Reporte Mundial de la Felicidad 2021

Salió el Reporte Mundial de la Felicidad 2021. Este es el noveno año consecutivo en que la Organización de Naciones Unidas (ONU) hace un análisis extenso de los niveles de felicidad global y de la calidad de vida.

Este reporte es, sin duda, diferente al de los años anteriores. La pandemia del COVID-19 ha puesto al mundo de cabeza, ha sacudido y transformado vidas en cada rincón del planeta.  

En el reporte de la ONU podemos ver la jerarquización de 149 países de acuerdo con su nivel promedio de felicidad. Estos resultados provienen de la Encuesta Mundial de Gallup y muestran estabilidad o cambios de un año a otro, así como los factores que más contribuyen a la felicidad promedio en cada país.

La investigación es muy completa. Además de ver el “ranking” de los países según su felicidad, explica las razones detrás de los resultados y dedica un espacio importante para explorar a fondo alguna problemática en particular.

Este año, el reporte se enfoca en su totalidad a analizar el impacto que ha tenido la crisis sanitaria. Tiene dos objetivos principales: el primero, identificar los efectos que ha tenido el COVID-19 en la estructura y en la calidad de vida de las personas y; el segundo, describir y evaluar la manera en que los gobiernos han enfrentado la pandemia. 

Los peores efectos hasta ahora son los 2 millones de muertes por COVID-19 en 2020. En este tiempo han aumentado de manera considerable la inseguridad económica, la ansiedad, el estrés, los retos a la salud física y mental. La humanidad ha tenido que lidiar, además, con la disrupción en cada aspecto de la vida.

El indicador para medir la felicidad o el grado de satisfacción con la vida es la Escalera de Cantril. Los participantes evalúan su vida en una escala del 0 al 10, donde 0 es la peor vida posible y 10 es la mejor vida posible.

Para explicar las diferencias en los niveles de felicidad de las naciones se utiliza un índice compuesto por seis elementos: Producto Interno Bruto (PIB), expectativa de vida sana, relaciones sociales, libertad, generosidad y ausencia de corrupción.

Te comparto algunos de los resultados que me parecieron más interesantes del reporte.

Uno de los resultados más interesantes del estudio es que, a pesar de que la tristeza y la preocupación registraron incrementos significativos, la satisfacción con la vida y el ranking de la felicidad se mantuvieron relativamente estables. Al parecer, el nivel de felicidad ha sido resiliente frente al COVID-19.

Al mismo tiempo, la salud mental ha sufrido un deterioro debido a la pandemia y a las medidas de confinamiento. Las personas que más han sido afectadas son aquellas que ya padecían algún tema de salud mental previo a la contingencia sanitaria.

Finlandia es el país con el nivel de felicidad más alto por cuarto año consecutivo; mientras que Afganistán, el país con el nivel más bajo. En el continente americano, Canadá ocupa la posición número 14 y Estados Unidos la 19.

Los países en los primeros diez lugares son: Finlandia, Dinamarca, Suiza, Islandia, Holanda, Noruega, Suecia, Luxemburgo, Nueva Zelanda y Austria.

Los países que estaban en los primeros lugares del ranking antes de la pandemia continúan estando en los primeros lugares.

Todos estos países tienen valores altos en las seis variables que fomentan el bienestar a nivel país: ingreso, expectativa de vida sana, relaciones sociales, libertad, confianza, generosidad y ausencia de corrupción.

Los países nórdicos se caracterizan por un círculo virtuoso en el que varios indicadores culturales e institucionales clave se alimentan entre sí: una democracia que funciona, servicios sociales generosos y efectivos, bajos niveles de criminalidad y corrupción, así como ciudadanos satisfechos que se consideran libres, tienen confianza entre ellos y en sus instituciones gubernamentales. El alto nivel de confianza que existe en dichas naciones en combinación con una menor desigualdad de ingreso ayudó a mantener un alto nivel de cohesión social y una baja tasa de mortalidad.

De los latinoamericanos, Costa Rica es el mejor país con la posición número 16. Este es el único país de Latinoamérica que se acerca a los países nórdicos. El caso de Costa Rica es muy interesante, pues logran ser felices con un uso más eficiente y sustentable de sus recursos ambientales.

En el Reporte Mundial del año pasado analizaron con detalle el efecto que tienen la calidad de las conexiones interpersonales y las instituciones sociales. Los individuos que confían más en las instituciones de sus países y tienen alguien con quien contar, tienen niveles de bienestar más altos pues tienen mejores recursos para hacerle frente a situaciones negativas como: mala salud, desempleo, bajo ingreso, discriminación, rupturas familiares y miedo en relación con la seguridad en las calles.

Un ambiente social confiable no sólo es un soporte directo para la calidad de vida individual, sino que reduce los costos de la adversidad en el bienestar. Una red sólida de apoyo y la ausencia de corrupción son factores especialmente importantes para aumentar la felicidad y reducir la desigualdad.

Lo anterior ganó relevancia a la luz de la pandemia. La confianza ha sido el factor clave para mantener la felicidad y controlar el COVID-19. Las sociedades con más altos niveles confianza en sus instituciones e igualdad en el ingreso han sido más exitosas en la lucha contra el COVID-19, desde el punto de vista del número de muertes registrado.

¿Qué pasó en México?

México cayó del lugar número 23 al 36. Es importante resaltar que este dato toma en cuenta el promedio de los últimos tres años, que es el periodo de tiempo que el reporte utiliza para hacer el ranking mundial. ¡Perdimos 13 lugares!

Este resultado es todavía más dramático si consideramos únicamente el último año. En 2020, México se desplomó a la posición 46. La caída en la felicidad promedio de los mexicanos fue brutal en los últimos 12 meses, suficientemente grande como para hacer caer el promedio de los últimos tres años en más de 50%.

Nuestro país está moviéndose a la velocidad de la luz en la dirección equivocada. Desde mi punto de vista, cuando usan en un reporte a México para contrastar las diferencias entre un país que hace las cosas mal con uno que hace las cosas bien, es señal de que vamos en picada.

Las conexiones fuertes y benevolentes de la comunidad, así como la confianza en las instituciones publicas son factores fundamentales en la implementación exitosa de estrategias en el manejo del COVID-19.

Para explorar el efecto que ha tenido el factor confianza en los resultados de los países, en el reporte se consideraron tres variables: confianza en las instituciones, el nivel de confianza que sienten las personas de que en caso de perder su cartera con dinero ésta será devuelta, y el nivel de desigualdad en el ingreso.

La relación entre el nivel de confianza y las muertes registradas por COVID-19 muestra realidades muy diferentes entre México y Finlandia, dos países con amplias diferencias en los niveles de confianza. Mientras que en México las muertes por COVID-19 fueron de 97.6 por cada 100, 000 habitantes; en Finlandia, fueron de 10.1. De esta diferencia de 87 muertos por cada 100,000 habitantes, aproximadamente 40 pudieran atribuirse a la falta de confianza que sentimos en México.


El bajo nivel de confianza con las instituciones, así como entre miembros de la comunidad y el alto nivel de desigualdad del ingreso en México están siendo evidenciadas por la presencia del COVID-19. Considero que estos males de nuestro país, así como la corrupción, pueden disimularse cuando las cosas “van bien”, pero se vuelven evidentes ante un reto tan grande. No sólo se hacen evidentes, sino que potencian el daño. Juegan como aliados de la pandemia, son combustible para el virus.

Los resultados para México tomaron un rumbo desfavorable en tres variables: evaluación de la vida, emociones positivas y emociones negativas. Los siguientes datos compararan la diferencia entre 2020 y el promedio móvil de 2017-2019.

Como mencionamos al inicio, el indicador para medir la felicidad o el grado de satisfacción con la vida es la Escalera de Cantril. Los participantes evalúan su vida en una escala del 0 al 10, donde 0 es la peor vida posible -el peldaño más bajo- y 10 es la mejor vida posible -el peldaño más alto. En 2020, los mexicanos nos movimos hacia abajo en la escalera. Hicimos una evaluación de nuestra vida menos favorable en comparación con los tres años anteriores. 

Las emociones positivas sufrieron un golpe también. Según el indicador de Gallup, los mexicanos reportaron haber sonreído o reído y haber disfrutado menos. Por otro lado, experimentaron más preocupación, tristeza e ira.

Uno de los factores que tradicionalmente influyen positivamente en la felicidad de los mexicanos es la familia y la socialización con los amigos. Tenemos una propensión natural a pasar tiempos juntos.

El contacto social, que en condiciones normales son pilares de nuestra felicidad, hoy nos juega en contra. La medida más efectiva para detener la propagación de los contagios es el distanciamiento físico. No obstante, ponemos por encima de nuestra salud la necesidad de pasar tiempo juntos.

No sé cómo es donde tu vives, pero donde vivo yo, las personas no dejaron de juntarse, siguieron haciendo fiestas numerosas y teniendo reuniones familiares. Nuestras calles no sólo están llenas de personas que tienen que salir a trabajar para salir adelante, sino de personas que no están dispuestas a postergar su gratificación de corto plazo en favor del bienestar común de largo plazo.

He estado leyendo algunos de los artículos relacionados con el resultado de México en el último reporte mundial de la felicidad. En sus encabezados dan a entender que la caída se debe únicamente al COVID-19. Me parece que esta es una historia incompleta. El coronavirus pegó en todo el mundo, sin embargo, muchos países lograron conservar su nivel promedio de felicidad, lograron activar estrategias efectivas que no sólo cuidaron la vida de sus habitantes, sino que también lograron mantener su calidad de vida y estabilidad económica.

La historia completa nos obliga a reconocer que nos está tocando sortear la pandemia más infame de los últimos cien años bajo el peor liderazgo posible. El virus es peligroso, sí. Pero la incompetencia, la negligencia, la ignorancia y la corrupción lo son aún mas.

Veremos qué pasa con el nivel de felicidad en nuestro país en el reporte del siguiente año.

Mientras tanto, nos toca ocuparnos de nuestra propia felicidad. Aunque hay temas que no están bajo nuestro control, hay muchos que sí.

En tiempos como los que estamos viviendo es muy importante volvernos muy intencionales en la creación de nuestra propia felicidad. Piensa: ¿Qué te hace feliz y cómo puedes integrar más de eso a tus días?

Yo seguiré leyendo y escribiendo, andando en bicicleta, estaré muy cerca de mis seres queridos -aunque sea por video conferencia-, pasaré tiempo en familia, tomaré clases, saldré a sentarme bajo el sol, seguiré cuidando mi salud y tratando de dormir bien.

¿Qué puedes hacer tú para cuidar y crear tu propia felicidad?