Autonomía, fregonería y propósito: claves de la motivación en el trabajo

carrot and stick

¿Cómo te sientes con respecto al trabajo que haces? ¿Te sientes motivado e inspirado o sientes que tu trabajo es una obligación? ¿Disfrutas tu trabajo o sobrevives a tu trabajo?

En la publicación pasada hablamos de los diferentes tipos de orientación que una persona puede tener con respecto a su actividad principal: trabajo, carrera o vocación. Las personas que ven a su trabajo como una vocación son más felices y encuentran en su profesión una parte importante de su satisfacción de vida. Para los demás el trabajo es más bien una carga que hay que aguantar.

Hablamos también de un nuevo concepto dentro del mundo de desarrollo organizacional que se conoce como “job crafting” o diseño de trabajo. Consiste en realizar cambios para darle un toque personal a nuestro trabajo o modificarlo para encontrarle más sentido y propósito. Pequeñas acciones para cambiar la forma y aligerar las horas que pasamos en tu lugar de trabajo.

Las razones que explican nuestra falta de satisfacción en el trabajo pueden ser varias y desafortunadamente muchas veces no es posible hacer algo al respecto. Sin embargo, de acuerdo con Daniel Pink, experto en motivación, para modificar el fondo, rediseñar el trabajo que hacemos, cambiar nuestra percepción con respecto a éste e incrementar nuestra motivación es fundamental atender tres aspectos: autonomía, nivel de maestría –en otras palabras de fregonería- y sentido de propósito.

Pink argumenta que hay una brecha entre lo que la ciencia sabe y lo que las organizaciones hacen. El sistema tradicional de incentivos qué está basado en fuentes de motivación externa –premios y castigos- no funciona como creemos e incluso puede hacer daño.

La motivación es externa cuando realizamos cierta actividad con el deseo de conseguir un premio –dinero, calificaciones, un dulce, un juguete, calcomanías, bonos, reconocimientos- o evitar un castigo. Este esquema funciona alrededor de las palabras “Si…, entonces…”. “Si te portas bien te compro una nieve”, “si sigues brincando te vas a tu cuarto”, “si vendes esta cantidad al año te ganas un viaje”, “Si terminas el año con 95 de promedio entras a la lista de honor”, “Si lees un libro te pago cinco dólares”, “Si no cumples tus objetivos no ganas el bono”. Recurrimos a fuentes de motivación externa para lograr objetivos o evitar consecuencias negativas.

Los incentivos externos tienden a extinguir la motivación intrínseca, deterioran el desempeño, matan la creatividad, fomentan la trampa, así como la búsqueda de atajos y el comportamiento poco ético, son adictivos y promueven el pensamiento de corto plazo. Lo único importante es el destino, el recorrido se vuelve irrelevante.

La motivación es interna cuando lo que nos mueve a realizar una actividad es la actividad en sí misma y obtenemos gratificación en la acción. Es algo que hacemos porque nos divierte, nos gusta, nos inspira y nos hace sentir bien. El camino es interesante por sí mismo y queremos andarlo.

Cuando los incentivos son internos el desempeño y creatividad aumentan, mejora nuestra disposición para encontrar diferentes alternativas, despierta el deseo de aprender y nuestra sensación de felicidad crece junto con nuestro bienestar.

Trabajar sólo bajo un sistema de motivadores externos aumenta nuestro riesgo de ver a nuestra actividad principal como un trabajo o una carrera, en otras palabras, como una obligación. Para acercarnos a una definición más parecida a la vocación es necesario recurrir a nuestras fuentes de motivación internas. ¿Cómo hacemos esto? Trabajando en los tres ingredientes principales de la motivación: autonomía, nivel de fregonería y sentido de propósito.

Autonomía. La autonomía es el deseo de dirigir nuestras propias vidas. A todos nos gusta tener un poco de control sobre las tareas que hacemos en el trabajo, decidir cómo hacerlas, con quien trabajar, en dónde y en qué momento del día realizarlas. Tener un jefe respirándonos por encima del hombro revisando absolutamente cada micro detalle de lo que hacemos o tener que hacer las cosas exactamente igual cada vez puede ser asfixiante. ¿Qué pequeño cambio en tu rutina de trabajo podrías hacer o sugerir para ganar un poco de libertad de acción? Si te gusta interactuar con otras personas, pero te sientes un poco solo ¿Podrías unirte a algún proyecto que te resulte interesante?

Nivel de maestría –fregonería-. El deseo de continuar mejorando en algo que importa. Tener la oportunidad de crecer y desarrollarnos en áreas que nos interesan y donde tenemos habilidades o fortalezas es estimulante. Con frecuencia las empresas nos ofrecen cursos de capacitación para mejorar nuestras “áreas de oportunidad” –una manera amable de llamarle a las debilidades- o nos obligan a tomar cursos que no nos interesan. ¿Qué te da curiosidad? ¿Qué te gustaría aprender? ¿Sería posible, por ejemplo, que pasaras algunas horas a la semana en un departamento diferente al tuyo para aprender? Si te gusta analizar datos, pero no las ventas… ¿podrías ajustar un poco tus responsabilidades en esa dirección?

Propósito. El deseo de contribuir a algo más grande que nosotros mismos. Para las personas no solo es importante saber cómo hacer el trabajo que tienen que hacer, sino saber para qué lo hacen. Nuestra motivación cambia cuando logramos entender cómo contribuimos con nuestro trabajo más allá de la tarea inmediata que realizamos. Durante su visita al Centro Espacial de la NASA en 1962, el Presidente John F. Kennedy notó a una persona de limpieza trabajando con su escoba. Interrumpió su recorrido, se acercó al hombre y le dijo: “Hola, Soy John Kennedy. ¿Qué estás haciendo?”. “Señor Presidente”, respondió el hombre, “Estoy ayudando a poner un hombre en la luna”. No importa que tan grande o pequeño sea tu rol, estás contribuyendo a desenvolver una historia en tu vida y en tu organización. Dedica unos momentos a reflexionar ¿Cómo contribuyes con tu trabajo más allá de tus tareas inmediatas? ¿Qué pequeña diferencia haces? Cuando encontramos el para qué de lo que hacemos nuestra motivación aumenta.

El trabajo es una parte fundamental de nuestro bienestar por un tema de identidad y otro de tiempo. Nuestro trabajo en gran parte nos define. Cuando nos preguntan ¿Qué haces? o ¿A qué te dedicas? respondemos justo lo que hacemos en el trabajo. Por otro lado, en la oficina o en el lugar de trabajo es donde pasamos la mayor parte del tiempo. Me parece a mi que ir por la vida solamente tolerando nuestro trabajo es desgastante y más bien tendríamos que hacer un esfuerzo deliberado por convertirlo en una fuente de inspiración y satisfacción.

2 thoughts on “Autonomía, fregonería y propósito: claves de la motivación en el trabajo

  1. Dicen qué hay una diferencia muy grande entre:
    Ir a trabajar y hacer tu trabajo, sabiendo diferenciar que ir es hacer acto de presencia sin ambición alguna y hacer tu trabajo es involucrarte y mejorar en el mismo, si lo añades a las ideas del artículo seguro que ayuda a que no duela trabajar.

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