Hiperconectados pero… ¿solos?

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La fortaleza y la calidad de nuestras conexiones sociales están estrechamente ligadas a nuestra felicidad de largo plazo, a nuestro bienestar físico y emocional. Los seres humanos funcionamos mejor cuando estamos conectados con los demás.

Y estamos más conectados que nunca, pero también más solos… ¡Qué ironía!

De 1980 a la fecha, el porcentaje de adultos en Estados Unidos que dicen estar solos creció del 20% al 40%, una de cada tres personas mayores a los 65 años y la mitad de los ancianos de arriba de 85 años vive por su cuenta. Este último dato me parece triste. No sé cuál sea la explicación detrás de estos números, pero me resulta incompresible que una persona de esta edad pase sus días sin compañía.

El aislamiento social es un fenómeno en crecimiento que tiene consecuencias negativas a nivel físico, mental y emocional. Las personas que tienen poco contacto social tienen patrones de sueño alterados, sistemas inmunológicos débiles, más procesos inflamatorios y altos niveles de estrés. El aislamiento social aumenta el riesgo de tener un ataque cardiaco hasta en un 30%. La soledad puede acelerar el deterioro cognitivo en los adultos mayores y los individuos que están aislados tienen una probabilidad dos veces más grande de morir prematuramente que aquellos que tienen interacciones sociales sólidas. Estar solo es tan peligroso para la salud como la obesidad y como fumar. La evidencia es clara: el aislamiento social es tóxico.

Por un lado, las estadísticas muestran que cada vez más gente se siente sola o está sola. Al mismo tiempo, otro tipo de datos indica que estamos cada vez más conectados en el ciberespacio usando las redes sociales.

Entonces, hiperconectados pero… ¿solos?

Estudios previos han concluido que el contacto en el mundo del internet puede alejarnos de las interacciones cara a cara y reducir el tiempo que invertimos en nuestras relaciones más importantes. En otras palabras, es posible que estemos reemplazando el contacto personal por el contacto virtual y el primero es mucho más potente que el segundo para efectos de nuestro bienestar.

Me pongo a pensar en el día de mi cumpleaños, por ejemplo. Hace años lo común era recibir muchas llamadas de teléfono. Era delicioso pasarme el día poniéndome al corriente con familiares y amigos, invariablemente después de la felicitación dedicábamos tiempo a hablar sobre lo que había sido de nuestras vidas desde el último contacto. Eso ha cambiado. Ahora recibo muchos mensajes lindos de una línea escritos por Facebook o WhatsApp. En total me felicita mucha más gente que antes y es padrísimo. Pero debo confesar que extraño las llamadas. Escuchar la voz, las risas y los miles de tonos tiene un encanto incomparable.

Esta semana me encontré con un artículo súper interesante sobre los resultados de un estudio reciente que realizaron para explorar la relación entre el uso de Facebook y el bienestar. Te cuento un poco sobre éste y si quieres explorar un poco más sobre el tema puedes leer la publicación Felicidad Virtual que hice hace unos meses.

De acuerdo con el estudio realizado por Holly B. Shakya y Nicholas A. Christakis –expertos en conexiones sociales-, las interacciones en vivo aumentan nuestro bienestar, mientras que el uso de Facebook tiende a reducirlo. Las personas que consistentemente dieron “like” o hicieron “click” en contenidos de otras personas registraron un deterioro en su grado de satisfacción con la vida, así como en su percepción con respecto a su salud física y mental.

¿Cómo es que el uso de Facebook podría estar deteriorando nuestro bienestar? o ¿Qué impacto tienen en nosotros las interacciones sociales a través de una pantalla?

Las redes sociales tienen su lado bueno. Muy bueno diría yo. Son una herramienta espectacular para mantenernos cerca de los seres queridos que nos quedan lejos o que no podemos ver con la frecuencia que quisiéramos. Permiten mantener cierta cotidianeidad y estar al día de los eventos importantes. Son una maravilla para esto.

Pero tienen su lado malo también. Cuando nos perdernos en las redes sociales deshabitamos el momento presente, descuidamos a quienes tenemos cerca, nos comparamos con los demás y perdemos mucho tiempo que podríamos dedicar a cosas importantes.

El usuario promedio pasa casi una hora al día en Facebook –según datos de la propia empresa- . Esto es aproximadamente 1/6 del tiempo que pasamos despiertos. Y ojo que dice el usuario promedio… este dato incluye a mi papá que tiene cuenta de Facebook pero no la usa y a mis alumnos que viven ahí adentro. Pasamos más tiempo en esta plataforma que leyendo, haciendo ejercicio, interactuando en vivo y a todo color o escuchando a quienes tenemos enfrente.

¿Qué es lo primero que haces al despertar y antes de irte a dormir? ¿Revisar tu teléfono? Según una encuesta realizada en 2015 por Deloitte sobre uso de teléfonos inteligentes, el 78% de los usuarios revisa su aparato durante los siguientes 15 minutos de estar despierto. Yo reviso mi teléfono inmediatamente después de que suena la alarma. No espero 15 minutos ni de chiste. Esto quiere decir que estamos dándole los buenos días al universo electrónico antes que a nuestras parejas y a nuestros hijos.

El uso de redes sociales también puede deteriorar nuestro bienestar o alterar nuestra autoestima por efecto de las comparaciones sociales. Comparamos nuestras versiones interiores con las versiones exteriores editadas de los demás. Filtros y efectos para vernos más jóvenes, fotos en lugares lindos, eventos sociales sobresalientes, sonrisas blancas y grandes. Me parece que la versión que mostramos al exterior está prefabricada en función de lo que pensamos le gustará a los demás. Le metemos mucha producción a cada foto antes de publicarla esperando obtener muchos “likes”, comentarios y “shares”. ¿Alguna vez has visto a alguien tomándose un selfie? ¿Cuántas veces cambia de pose y sonrisa antes de tomar la foto? ¿Cuántas veces repite la foto después de verla? La cosa es que luego se nos olvida que los demás hacen lo mismo y terminamos sintiendo que nuestra vida es aburrida, gris y sin sabor.

Hace unas semanas hablamos en clase sobre las comparaciones sociales. Yo le decía a mis alumnos que comparamos nuestro estilo de vida con el de nuestro grupo de referencia que casi siempre es nuestro círculo cercano. Les dije “yo me comparo con mis amigas, compañeras de trabajo y mis vecinas, pero no con Emma Watson porque ella no está en mi grupo de referencia”. Entonces un alumna levantó la mano y comentó… “las artistas y modelos si están en mi círculo de referencia y me comparo con ellas porque las veo todo el tiempo en mi teléfono”. OOPS…. Las cosas han cambiado.

Por todos lados nos inundan imágenes e información de lo verdaderamente extraordinario. Lo mejor de los mejor es lo que atrapa nuestra atención en los medios y terminamos convencidos de que lo excepcional es lo normal.

Me parece también que hay un tema de calidad versus cantidad. ¿Cuánto tiempo pasamos en Facebook y cómo pasamos ese tiempo? ¿Dedicamos horas a navegar por las redes sociales para postergar el trabajo, evadir la realidad y hacer corajes viendo en qué andan los demás? o ¿Estamos usando este espacio para compartir momentos especiales y verdaderamente fortalecer nuestros lazos sociales?

Las redes sociales llegaron para quedarse y pueden ser un complemento maravilloso para nuestra vida social. Pero no son un substituto del contacto personal en vivo que necesitamos para tener una vida social saludable. Creo que podemos encontrar un balance para quedarnos con los mejor de los dos mundos. Hiperconectados, pero… acompañados.

 

 

 

 

6 thoughts on “Hiperconectados pero… ¿solos?

  1. El ejemplo de Emma Watson da miedo porque la cosas sí han cambiado y define las aspiraciones y patrones de comportamiento de las nuevas generaciones. En nuestra época sabíamos que la Kidman y la Roberts eran guapas y exitosas pero jamás fueron influencia en nuestra apariencia ni comportamiento. Teníamos claro que era algo ajeno a nosotros.

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  2. Como siempre me dejas pensando en tantas cosas con tus artículos! Pienso en cómo ha cambiado mi vida alrededor de las redes sociales pero siendo una inmigrante digital reconoco el antes y el después! Que pasara con los que solo conocen esta forma de vida?
    👏🏼👏🏼gracias por compartir!!!!

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