La resiliencia en juego

No hay como un partido reñido de cualquier deporte para pasar por una montaña rusa de emociones. El viaje es intenso para los jugadores, los entrenadores y para los que vemos desde afuera. Y si los que se la rifan en la cancha son tus hijos, el viaje es todavía más intenso, pues además de lidiar con nuestras propias emociones nos preocupamos por las de ellos.

Desde hace cuatro días el equipo de voleibol de mis hijas participa en un torneo y la cosa ha estado huracanada. Niñas y mamás hemos pasado por cualquier cantidad de emociones. Empezamos con las previas al partido que casi siempre salen del cajón de los nervios: ansiedad, preocupación, impaciencia, incertidumbre, miles de escenarios, ilusión, anticipación. Luego vienen las emociones durante el partido que se alinean perfecto a lo que está pasando en la cancha: impaciencia, que no se acabe o que ya se acabe, miedo, enojo, rabia, pánico, impotencia, interés, motivación, euforia, esperanza, confianza o inseguridad. Al terminar el partido vienen de otro sabor: frustración, remordimiento, resignación, desilusión, tristeza, vergüenza, derrota, agotamiento, victoria, orgullo, satisfacción, felicidad, plenitud, tranquilidad, sentido de pertenencia. Es tremendo.

La semana pasada pedí que me dieran algunas ideas sobre temas de interés para este blog. Uno de los más recurrentes fue la resiliencia… ¿Cómo podemos desarrollarla? Después de estos días de torneo, viendo y sintiendo todo lo que sucede a nivel emocional alrededor de un juego, me quedo convencida de que una de las vías más claras para fomentar esta habilidad es el deporte.

La Asociación Americana de Psicología define la resiliencia como la capacidad de adaptación o recuperación ante la adversidad –eventos traumáticos, tragedias, amenazas, conflictos familiares o de pareja, problemas de salud, en el trabajo o financieros- Es la habilidad de levantarse de experiencias difíciles.

Pensando en esta definición, un atleta sin duda cae en esta descripción, ¿Quién mejor para recuperarse de una situación adversa o una experiencia difícil? En los deportes aprendes a caerte, levantarte, ganar y perder. A veces ensayas quedarte sentado en la banca aunque hayas entrenado igual que los demás. Tienes que lidiar con injusticas, trampas o con la frustración de no poder jugar porque estás lastimado. En ocasiones todo va bien y un error cuesta la victoria en el último segundo. También puede pasar que tienes dos tiros libres con el reloj en cero y la posibilidad de ganar el partido o al menos empatarlo y fallar –le pasó a mi prima, no a mí-.

En los deportes, al igual que en la vida, toca perder, pasarla mal y equivocarse. La clave está en lo que hacemos después de una situación adversa. Mi deporte siempre fue el basquetbol y mi héroe Michael Jordan, la definición de resiliencia en la cancha. Este jugador, una leyenda y considerado por muchos como el mejor de la historia, no fue seleccionado para el equipo de basquetbol de la preparatoria. Pero nunca se dio por vencido y ahí justamente estuvo la clave de su éxito:

“He fallado más de 9,000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos. En 26 ocasiones tuve la responsabilidad de lanzar el tiro ganador del partido y fallé. He fracasado una y otra vez en mi vida. Y esa es la razón por la que he triunfado” –Michael Jordan-

¿Cómo desarrollar la resiliencia no sólo en los deportes, sino en la vida?

Siempre es útil voltear a ver a las personas que tienen la habilidad de recuperarse de situaciones adversas más rápido que otras. Todas ellas tienen ciertas características en común: tienen recursos y habilidades personales para solucionar problemas, saben pedir ayuda cuando la necesitan, creen que pueden hacer algo que los ayudará a manejar sus sentimientos y hacer frente a las dificultades, cuentan con una red de apoyo sólida, están conectados con su familia, amigos y son personas espirituales. Todos podemos trabajar en esto.

Además podemos poner en práctica cuatro estrategias basadas en ciencia para fortalecer el músculo de la resiliencia:

1. Cambiar la narrativa. Generalmente cuando algo malo sucede repetimos la película sin parar en nuestra cabeza y volvemos a sentir el dolor. Una manera eficiente de descargar estas emociones consiste en escribir y describir con detalle el evento. Con esto ordenamos nuestras ideas, vemos las cosas desde una perspectiva diferente y podemos visualizar un resultado positivo para una ocasión futura. Incluso podemos recordar que ya hemos atravesado por situaciones difíciles en el pasado y hemos logrado salir adelante.

2. Enfrentar miedos. Cuando algo sale mal o fallamos es natural querer evadir y evitar volver a pasar por lo mismo. Sin embargo, vencemos nuestros miedos cuando los enfrentamos, aunque sea en microdosis. Quienes montan a caballo saben que una de las reglas de oro luego de una caída es volverse a subir.

3. Practicar la autocompasión. Esto de la autocompasión nada tiene que ver con ser mediocre o “barco” con uno mismo. Más bien consiste en hablarte a ti mismo de la misma manera que le hablarías a un amigo o a un niño pequeño después de cometer un error o cuando atraviesa por una situación difícil.

4. Meditar. Dedicamos mucho tiempo a pensar en el pasado o en el futuro y entonces sentimos nostalgia o ansiedad. Las personas que habitan el presente tienden a sentirse mejor y a ser más felices. La meditación nos ayuda a regresar al momento presente.

La resiliencia es una de las habilidades para la vida y para la felicidad más poderosas. Y como todo, se logra practicando deliberadamente.

“Los obstáculos no tienen porque detenerte. Si te topas con una pared, no des la vuelta y te rindas. Encuentra la manera de treparla, atravesarla o darle la vuelta” –Michael Jordan-

7 thoughts on “La resiliencia en juego

  1. Para mi la vida es como un juego y no por eso quiero decir que no me importe, para mi un juego y más uno deportivo y uno que te guste, te llena de pasión, de disciplina, de perseverancia, de alegría y de tenacidad cuando vas alcanzando metas, también de miedo, de angustia, de preocupación, de tolerancia, de resignación y de aceptación cuando van mal las cosas, cuando fallaste o cuando fallaron otros y de fraternidad y amor con los que juegas y contra los que juegas, que sería de un juego si no tuvieras contra quien jugar, y que ese de enfrente sea un buen jugador, un buen equipo a quien enfrentarse, de nada serviría entrenar, esforzarnos levantarnos para mejorar si no vas a jugar con nadie, entra también aquí el agradecimiento al oponente por ayudarte a ser cada vez mejor. En el deporte como en la vida no se trata del más apto o el más hábil, también se trata de usar tu mente y tu corazón para que algo que te apasiona no se convierta en tu lastre, así es la vida misma, si quieres puedes vivirla al máximo experimentando todos estos pensamientos y emociones pero teniendo un control en ellos para poder reiniciar en cada caída, agradeciendo a la vida todos aquellos oponentes que se cruzan en tu camino porque te hacen ser mejor, o caerte en la lona y tirar la toalla, sin haberte dado una oportunidad. Perdón me extendí pero es que el deporte para mi es canasta básica y te lleva plenamente a experimentar la resiliencia en toda su esplendor 😃
    Saludos Nicole

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