¿Embotellador o incubador de emociones?

Bottled_Up_Emotions_by_photog_road

¿Alguna vez te has puesto a pensar cómo manejas las emociones difíciles que vienen con los problemas de la vida?

Las personas reaccionamos de maneras diferentes, pero hay dos maneras de hacerlo que son muy comunes: embotellar emociones o incubar emociones.

Las emociones básicas -alegría, furia, miedo, tristeza, sorpresa, desprecio y repulsión- nos han acompañado desde que existe la humanidad. Todas cumplen una función y sirven un propósito. Pero en algún momento decidimos no aceptarlas como parte de nuestras vidas y empezamos a perseguir esta idea de la felicidad perfecta y permanente.

Tal Ben-Shahar –líder académico en el mundo de la Psicología Positiva- habla de un concepto que me gusta mucho: “permiso para ser humano”. Esta idea sugiere aceptar que las personas venimos cableadas de fábrica con la capacidad de experimentar una gran cantidad de emociones y es natural sentirlas, incluso cuando pudieran ser contradictorias.

Por ejemplo, podemos estar totalmente enamorados de nuestro bebé en un momento, pensar que no hay cosa más linda en el mundo y en dos horas sentirnos desesperados con esa creatura de otro planeta que no para de llorar y no tiene para cuando dormirse.

Darnos permiso de ser humanos supone aceptar que las emociones difíciles son parte de nuestra naturaleza y que una vida plena y feliz incluye problemas.

Hacerle frente a las emociones rudas, tener curiosidad sobre lo que tratan de decirnos y tomar decisiones en consecuencia es mucho mejor para nuestra salud y bienestar que negarlas, ignorarlas o ahogarnos en ellas.

Existen dos comportamientos comunes a los que recurrimos las personas para no encarar ciertos sentimientos: embotellar emociones o incubar emociones. Susan David los describe con detalle en su libro “Agilidad emocional”. A ver si te identificas con alguno de ellos o con los dos.

Si te suena conocido hacer a un lado las emociones difíciles, disfrazarlas, esconderlas debajo del tapete, meterlas al fondo del cajón y taparlas con un montón de calcetines para no verlas y seguir con tu rutina -como si nada estuviera pasando- es posible que seas un embotellador de emociones.

¿Cómo se ve en la práctica? Después de un conflicto con alguien cercano podrías sumergirte en un proyecto de trabajo que “tienes” que hacer. Luego de una ruptura amorosa podrías encontrarte tomando alcohol para anestesiar al dolor. A lo mejor estás muy triste, con ganas de llorar, pero tienes que ir al colegio de tus hijos y como no quieres llegar con la evidencia en los ojos mejor te pones a hacer galletas para distraerte. O postergas frustraciones personales ocupándote de los demás. Podría ser también que no expresas lo que sientes para no alborotar el avispero o minimizas la importancia de esa promoción en el trabajo que no recibiste y haces como que no te duele.

El tema con embotellar emociones es que no soluciona su causa y podemos pasar años padeciéndolas estacionados en el mismo lugar. En un trabajo que odiamos, en la relación que no funciona o pasando tiempo con ese amigo tóxico. Ignorar las emociones impide cualquier posibilidad de cambio o crecimiento.

Embotellar tiene un riesgo que se conoce como “fuga emocional”. Podemos pasar semanas tratando de evitar un tema doloroso, actuando positivamente y haciendo todo lo que tenemos que hacer en términos de obligaciones con nuestro mejor disfraz puesto. De pronto nos damos cuenta que uno de nuestros hijos olvidó darle de comer al perro y armamos una guerra nuclear o estamos viendo una película inofensiva y alguna escena nos deja llorando sin control. Tenemos una fuga emocional cuando un detalle pequeño tiene la capacidad de liberar toda la presión acumulada.

Ahora, si te instalas profundamente en los sentimientos difíciles, te cuesta trabajo salir de ellos o ver más allá… es posible que seas un incubador de emociones. Quizá ensayas en tu mente conversaciones que vas a tener con tu jefe o tu novio cuando los veas. O te reprochas por haber dicho “X” en lugar de “Y” y te castigas por no haber hecho las cosas de diferente manera. Los incubadores de emociones son como una olla de cocimiento lento. Una de las cosas más difíciles para las personas de esta naturaleza es “dejar ir”.

A diferencia de los embotelladores que evaden sus emociones, los incubadores las sienten intensamente y corren el riesgo de ahogarse en ellas. Pueden tener la impresión de que pensando mucho en sus problemas o mortificaciones solucionan el problema. Pero sólo pensar no es suficiente, más bien es agotador y poco productivo. Es necesario tomar acción.

Ni embotellar ni incubar emociones favorecen nuestra salud y bienestar. Son “aspirinas emocionales de corto plazo”, como dice David. Recurrir a estas tácticas de vez en cuando no es problema; a veces es necesario hacer a un lado un conflicto para sacar adelante una tarea importante.

Pero estas estrategias usadas de manera consistente tienen un efecto negativo en nuestras condiciones de vida, frenan el cambio y nos alejan de la gente que queremos.

No es fácil cambiar nuestros estilos de un día para otro, pero quizá un primer paso podría ser identificar nuestras reacciones cuando estamos invadidos de emociones difíciles y mostrar un poco de curiosidad para explorar de dónde vienen.

Y tu… ¿embotellas o incubas emociones?

2 thoughts on “¿Embotellador o incubador de emociones?

  1. Muy bueno! El problema que veo hoy en día el marketing, medios y farmacéuticas nos quieren vender la idea de que todo el tiempo estemos “happy” a través del consumo y medicamentos. Es bueno permitirnos ser humanos y experimentar todas las emociones y asimilar su origen.

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