Fuerza de voluntad: Ingrediente fundamental para lograr tus propósitos

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Tengo una pregunta para ti…

¿Cómo vas con tus propósito de año nuevo?

Estamos en la segunda semana de enero. Quizá aún estás motivado y cumpliendo con tus objetivos a cabalidad. Pero no te confíes…

Estamos acercándonos a la zona de peligro: el tercer lunes del año, que ha sido bautizado en Estados Unidos como “el día más deprimente del año”, pues es cuando una enorme cantidad de propósitos salen volando por la ventana. Alrededor de estás fechas nos alcanza la rutina, regresa la sobrecarga de trabajo y llegan los estados de cuenta con el resumen de todo lo que gastamos durante la época navideña.

Nuestra fuerza de voluntad, que pensábamos era de acero e infinita, empieza a quebrarse, las tentaciones son cada vez más difíciles de combatir y lentamente –o de trancazo- regresamos a nuestro modo “default” o automático, a ese que es conocido, fácil y dominamos con los ojos cerrados.

Cambiar nuestros hábitos y conductas requiere de autocontrol –fuerza de voluntad-, así que hablemos un poco sobre este concepto.

Nuestra fuerza de voluntad es como un músculo. Se cansa luego de un periodo de uso intenso, necesita descanso para recuperarse, mantenimiento para conservarse y, con ejercicios de repetición en el tiempo, crece y se fortalece.

¿Te ha pasado que se te hace tarde en la mañana para ir al gimnasio, te propones ir en la tarde saliendo de la oficina y cuando llega el momento estás tan cansado que dices “mejor voy mañana”?, o ¿Te ha pasado que le dices setenta veces “no” a una de tus hijas que insiste en tener un caballo en el jardín de la casa y luego llega la otra para preguntarte si puede cenar helado de chocolate y le dices que “si”?, o ¿Llegas a tu casa más temprano, tienes tiempo para leer o completar un pendiente, pero prendes la televisión y te avientas 4 capítulos de la serie en turno?

Nuestra fuerza de voluntad se debilita a medida que avanza el día porque nos cansamos. El esfuerzo que hacemos para mantener el control en diferentes frentes es desgastante. Nuestra capacidad de autocontrol se consume de la misma manera que el combustible de avión durante el vuelo.

¿Qué agota nuestra fuerza de voluntad? Tratar de complacer a todos a nuestro alrededor, controlarnos para no mandar a volar a un jefe que no respetamos, hacer muchas cosas al mismo tiempo, convencer a otras personas para que hagan lo que queremos, no opinar, esconder nuestras emociones, tratar de pertenecer y agradar, tomar decisiones de todo tipo durante el día, dormir pocas horas, pasar largos ratos sin comer o tomar agua.

Te comparto un dato que me parece interesante… Si te invitan a un bautizo a media mañana, por ejemplo, y logras mantenerte lejos de los tamales, el pastel y el chocolate caliente durante la celebración, tus probabilidades de sucumbir a tentaciones más adelante en tu día son mayores. ¿Por qué? Porque utilizaste una dosis grande y concentrada de tu fuerza de voluntad disponible y llegas a la tarde con el tanque casi vacío.

La calidad de las decisiones que tomamos baja considerablemente cuando estamos cansados y podemos caer en uno de dos escenarios: decidimos de manera irresponsable o precipitada –compras, consumo de alcohol, sexo, comida, Netflix, gritos- o sucumbimos al “status quo” y dejamos todo para después.

¿Como podemos cuidar nuestra fuerza de voluntad?

Atención plena. Es importante identificar los momentos en el día en que nos sentimos más cansados, así como las actividades que más nos desgastan. Si sabes que las primeras horas de la mañana no son lo tuyo, entonces no decidas levantarte a hacer ejercicio muy temprano.

Los básicos en orden. Para conservar nuestra fuerza de voluntad es fundamental comer sano, estar activos y dormir suficiente. Cuando estamos deshidratados nuestra capacidad de enfoque disminuye; cuando pasamos largos ratos sin comer, baja el nivel de glucosa y esto hace que nuestro cuerpo “pida” carbohidratos de rápida absorción –galletas, dulces, donas-.

Bienestar emocional. Es muy difícil comprometernos con algo y mantener la motivación cuando nos sentimos tristes, asustados, ansiosos. Nuestra fuerza de voluntad crece cuando nuestro bienestar emocional es positivo.

Simplificar. Tomar decisiones agota. Hace un tiempo leí que Barak Obama, Ex-Presidente de Estados Unidos, se vestía únicamente con trajes de color azul o gris y dejaba que otros se encargaran de los detalles mundanos de su vida, por ejemplo, cuáles calcetines ponerse y qué comer. Con esto liberaba espacio para tomar las decisiones importantes. Hay quienes deciden vestirse usando las mismas combinaciones…. jeans y camiseta blanca los martes; otras personas, empacan la misma ropa cuando hacen un viaje de trabajo.

Con lo anterior se me ocurre que si queremos trabajar en un cambio de conducta que requerirá de mucha energía, una manera de simplificarnos durante el proceso podría ser usando un “uniforme” – dos o tres combinaciones de ropa nada más- o decidiendo por adelantado qué vamos a comer toda la semana.

Cuidado con el alcohol. En su libro “Getting Grit”, Caroline Adams Miller, explica que el alcohol es el principal aniquilador de la fuerza de voluntad. Consumir alcohol inhibe nuestra habilidad para decir “no” y desencadena otras conductas negativas, como tomar más alcohol, comer más, gastar más dinero, dificultad para controlar la ira y otros comportamientos autodestructivos.

Tiende tu cama en la mañana. Esta idea, sencilla y poderosa, es uno de los ejemplos clásicos en cualquier libro sobre cambio de hábitos. Al igual que el ejercicio y dormir suficiente, tender la cama es considerado un hábito “clave” pues tiene un efecto en cadena de resultados o conductas positivas en otras áreas. Tender la cama representa ganar una “pequeña batalla” que pone a nuestro cerebro en modo éxito y genera la motivación para seguir y lograr más.

Mantén ordenado tu espacio. El desorden exterior contamina nuestro interior. El orden es otro hábito “clave”. Te recomiendo que explores la serie de Netflix “Tidying up”, de la japonesa Marie Kondo que está causando revuelo en las redes sociales. Su método funciona.

Diseña tu entorno para el éxito. El medio que nos rodea influye de manera importante en nuestro comportamiento. Antes de iniciar cualquier cambio, vale la pena dedicar tiempo a diseñar nuestro entorno para el éxito. Si tu propósito es bajar de peso, entonces no tengas comida chatarra en tu casa y asegúrate de quitar el plato de galletas de tu vista; si tu objetivo es terminar de escribir tu libro, entonces elimina las notificaciones de tu móvil.

Para lograr nuestros propósitos de año nuevo necesitaremos fuerza de voluntad. Si trabajamos para conservarla elevaremos nuestras posibilidades de recorrer el camino exitosamente.

Una nota final… Decide continuar intentado a pesar de los tropiezos, la fuerza de voluntad crece con ejercicios de repetición.

 

Saborearte la vida te hace más feliz

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La felicidad, sin duda, tiene que ver con las experiencias positivas de nuestra vida. Pero tiene todavía más que ver con nuestra capacidad para notarlas, disfrutarlas, prolongarlas y recordarlas.

A todos nos suceden cosas agradables, hay detalles lindos por todos lados y un sin fin de eventos o situaciones que podrían maravillarnos, robarnos el aliento por su belleza y grandeza. Pero no siempre estamos conscientes, no nos damos cuenta.

Vamos en piloto automático, rehenes de la prisa, glorificando el estar ocupados y, entonces, la vida con sus cosas lindas, nos pasa de largo.

Saborearnos la vida –en inglés la palabra es “savoring”– es una estrategia que nos ayuda a evitar que todo eso que le da sazón a la vida, nos pase desapercibido.

Está relacionado con hacer pausas y con la atención plena. Es la capacidad de atender, apreciar y estar conscientes de las experiencias positivas que tenemos.

“Saboreamos” cuando estamos con amigos y apreciamos cuánto los queremos y nos divertimos juntos; saboreamos cuando pasamos tiempo con nuestros hijos y escuchamos su risa o notamos el olor de su pelo recién lavado antes de irse a la cama; saboreamos cuando bailamos con nuestra persona favorita y le vemos la sonrisa. Es como si de pronto el mundo se pusiera en pausa y pudiéramos darnos cuenta de la situación bonita en la que estamos.

Saborear es diferente que lidiar, manejar o hacer frente a las experiencias negativas.

Podemos poner en práctica la técnica de saborear de muchas maneras…

Una es por medio de las sensaciones. El sol calentando nuestra espalda a través de una ventana en una mañana fría, el sabor de una crepa de Nutella recién hecha, flotar de muertito en el mar y sentir el movimiento del agua al tiempo que escuchamos la arena desplazándose en el fondo.

Podemos maravillarnos con la naturaleza o la habilidad de una persona. Un arcoíris doble, un amanecer incendiado, la fuerza de olas gigantes en un mar revuelto, un lago de agua cristalina que refleja las nubes del cielo, la destreza de un pianista, la voz de una soprano, una catedral construida hace un siglo sin tecnología.

Saboreamos también recordando logros pasados, batallas superadas o eventos especiales. El primer beso, los primeros pasos de tus hijos, lazarte de una roca a un río 10 metros más abajo, recordar el viaje a la playa que hiciste con todas tus amigas o el momento exacto en que conociste al amor de tu vida.

Podemos también saborearnos la vida anticipando algún evento o experiencia futura. Como cuando planeamos unas vacaciones, una ida a un concierto, una primera cita. Cuando organizamos una fiesta o imaginamos sueños cumplidos.

Involucrar todos nuestros sentidos es importante. Esto podemos hacerlo practicando la atención plena –“mindfulness”-. Traer todo tu ser al presente. Entonces, si estás sentado frente al mar darte cuenta de los sonidos, la sensación de la brisa en tu piel, el olor particular del agua salada, ver con atención como se forman las olas y rompen contra la orilla haciendo espuma, escuchar el sonido de la arena y las piedras cuando el agua se repliega.

La vida está llena de momentos especiales, detalles bellos y experiencias positivas para quien decide quitar el piloto automático, hacer una pausa, levantar la vista, mirar alrededor, habitar el momento presente y observar con atención.

La felicidad también está en darte cuenta de que quizá en este momento te sientes bien.