2019: Una nueva oportunidad para convertirte en la persona que quieres

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Hace poco escuché decir a alguien que las personas se dividen en dos grupos: las que dividen a las personas en dos grupos y las que no.

En este sentido, cuando reinicia el calendario podríamos separar al mundo en los que hacen propósitos de año nuevo y los que no.

Yo me quedo en el grupo de los que sí.

Me inspira la página en blanco del día uno para escribir en ella mis intenciones, delinear sueños y renovar energías. Me ilusiona pensar que tengo una nueva oportunidad para acercarme a una versión más auténtica de mi misma y completar los ítems en la lista que aún están pendientes.

Antes de trazar la ruta de vuelo para el año que empieza, me gusta revisar el año que terminó. Resaltar logros es, sin duda, muy gratificante. Sin embargo, he notado que con el paso del tiempo… lo que NO hice pesa un poco más.

Las oportunidades que no tomé, las decisiones que diferí, las llamadas o visitas que no hice, los proyectos que no desarrollé, los “te quiero” que no dije, los miedos que no vencí y las responsabilidades que no asumí se convierten en punzadas incómodas.

¿Por qué diferimos o no logramos convertirnos en la persona que queremos?, ¿Por qué no hacemos esos cambios que intuimos se traducirán en una vida más plena y feliz?

El proceso de cambio es simple, pero no fácil. Modificar nuestros hábitos y conductas es sumamente difícil.

Hacer las cosas de diferente manera requiere de un esfuerzo sostenido monumental que incluye, entre otras cosas, vencer pensamientos, creencias y excusas que sabotean nuestros intentos de despegue o nos derriban luego de cortas horas de vuelo.

Marshall Goldsmith, un reconocido coach ejecutivo a nivel mundial, presenta en su libro “Triggers” un método para crear cambios de conducta sostenidos en el tiempo.

El proceso comienza por desenmascarar y conocer las creencias internas que comúnmente detonan el fracaso en el cumplimiento de nuestros objetivos.

Te las comparto para que estés alerta. Si aparecen y rondan por tu mente ahora que estás planteándote nuevas metas, considéralas una señal de alarma y reconfigura.

  • “Si lo entiendo, lo hago”. Hay una diferencia importante entre entender algo y hacer algo. Por ejemplo… sabemos que comer donas es malo para la salud, pero eso no necesariamente se traduce en que dejemos de comerlas. También se requiere motivación, habilidad y esfuerzo

 

  • “Tengo fuerza de voluntad y no sucumbiré a las tentaciones”. Sobrestimamos nuestra fuerza de voluntad y subestimamos el poder que tienen los distractores a nuestro alrededor para descarrilarnos. Es mejor asumir que las tentaciones serán numerosas y anticiparlas que caer víctimas del exceso de confianza.

 

  • “Hoy es un día especial”. Es la excusa perfecta para otorgarnos una licencia a medio proceso y elevar las probabilidades de rendirnos. Sucumbimos a la gratificación de corto plazo porque “hoy es mi cumpleaños”, “es viernes”, “es Navidad”. El cambio verdadero y auténtico tiene que ser consistente.

 

  • “Al menos soy mejor que…”. Es muy fácil justificar nuestras fallas cuando recurrimos a comparaciones que nos dejan mejor parados que a alguien más. “Al menos no soy tan patán como mi cuñado”, o “pero ella es más impuntual que yo”, por ejemplo. No ser lo peor del mundo es una salida fácil y nos da un falso sentido de inmunidad.

 

  • “No necesito ayuda ni estructura”. En esta creencia juegan varios factores en contra: nuestra fe en que podemos salir adelante solos, la idea de que sólo lo complejo requiere de nuestra atención y nuestro desprecio por las instrucciones y la necesidad de seguimiento. La creencia de que somos excepcionales nos impide buscar ayuda y estructurar nuestro entorno para el éxito. Mejoramos nuestras probabilidades de lograr nuestros objetivos cuando reconocemos que necesitaremos asistencia en el trayecto.

 

  • “No voy a cansarme ni a perder el entusiasmo”. Cuando planeamos pensamos que nuestra energía es perpetua y que lograremos permanecer motivamos 24/7. La energía y la motivación son finitas. Vale más recordar que eventualmente nos sentiremos cansados y contemplar tiempo de recuperación.

 

  • “Tengo todo el tiempo del mundo”. Esta creencia es combustible para la postergación. Pensamos que el tiempo es un continuo abierto y que siempre tendremos oportunidad de hacer lo que queremos. Además, crónicamente subestimamos el tiempo que necesitamos par hacer las cosas. Es mejor empezar hoy y asumir que quizá nos tome un poco más de lo deseado.

 

  • “No voy a distraerme y no habrá imprevistos”. Nos hacemos expectativas poco realistas. No planeamos ni para las distracciones ni para los imprevistos. Por ejemplo… ¿Qué voy a hacer si amanece lloviendo y no puedo correr en la calle?, ¿Qué pasa si mi hija tose toda la noche y no puedo dormir?, ¿Qué pasa si me invitan a salir?

 

  • “Una epifanía cambiará mi vida”. Caemos presas del pensamiento mágico cuando creemos que lograremos cambiar repentinamente como resultado de una gran idea, un momento de iluminación o finalmente encontraremos la fuerza de voluntad. La realidad funciona más apegada al dicho: “un viaje de mil millas comienza con el primer paso”.

 

  • “Mi cambio será permanente y nunca más tendré que preocuparme”. Llegar al destino no es lo mismo que quedarse ahí. Alcanzar nuestro peso deseado no garantiza que nos quedaremos ahí sin compromiso y disciplina. Un falso sentido de permanencia puede debilitar y echar para atrás nuestros logros. Es necesario seguir haciendo el trabajo.

 

  • “No habrá nuevos problemas cuando elimine mis viejos problemas”. Nos olvidamos de los retos futuros cuando pensamos que al resolver un problema viejo no aparecerán nuevos. Finalmente te promueven a director y ahora tienes los problemas de director.

 

  • “Mis esfuerzos serán justamente compensados”. Es importante realizar cambios cuya motivación viene del corazón. Cambiar para cumplir con las expectativas de alguien más esperando una recompensa es receta para el resentimiento.

 

  • “No puedo cambiar porque eso me hace poco auténtico”. En ocasiones nos resistimos a adaptar nuestra conducta a situaciones nuevas argumentado que nosotros somos o no somos de cierta manera… “No puedo empezar a abrazar a mis hijos porque no soy cariñoso”. Cambiar nos obliga a salir de nuestra zona de seguridad.

 

  • “Tengo la sabiduría para evaluar mi propia conducta”. Cuando creemos que tenemos la capacidad para juzgar nuestro propio desempeño de manera imparcial nos engañamos. La gran mayoría de las personas creemos que mientras todos los demás sobreestiman su desempeño, nosotros nos autoevaluamos de manera correcta y objetiva. Para elevar nuestras probabilidades de éxito es importante recurrir al punto de vista de un tercero.

¿Te sonaron conocidas?

Elegir y diseñar propósitos de año nuevo o metas personales tiene ciencia detrás. Si te interesa profundizar en este tema sigue los vínculos a los siguientes artículos: “De propósitos, hábitos y mulas”, “El jinete, el elefante y los propósitos de año nuevo” y “El secreto detrás de los propósitos de año nuevo que sí se cumplen”.

Quizá la pregunta que debemos plantearnos antes de hacer una lista de nuevas intenciones es: ¿Cómo quiero sentirme? A partir de esta reflexión podemos confeccionar un propósito justo a la medida.

Con esta pregunta parto yo.

Aprovecho este espacio para desearte un ¡feliz 2019!

 

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