¿Medio lleno o medio vacío?

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A la felicidad le gusta andar de la mano del optimismo. Es muy difícil imaginar a un pesimista feliz o a un optimista infeliz. Ninguna de esas combinaciones cuadran con el sentido común. ¿Verdad?

El optimismo, además de sentirse bien, tiene muchos beneficios tangibles. Las personas optimistas son más sanas, experimentan más emociones positivas, tienen mejores relaciones interpersonales, enfrentan mejor las adversidades, son menos propensas a la depresión, viven más felices y son exitosos en el cumplimiento de metas.

Además, el optimismo es un excelente antídoto contra la epidemia mundial de la preocupación.

Nos preocupamos por los hijos, los perros, la situación política, la calidad el aire, el tráfico, las enfermedades, las últimas tendencias de la moda, el aceite parcialmente hidrogenado, el paso del tiempo, las clases extracurriculares, por sentir mucho o casi nada.

Dijo Glenn Turner, famoso jugador de críquet, que la preocupación es como una mecedora… “Nos da algo que hacer, pero no nos lleva a ningún lado”.

En este sentido preocuparnos sin hacer algo al respecto es un desperdicio. Es mucho más útil desarrollar la habilidad del optimismo para hacerle frente a la preocupación, a la incertidumbre y a lo desconocido.

Sí, así como podemos aprender a patear una pelota en cierta dirección, también podemos aprender a ser más optimistas y a vivir menos preocupados.

¿Qué es el optimismo?

El optimismo, desde el punto de vista de la Psicología Positiva, no tiene nada que ver con frases positivas o pensamientos rosas que flotan desconectados de la realidad; tampoco con encontrarle el lado bueno a una infección estomacal explosiva que coincide con falta de agua en casa.

El optimismo está relacionado con el tipo de explicaciones que damos en respuesta a lo que nos sucede en la vida. Tiene que ver con una manera de pensar, es un hábito de la mente que nos permite proyectar una visión positiva del futuro, que a su vez afecta nuestras creencias y comportamientos.

Martin Seligman, el padre de la Psicología Positiva, ha estudiado a fondo el tema del optimismo. Si quieres explorar más su trabajo, te recomiendo que leas su libro “Learned Optimism”.

Hay tres elementos clave en los estilos de explicación que distinguen a una persona optimista de una pesimista: tiempo, alcance y causa.

El elemento tiempo tiene que ver con la duración de un evento, no necesariamente la real, sino la percibida… ¿Esto que está pasando es temporal o es permanente?

Una persona con un estilo de explicación pesimista considera que las cosas malas que le suceden son permanentes, que llegaron para quedarse y afectarán su vida por siempre.

Lo permanente es absoluto, binario y podemos reconocerlo en las palabras “siempre”, “nunca”, “jamás”, “todo el tiempo”.

“Siempre te quejas”, “nunca más vuelvo a enamorarme”, “todo el tiempo me regañas”, “jamás voy a encontrar trabajo”, “todos los días me siento mal”… son ejemplos de frases que caen en el cajón de lo imborrable.

El riesgo es que cuando pensamos que los malos ratos durarán por siempre y nos convencemos de que nada de lo que hagamos puede alterar el resultado, es “game over”. Perdemos la motivación para tomar acción y salir del atolladero. Nos invade un sentimiento de desesperanza que reduce nuestra confianza y calidad de vida.

Este estilo de explicación también puede producir parálisis ante retos nuevos. Si “siempre me equivoco”, entonces… ¿para qué intentarlo?

Por el contrario, una persona optimista explica las cosas que le suceden en términos temporales, reconoce o piensa que las adversidades son pasajeras.

El lenguaje delimita el rango de tiempo… “últimamente”, “algunas veces”, “esta semana”.

“Te quejas cuando dejo la ropa tirada”, “en este momento no quiero iniciar una nueva relación”, “Me regañas cuando llego tarde”, “hoy me duele la cabeza”. En estas frases hay remedio, posibilidades y esperanza.

El elemento alcance tiene que ver con la repercusión o cobertura de un evento… ¿es específico o es universal?

Ante una adversidad, los optimistas logran poner las cosas en perspectiva y contener en un espacio específico el daño relacionado con un evento negativo; por otro lado, los pesimistas perciben que los efectos son universales y se cuelan en todos los rincones de su vida.

Después de reprobar una materia, un estudiante puede explicar “reprobé microeconomía” –específico-; mientras otro puede decir “no sirvo para la escuela” o “no sirvo para nada” –universal-. Luego de un recorte laboral, un optimista concluye “mi vida profesional no va bien” –específico- y un pesimista afirma “nada en mi vida funciona” –universal-.

“Todos los maestros del mundo son injustos” o “el maestro de matemáticas es injusto”; “Soy la peor mamá de todo el mundo “ o “cometí un error castigando a mi hijo sin darle oportunidad compartir su versión”.

Las explicaciones universales y permanentes se asocian con la desesperanza; las específicas y temporales, con la resiliencia.

El elemento causa está relacionado con la raíz de lo que nos sucede… ¿Es por un factor personal o externo?

Los optimistas recurren a causas externas para explicar las adversidades. Por ejemplo, “perdí el partido de tenis porque la cancha estaba resbalosa”; en cambio, los pesimistas buscan razones internas… “perdí el partido porque soy malo para los deportes”.

Supongamos que un pesimista y un optimista son descartados como candidatos para un nuevo trabajo.

El pesimista podría argumentar que fue rechazado porque no es suficientemente bueno –personal-, que nunca va a salir adelante -permanente- y que no sirve ponerle ganas a la vida porque nada vale la pena -universal-.

En cambio, el optimista podría explicar el mismo rechazo diciendo que no es personal -el otro candidato estaba dispuesto a ganar menos-, que tuvo un mal día de entrevista –temporal- y que aunque esto complica su situación profesional, las demás áreas de su vida van bien –específico-.

Es mucho más probable que el pesimista se desanime, deje de buscar oportunidades y aumente sus probabilidades de caer en depresión.

En resumen… La fórmula optimista incluye razones externas, eventos temporales y alcance específico; mientras que la pesimista se compone de razones personales, eventos permanentes y con cobertura universal.

Voy a dedicar el artículo de la próxima semana a las técnicas de combate contra el pesimismo, así como algunas ideas para practicar el optimismo.

Por lo pronto te invito a descubrir tu estilo de explicación respondiendo el cuestionario en este sitio.

El primer paso para cambiar es ubicar dónde estamos parados.

http://www.bienestarconciencia.com

 

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