben mejores evaluaciones en sus reportes de desempeño, tienen mayores sueldos y son promovidos más rápido. Desarrollar la habilidad de ser feliz es una excelente idea si quieres crecer dentro de tu organización pues resalta tus competencias. Te conviene.

Hacer menos pero mejor

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¿Te has encontrado a ti mismo fantaseando con la idea de tener días de más horas disponibles? Nuestras agendas están tan saturadas que pareciera que la única manera posible para hacer lo que verdaderamente nos gusta o nos apasiona sería teniendo horas adicionales.

En la publicación de la semana pasada hablamos sobre este nuevo fenómeno que se llama la glorificación de estar ocupados y de cómo nos parece meritorio no tener tiempo libre para nada.

La realidad es que, a menos que algo increíble pase, los días seguirán teniendo 24 horas. Si queremos hacer algo más que pendientes y obligaciones tenemos que fabricar espacios dentro de este margen de tiempo. Algo tenemos que cambiar para crear momentos placenteros, saborear los pequeños detalles de la vida, habitar el momento presente y avanzar en lo verdaderamente importante.

Hace unos meses leí el libro de Greg Mckeown “Esencialismo: La búsqueda disciplinada de hacer menos”. Me pareció genial. La propuesta del esencialismo consiste en reconocer que sólo cuando nos demos permiso de renunciar a tratar de hacer todo y dejemos de decirle que sí a cada persona o a cada evento que nos pase por enfrente podremos progresar en lo que da sentido a nuestras vidas. Hacer menos, pero mejor. El esencialismo no se trata de cómo hacer más cosas, sino de cómo hacer las cosas que importan más.

Antes de hablar sobre los consejos para vivir bajo los principios del esencialismo, McKeown nos ayuda a entender tres factores que explican el traqueteo del No-esencialismo en el que estamos ahogándonos.

Demasiadas opciones. ¿Te has sentido alguna vez agobiado frente a la tarea de decidir entre tantas opciones disponibles? Comprar un vino o un bloqueador solar, por ejemplo, puede ser abrumador. Tenemos que dedicar mucho tiempo a explorar los cientos de variedades y a distinguir entre las sutiles diferencias para asegurarnos de tomar la mejor decisión. La abundancia de opciones pudiera darnos una sensación de libertad, pero lo cierto es que nos hacemos rehenes del proceso de toma de decisiones. Nos confundimos, nos distraemos y gastamos mucho tiempo evaluando opciones –por curiosidad o simplemente por que están ahí- que muchas veces nada tienen que ver con nosotros. Tenemos tantas opciones disponibles –sabores de mermeladas, colores de tapices, restaurantes, fuentes de información- que decidir puede ser agotador. Hemos perdido la habilidad de filtrar lo que es importante de lo que no es.

Presión social. Nuestro nivel de conectividad ha incrementado la fuerza de la presión social. La tecnología ha eliminado barreras y ha hecho posible que otros opinen sobre aquello en lo que debemos enfocarnos. Las redes sociales facilitan las comparaciones sociales y nos marcan el patrón de lo que debe ser. Por pura presión social y por quedar bien con frecuencia terminamos haciendo lo que hacen los demás aunque no necesariamente nos guste –usar zapatos de tacón de 15 centímetros aunque nos den dolor de espalda- o siguiendo un estilo de vida que rebasa nuestras posibilidades económicas –organizando fiestas infantiles que parecen bodas o tomando vacaciones en el lugar de moda-.

La idea de que podemos tenerlo todo. La lista de habilidades, conocimientos y encantos que debemos tener para ser exitosos es cada vez más larga y exigente –por algo tenemos a nuestros hijos en clases de todo-. Nos han vendido la idea de que tenerlo todo es posible si tan solo encontramos la forma de volvernos eficientes. Existe allá afuera la manera de consumir y hacer todo al mismo tiempo sin desgaste… eso prometen cursos, anuncios y demás. Esto suena lindo en teoría, pero en la práctica equivale a tomar agua con manguera de bombero. Es imposible hacer todo al mismo tiempo y no atragantarse. Quizá podemos hacer todo, pero no al mismo tiempo.

Entonces… ¿cuáles son los principios del esencialismo y cómo creamos tiempo para hacer lo que más nos gusta e importa?

Greg McKeown propone tres pasos:

Explorar y evaluar. Seguido nos involucramos en actividades o adquirimos compromisos por inercia o entusiasmo de corto plazo para luego darnos cuenta que no nos aportan nada, no están alineadas con nuestros gustos, nos cuestan dinero y tiempo. Inscribirte en un curso de historia del arte que te recomendó un amigo cuando en realidad el tema no te interesa, aceptar un proyecto de trabajo que no es de tu área y no te inspira. Explorar y evaluar tiene que ver con infórmate antes de tomar una decisión y comprometerte con algo. Entonces, antes de decir que sí a cualquier cosa podrías tocar base con personas que sepan del tema, hacer preguntas, leer e investigar. De manera que cuando elijas algo estés seguro de tu decisión. Antes de comprar todo el atuendo para correr e inscribirte en un gimnasio podrías tomar una o varias clases de prueba.

Eliminar. El principio fundamental de cualquier trayectoria exitosa consiste en decir más veces que “no” que “sí”, en deshacernos de lo que sobra. A los latinos en especial nos cuesta trabajo decir que no. Tenemos esta naturaleza que nos empuja a complacer a los demás y nos resulta agonizante responder con una negativa a cualquier invitación. Fabricar espacios para disfrutar de los pequeños detalles y avanzar en eso que le da sentido a nuestras vida requiere de una limpia casi salvaje. Tirar lo que no sirve, como cuando nos deshacemos de la ropa vieja, que no usamos, que nunca nos gustó o que ya no nos gusta. Decirle que no a Facebook para leer el libro que nos interesa, eliminar compromisos y comparaciones sociales, poner límites son estrategias que nos acercan a una vida más esencial.

Plan de acción. Para trabajar en lo primordial es clave identificar exactamente las actividades y proyectos a los cuales dedicaremos nuestros recursos, tiempo y esfuerzos. Una vez que hacemos esto lo siguiente consiste en diseñar un sistema que nos facilite llevarlas a cabo. Por ejemplo, si quiero escribir un libro tengo que determinar un lugar, un espacio, un horario para hacerlo y hacer de esto una actividad no negociable. Casi como mi clase en la universidad. Tengo claro que no puedo aceptar compromisos en mi horario de clase. Es sagrado e inamovible.

Tenemos que instaurar el tiempo para disfrutar de los pequeños detalles de la vida, habitar el momento presente, hacer lo que nos gusta y avanzar en nuestros propósitos de vida. El día seguirá teniendo 24 horas. Esto significa que tenemos que ser más selectivos con nuestro tiempo. No podemos meter diez pelotas de diferente color en un saco hecho para cinco. Considerando que no podemos agrandar el saco toca decidir cuáles entran y cuáles quedan fuera… aunque algunas nos gusten mucho.