¿Sabes cuáles son tus inteligencias dominantes?

Animals learning

¿Has oído hablar del concepto de inteligencias múltiples? Probablemente no. Pero estoy segura de que sí has escuchado hablar del término coeficiente intelectual o IQ.

Es más, puedo apostar que en algún momento de tu vida te pusieron una prueba para medir tu nivel de inteligencia – antes de entrar al colegio, a la universidad, a un trabajo nuevo- y pronosticar tus probabilidades de éxito.

La prueba del IQ por años fue considerada como LA medida para determinar el nivel de inteligencia de una persona. Y de ahí venía la creencia o la conclusión simplista de que uno es “burro o listo al parejo”, de que uno es “bueno para todo”, “regular para todo” o “malo para todo”.

El concepto de inteligencia basado en el coeficiente intelectual ha tenido importantes implicaciones en el mundo de la educación, también en el laboral.

El sistema educativo tradicional ha enfocado sus programas en el desarrollo de las habilidades lógicas, matemáticas y lingüísticas. Quienes sobresalen en estos reinos son elogiados y privilegiados. No tanto así, los que dominan el territorio de la creatividad, las artes o la música, por ejemplo.

Y otra cosa…

Dicho sistema también asume que todas las personas podemos aprender los mismos materiales de la misma manera y que una medida uniforme y universal basta para evaluar nuestro aprendizaje. Es un modelo rígido que no admite la diversidad de habilidades. Nos obliga a todos a entrar en el mismo cajón aunque no tenga nuestra forma y no sea de nuestro tamaño.

¿A poco no es genial y clarísima la caricatura de los animales?

Le pedimos al conejo, que es especialista en agilidad y saltos, que nade como pez en el agua. Si no lo logra, le buscamos un tutor por las tardes y clases de natación los sábados para que mejore su nado de pecho. En lugar de promover que pase las horas mejorando sus saltos, utilizando sus fortalezas y siendo un feliz conejo, lo hacemos sentir un incompetente pez.

A lo mejor en esto pensaba Howard Gardner, profesor de educación de Harvard, cuando desarrolló su teoría de las inteligencias múltiples. A él le pareció que el coeficiente intelectual o IQ era un indicador limitado para medir la inteligencia de una persona y se puso a investigar una buena cantidad de años.

En su teoría, Gardner argumenta que las personas tenemos ocho tipos de inteligencias. Aunque todos tenemos todas, cada quien tiene unas más dominantes que otras.

Te cuento de qué se tratan cada una de estas inteligencias. La idea es que identifiques cuáles resaltan más en tu caso y comprendas mejor por qué cierto tipo de temas, actividades o situaciones te gustan, te motivan y se te facilitan más –o al revés-.

Inteligencia Visual-Espacial. Este tipo de inteligencia supone un buen sentido de orientación y comprensión del espacio alrededor. A este tipo de personas generalmente les gusta dibujar, hacer rompecabezas, saben interpretar mapas, identifican patrones de colores y formas, son buenos para diseñar. Aprenden mejor cuando tienen apoyos visuales y pueden utilizar herramientas como: gráficas, fotografías, modelos en 3D, videos, textos ilustrados, diapositivas. Entre las profesiones que encajan bien con la inteligencia visual-espacial están los diseñadores gráficos, decoradores de interiores, marineros, pilotos, arquitectos, pintores, paisajistas, publicistas, fotógrafos, dentistas, cirujanos plásticos, cartógrafos, ilustradores, dibujantes.

Inteligencia Motriz-Kinestésica. Los individuos que tienen muy desarrollada este tipo de inteligencia usan su cuerpo efectivamente. Les gusta moverse, crear y hacer cosas con las manos, tienen buena coordinación, utilizan el lenguaje corporal para comunicarse. Aprenden mejor haciendo, con actividades “manos a la obra”, actuando, interpretando roles. Les gusta trabajar con objetos reales, máquinas, equipo. Piensa en bailarines, cirujanos, carpinteros, atletas de alto rendimiento, acróbatas, deportistas, constructores, manualidades, escultores, actores, entrenadores, rehabilitadores físicos, jinetes.

Inteligencia Musical. Las personas que tienen esta inteligencia de manera dominante se caracterizan por su sensibilidad al ritmo, a los sonidos en el medio ambiente y a las notas musicales. Aman la música, distinguen tonos, componen, memorizan letras de canciones con facilidad, tocan instrumentos, entienden las estructuras musicales, son buenos cantando. Tienen “buen oído” para traducir e interpretar lo que escuchan en el piano, guitarra, batería, etc. En este tipo de inteligencia destacan los músicos, cantantes, compositores, conductores, maestros de música, ingenieros de sonido.

Inteligencia Interpersonal. Se asocia con la extroversión. Quienes tienen marcada esta inteligencia tienen una alta capacidad para entender a los demás e interactuar socialmente. Son personas muy empáticas que identifican las emociones de los demás, sus deseos o intenciones. Tienen muchos amigos, disfrutan de las actividades grupales, evalúan situaciones sociales desde diferentes perspectivas, crean relaciones positivas, resuelven conflictos entre personas. Son buenos para ofrecer alivio, para escuchar, vender, convencer, encajan bien en cualquier contexto social y “hablan hasta con las piedras”. Cargan su energía estando con otras personas y disfrutan de las reuniones sociales. Los psicólogos, enfermeras, médicos, consejeros, filósofos, vendedores, políticos, negociadores, organizadores de eventos, maestros son buenos representantes de este tipo de inteligencia.

Inteligencia Intrapersonal. Se asocia con la introversión. Las personas con esta inteligencia dominante están en sintonía con su mundo interior, conocen sus estados emocionales, sus intereses y metas, saben qué les motiva. Tienen muy desarrollada la intuición y el autoconocimiento. Disfrutan de la introspección, la reflexión, el análisis, la discusión de teorías, la filosofía. Aprenden mejor en solitario, les gustan los libros, materiales creativos, los diarios. Valoran mucho su tiempo solos y su privacidad. Recargan su energía pasando tiempo consigo mismos. Se cansan rápido en lugares llenos de gente o en situaciones que implican interactuar con otras personas durante mucho tiempo –aunque esto no significa que no puedan hacerlo-. Destacan aquí los filósofos, emprendedores, escritores, poetas, científicos, investigadores, pensadores.

Inteligencia Lingüística-Verbal. Se caracteriza por el uso efectivo de las palabras. Las personas que tienen esta inteligencia de manera dominante son buenas para aprender idiomas, les gusta leer, los  juegos de palabras, hacer crucigramas, escribir, contar cuentos o chistes. Tienen una gran capacidad para comunicarse de manera verbal o escrita. Recuerdan fácilmente lo que leen o escuchan. Son extraordinarios para convencer o motivar a los demás, para debatir, argumentar y explicar. Aprender mejor leyendo. Entre las profesiones que utilizan esta inteligencia están: escritores, periodistas, locutores de radio, abogados, maestros, sacerdotes, conferencistas, editores, traductores, guionistas, relaciones públicas, bibliotecarios.

Inteligencia Lógica-Matemática. El fuerte de las personas con este tipo de inteligencia es analizar problemas, operaciones matemáticas y temas que tienen que ver con estrategia –piensa en juegos como ajedrez y Risk-. Entienden el mundo en números, fracciones y proporciones. Tienen capacidad para pensar conceptual y abstractamente, disfrutan explorando patrones, experimentando y resolviendo misterios. Son espectaculares para resolver problemas complejos, resumir información, analizar datos. Pueden hacer cálculos complicados o desarrollar programas de computo. Las profesiones que se apoyan en este tipo de inteligencia son: científicos, financieros, programadores, desarrolladores de software, ingenieros, matemáticos, físicos, químicos, farmacéuticos, astrónomos, contadores.

Inteligencia de Naturaleza. Se asocia con una conexión y sintonía con el medio ambiente. Las personas que destacan en este tipo de inteligencia muestran un gran interés por fenómenos de la tierra -tornados, terremotos, geografía, climas-. Les gusta aprender sobre otras especies, aman a los animales, comprenden el mundo de las plantas, disfrutan pasando tiempo al aire libre, en comunicación con la naturaleza, cargan su energía haciendo caminatas, buscan oportunidades para acampar. Entre las profesiones congruentes con este tipo de inteligencia están: botánica, biología, zoología, veterinaria, geología, meteorología, guardabosques, jardinería, granjeros, rancheros, chefs, ambientalistas.

¿Lograste identificar tus inteligencias dominantes?

El mundo es muy diverso y las personas también.

Me parece que si sabemos cuáles son nuestras inteligencias dominantes podemos comenzar a resolver nuestros días a partir de ellas, en lugar de pasar tiempo corrigiendo debilidades o tratando de encajar en moldes que no nos quedan.

Considero esto especialmente útil e importante para los jóvenes que están en proceso de elegir una carrera profesional. Conocer sus inteligencias dominantes les permite encontrar las carreras que hacen mejor “fit” con sus habilidades.

Imagínate que terrible sería para un joven con un alto nivel de inteligencia interpersonal, de naturaleza y kinestésico tener que trabajar todo el día sentado, detrás de una pantalla haciendo números, en una oficina sin ventanas y sin contacto con otros compañeros…

Y sin embargo, esta es la realidad de muchos adultos. Atados a trabajos que no empatan con su personalidad o en donde no tienen oportunidad para utilizar sus fortalezas. Se drena la energía, se apaga el espíritu, se pierde felicidad.

Como padres podemos ayudar a nuestros hijos a identificar sus fortalezas y a promover que las utilicen para que alcanzar su mejor versión.

La vida fluye mejor cuando podemos dedicarnos a lo que nos gusta utilizando nuestros mejores recursos personales.

 

 

 

Casi feliz

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Me quedé colgada con el tema de la creatividad y por lo visto mi cabeza también, porque me hizo volver al libro de Elizabeth Gilbert “libera tu magia”, para recoger una idea absolutamente poderosa y liberadora.

La idea se llama “Casi”.

Estaba segura de que ya me había topado con ella antes. Y sí… resulta que nos conocíamos de dos lugares diferentes.

El primero encuentro estuvo de cuento.

El escritor Peter H. Reynolds tiene un libro espectacular para niños que se llama “Casi” en el que, por medio de una historia lindísima, nos enseña lo letal que puede ser el perfeccionismo para la creatividad.

Te voy a contar el cuento con la esperanza de que te guste tanto que lo compres. Creo que debería de ser lectura obligada para niños, jóvenes y adultos.

A Ramón le encantaba dibujar a cualquier hora, cualquier cosa y en cualquier sitio.

Un día Ramón estaba dibujando un jarrón con flores. Su hermano mayor se asomó por encima de su hombro para ver lo que hacía y soltó una carcajada… ¿Qué es eso?, le preguntó. Ramón no pudo responder, agarró el dibujo, lo hizo bolas y lo lanzó al otro lado del cuarto.

La burla de su hermano hizo que Ramón se obsesionara tratando de hacer dibujos perfectos. Pero no lo conseguía.

Después de muchos meses y muchas bolas de papel arrugado, Ramón dejó su lápiz sobre la mesa y dijo: “No más, me rindo”.

Marisol, su hermana, lo miraba… ¿Y tú qué quieres? le preguntó bruscamente Ramón. “Sólo quiero ver cómo dibujas” dijo ella. “Yo ya no dibujo, lárgate de aquí”.

Marisol salió corriendo, pero con una bola de papel arrugado en la mano. “¡Hey devuélveme eso!” gritó Ramón persiguiéndola por el pasillo y hasta su recámara.

Al entrar enmudeció cuando vio la galería que había montado su hermana en las paredes de su cuarto con sus dibujos. “Este es uno de mis favoritos”, dijo Marisol apuntando a uno. “Se supone que era un jarrón de flores”, dijo Ramón, “aunque no lo parezca”. “Bueno… parece un casi jarrón” dijo ella.

Ramón ser acercó un poco más, miró con atención todos los dibujos que estaban en la pared y comenzó a verlos de otra manera… “Casi, casi son”, dijo.

Ramón comenzó a sentirse inspirado otra vez. Al permitirse el “casi”, las ideas empezaron a fluir libremente. Comenzó a dibujar nuevamente todo su mundo alrededor. Haciendo “casi” dibujos se sentía fantásticamente bien. Dibujó cuadernos enteros. Un “casi” árbol, una “casi” casa, un “casi” pez.

Ramón también se dio cuenta que podía dibujar “casi “sentimientos… “casi” paz, “casi” tonterías, “casi” alegría. Una mañana de primavera, Ramón tuvo una sensación maravillosa. Se dio cuenta de que había situaciones que sus “casi” dibujos no podrían captar y decidió no captar, sino sólo disfrutar.

Ramón fue “casi” feliz desde entonces.

Bello, ¿no?

¿Cuántas veces dejamos escapar “casi” sueños, “casi” proyectos o “casi” ideas por andar persiguiendo lo perfecto?, ¿Cuántas veces dejamos de ser nuestra versión auténtica vistiéndonos con el disfraz de la perfección?

El perfeccionismo es tóxico y NO es sinónimo de hacer las cosas muy bien.

Brené Brown explica que el perfeccionismo es la creencia generalizada de que si tenemos una vida perfecta, nos vemos perfectos y actuamos perfectos, logramos minimizar o evitar el dolor que generan la culpa, la vergüenza o los juicios. Es un escudo de 20 toneladas que cargamos pensando que nos protege, cuando en realidad únicamente nos impide ser nuestra versión auténtica.

“Cuando el perfeccionismo va al volante, la vergüenza va de copiloto y el miedo es el fastidioso pasajero en el asiento de atrás.” –Brené Brown

El perfeccionismo, la culpa, el miedo y la vergüenza son amigos inseparables.

La segunda vez que me topé con la “casi” idea fue tomando una clase de escritura terapéutica.

Esa mañana de viernes, mi querida maestra Isabel, nos puso a escribir un poema cuyos objetivos eran combatir nuestras tendencias perfeccionistas y bajarle dos rayitas al nivel de auto exigencia.

Las instrucciones eran dos:

El título del poema tenía que ser “Porque no hay nada perfecto…” 

Y hacia el final de cada verso, tenía que aparecer la palabra “casi”.

Mi escritorio estará casi ordenado,

Lograré salir de mi casa casi bien peinada,

Comeré sin gluten casi todos los días,

Dormiré casi ocho horas.

 

Terminaré casi todos mis pendientes,

Dejaré mis llaves en el mismo lugar casi siempre,

Recodaré decirte cuánto te quiero casi todas las mañanas,

Seré casi valiente.

Seré una mamá casi divertida,

Viviré casi feliz.

El ideal de perfección es peligroso pues es prácticamente inalcanzable y tiene un efecto paralizante. Es mucho mejor hacerle espacio al “casi” en nuestras vidas.

¿Qué tendría que decir tu poema para que lograras ser más libre, creativo y “casi” feliz?